Desarrollo económico e integración euroasiática, moneda global y paz universal

II. UNA DIVISA MAS ALLÁ DEL DÓLAR Y EL EURO

La pasada semana, en la primera de las tres entregas del presente artículo, manifesté mi intención de referirme a tres cuestiones a destacar del próximo libro del Presidente de Kasakstán, Nursultan Nazarbayev, que pronto se publicará en versión española: desarrollo económico e integración euroasiática, moneda global y paz universal.

Después de habernos ocupado ya del primer tema sobre desarrollo e integración, pasamos ahora a la segunda cuestión, la de la moneda mundial, en la que Nazarbayev, presenta ideas muy pertinentes sobre su indispensabilidad. Como meta lógica y alcanzable para la economía global, exige un nuevo marco monetario mundial; mucho más allá de lo que pueda ser un simple acuerdo entre el dólar y el euro. Planteamientos que no se tiñen de antiamericanismo, no obstante con la profunda crítica que se hace de la situación de privilegio en que se encuentra EE.UU. con su señoriaje del dólar. En ese sentido, para empezar, Nazarbayev plantea, muy didácticamente, siete incisivas preguntas a las que acompaña sus propias respuestas. Sintéticamente:

1.- ¿Tiene la actual divisa mundial, el dólar de EE.UU., reconocimiento legal de iure? Es evidente, que no, pues ello exigiría un acuerdo global que no existe, y que Washington D.C. no ha planteado nunca.

2.- ¿Es verdaderamente democrático el procedimiento utilizado por el emisor de la divisa universal? No. Sólo un país (EE.UU.) interviene en la toma de decisiones respecto al US$; los demás, reciben el impacto de lo que puedan resolver la Reserva Federal y la Secretaría del Tesoro de EE.UU., sin ningún derecho a decir nada.

3.- ¿Es libre y competitivo el mecanismo de equilibrio de la oferta y la demanda de la divisa mundial? También está claro que no, por la sencilla razón de que hasta la llegada del euro, el dólar no tenía un verdadero competidor. En esa dirección, las emisiones de dólares, para situarlas fuera de EE.UU., son mucho más amplias que las del euro. Bien que lo saben en el Banco Central de China, que tienen reservas en el billete verde por más de dos billones de dólares.

4.- ¿Puede calificarse de civilizado el actual mercado de la divisa mundial? La respuesta también es negativa; pudiendo afirmarse que EE.UU. se comporta como dueño y señor de su propio instrumento, sin tener en cuenta los desequilibrios que pueda generar con su política monetaria; basada siempre en el uso y en el abuso planetario del dólar, después de haber destruido (1971/72) el Sistema Monetario Internacional (SMI) instaurado en Bretton Wood en 1944.

5.- ¿El sistema de generación y emisión de la divisa mundial está controlado por EE.UU. o por la comunidad mundial en su conjunto? No, el sistema no está controlado o supervisado por ningún grupo de emisores, ni por la comunidad mundial en su conjunto; sólo por EE.UU. que aspira perpetuar su privilegio, su señoriaje, aunque sea desestabilizando el escenario global. Ni hay el encaje oro del dólar existente para bancos centrales en el SMI/FMI, ni hay nada parecido a una Unión Monetaria como la del euro.

6.- ¿El sistema de generación y emisión de la actual divisa mundial (el US$) es responsable ante la comunidad internacional en su conjunto? No. Sólo se maneja por la Reserva Federal y la Secretaria del Tesoro de EE.UU. Es un sistema hegemónico y monopolista, cada vez más irracional, desde el punto y hora en que el poder económico de EE.UU. se halla en declive manifiesto, sobre todo por el ascenso de los países emergentes.

7.- ¿Es efectivo y eficiente el sistema de la actual divisa mundial, y en qué medida los resultados de su actividad se corresponden con los referentes al desarrollo mundial en su conjunto? Prácticamente, las respuestas ya están dadas anteriormente, y los resultados están a la vista: con los métodos altamente especulativos de su sistema financiero, EE.UU. llevó al mundo, desde 2007 a una situación económica altamente peligrosa.

