Desarrollo económico e integración euroasiática moneda global y paz universal

Y III. La paz universal

En las dos entregas ya hechas del artículo titulado en el epígrafe principal, nos hemos referido a dos de las tres cuestiones que el Presidente de Kasakstán Nursulatan Nazarbayev plantea en su nuevo libro en versión española, del que será prologuista el abajo firmante.

Más en concreto, nos hemos ocupado ya del desarrollo y la integración económica en Eurasia, y seguidamente de la cuestión de la moneda mundial. Así pues, en el tercero y último libramiento del artículo en cuestión nos ocupamos de otra aspiración del Presidente de Kasakstán: la paz universal.

El señalado, es un propósito bien definido desde que en 1795 Inmanuel Kant publicara su “Ensayo sobre la paz perpetua”, que se ha convertido en un superclásico: son las relaciones económicas cada vez más estrechas las que podrán conducir a que la paz se perpetúe a fin de evitar que la prosperidad no se vea truncada.

En esa misma dirección se manifiesta Nazarbayev en su libro, si bien en la hora presente existe una serie de instituciones, además de las Naciones Unidas, que dirimen las diferencias entre Estados, a fin de resolverlas pacíficamente. Una dirección en la que Nazarbayev presenta como instrumentos fundamentales dos organizaciones a que nos referimos en esta tercera entrega: la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE).

Pero antes de entrar en esas dos entidades, debe destacarse que el señor Presidente explica en su libro, con cierto detalle, el hecho de que tras la desintegración de la URSS, Kasakstán quedó con un ingente potencial nuclear: 148 silos subterráneos, con 104 misiles intercontinentales; de cabeza nuclear y un alcance de 12.000 kilómetros. Además, había bombarderos continentales con su correspondiente armamento atómico. Todo ello representaba el cuarto mayor arsenal nuclear del mundo; solo detrás de EE.UU., Rusia y Francia.

En semejante situación, Nazarbayev, lejos de plantearse contar con su force de frappe, como hizo De Gaulle, a modo de lanza letal, escogió el mejor camino para coadyuvar a la paz mundial: renunciar a tan potente equipo atómico, convirtiéndose así Kasakstán en un epicentro de la paz. Algo que sucedía por primera vez en la Historia: el rechazo voluntario al brutal poder destructivo de que se disponía.

En esa línea de trabajar por la paz, Nazarbayev presta gran atención en su libro, lo hemos anticipado ya, a la labor de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), creada en 1994, con sede en Viena. Cuyos antecedentes, hay que ver en la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa, CSCE, Helsinki, 1975; en la cual la URSS representó a sus quince repúblicas. De modo que al desintegrarse la Unión, los nuevos quince Estados independientes se consideraron automáticamente partes de la CSCE, primero y de la OSCE ulteriormente. Con Kasakstán en lugar preferente, desde el punto y hora en que la preconiza la idea de que la OSCE ha de ser cada vez más una organización euroasiática; por lo que incluso debería sustituir la palabra Europa por Eurasia. Algo que estaba implícito en la reunión plenaria de la organización en Astaná en 2010.

Nazarbayev también otorga en su libro notable trascendencia a la Organización de Cooperación de Shanghai, OCS, fundada en 2001. De la cual, inicialmente se pensó que apenas sería otra cosa que una tertulia sobre terrorismo de los líderes políticos de Asia central y oriental. Sin embargo, en la cumbre celebrada en Shanghai en junio de 2006, el grupo, de seis naciones fundadores —China, Rusia, Kasakstán, Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán— ya empezó a calibrar la verdadera envergadura del organismo recién formado. En parte, por la presencia de Mahmud Ahmadineyad en ese encuentro, como jefe del Gobierno de uno de los cuatro países observadores de la OCS: Irán, Mongolia, India y Pakistán. Lo que originó la acerba crítica de EE.UU., por el hecho de haberse invitado a la cumbre a “un país que promueve el terrorismo“. Desde la OCS se replicó que “ahora se abre una nueva oportunidad de negociaciones con Irán”.

En cualquier caso, en una fase histórica en que los precios del crudo alcanzan los máximos imaginables, se ha suscitado que la OCS tenga un papel notable a la hora de ciertas aspiraciones de la región; habiéndose etiquetado ya a la entidad como OPEC euroasiática, u OTAN de Asia.

Sin seguramente llegar a tener tan altas aspiraciones, la OCS, como nuevo sistema de cooperación subregional tiene grandes posibilidades de convertirse en una institución inherente al sistema de seguridad global de los países que la forman; y de otras que en el futuro podrían acceder a ella.

En la misma finalidad de trabajar por la paz y la buena vecindad, señaladas al ocuparnos de la OSCE y la OCS, hay que ver las grandes perspectivas que ofrece la cooperación chino-kasaka. A lo cual alude Nazarbayev en su libro con lo que hace muchos siglos, dijo Confucio: “La Política es la hija lo es de la Historia, y la Historia, la hija de la Geografía”.

En resumen, querido lector, de Republica.es estamos ante un libro interesante, con ideas claramente explicadas sobre tres cuestiones capitales que aquí hemos destacado por encima de otras muchas. Que no es poco, en tiempos en que en general predominan las tendencias hegemonistas, ciegamente nacionalistas, y brutalmente insolidarias.

Como siempre, a disposición de los lectores de República.es en castecien@bitmailer.net.

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