Los siete puntos anteriores no tienen desperdicio. Sin embargo, la idea expuesta en el libro de que la solución sea introducir varias monedas regionales, creo que no es la mejor. Ya no se corresponde con la realidad global, como se demuestra por el hecho de que el peso centroamericano inicialmente concebido dentro del Mercado Común de Centroamérica, nunca llegó a nacer. Y lo propio sucedió con la unidad monetaria prevista por el Consejo de Cooperación del Golfo. En cuanto al Mercosur/Mercosul (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, y otros países asociados), las ideas de un Tratado de Maastricht a la sudamericana no prosperaron; y menos aún tuvieron verosimilitud las etéreas propuestas sobre una Asian Currency Unit, o sobre el Afro.

En definitiva, parece bastante claro (y seguro que el Presidente Nazarbayev lo apreciará cuando vuelva sobre el tema), ya no serán factibles una serie de monedas comunes de ámbito meramente regional. Sencillamente, porque la globalización ya impulsa por doquier la idea de una moneda precisamente global.

Así lo planteé en mi intervención en el III Foro Económico de Astaná, con ideas que aquí ofrezco como complemento de las de mi prologado: la necesidad de una moneda verdaderamente global (para la que preconizo el nombre de Cosmos), que ciertamente no será fácil de introducir. Pero que de hacerse realidad un día, empezaría a acabar con muchas de las turbulencias cambiarias internacionales; y las presiones inflacionistas que se suceden en las épocas de bonanza. Así como con las dificultades de liquidez en las de penurias, con el colofón de una mayor estabilidad financiera mundial; para evitar las graves repercusiones que sobre el empleo y la prosperidad de las naciones tiene los desequilibrios por los que a finales de 2010 estamos pasando, cuando escribo este prólogo. Al respecto puede al comprobarse ad nauseam qué sucede con la guerra de divisas; frente a la cual, en la reunión del G-20 en Seúl, en noviembre de 2010, no se hizo prácticamente nada.

Por ello todo ello, en Astaná, meses antes de la referida guerra monetaria, tuve ocasión de insistir en la necesidad una conferencia Bretton Woods II; para en ella discutir el nacimiento de la nueva moneda global. Que sería factible a través de métodos no tan diferentes de los convenidos por los países de la Unión Europea en el Tratado de Maastricht, verdadera Carta Magna del euro. Y, desde luego, ya sin ninguna conexión con el oro, a diferencia de lo que sucedía con el SMI del FMI, que cayó en 1971. No deja de ser extraño, en ese contexto que el Sr. Zoelick, Presidente del Banco Mundial, con la mejor intención de una moneda global haya hablado de un retorno al patrón oro.

Por lo demás, en mi intervención en el III Foro Económico de Astaná, puntualicé que el escenario monetario universal está animándose más y más. Para impedir que prosiga la posición dominante del dólar con todos sus abusos. Así, Brasil, Rusia, India y China, las grandes economías emergentes que configuran el BRIC, ya no quieren poner todos sus huevos en la misma cesta del billete verde. Entre otras cosas, porque ese bloque representa el 20 por 100 del PIB mundial, y es el área con más del 50 por 100 de su crecimiento. Y, obviamente, algo tendrá que decir sobre la coyuntura y los medios de pago internacionales.

Evidentemente, algunos dirán, no es el momento más apropiado para hablar de una moneda mundial, cuando hay en marcha toda una guerra cambiaria, en busca de depreciaciones competitivas; coincidiendo, por si fuera poco, con la grave crisis del euro. Sin embargo, es seguro que otros podrán opinar precisamente lo contrario: la guerra cambiaria y la crisis del euro derivan del hecho de que a pesar de encontrarnos en una economía altamente globalizada, aún no se ha ido a la globalización de lo más importante, que es la moneda.

Dejaremos aquí la segunda cuestión del prólogo a la versión española del libro de Nazarbayev, emplazándonos para en la semana próxima adentrarnos en la tercera y última cuestión del mismo: lo que se refiere a la paz mundial.

Como siempre, a la disposición de todos los lectores de Republica.es en castecien@bitmailer.net.

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