Sucedió hace 30 años. Moción de censura y cuestión de confianza, en 1980

Los avatares económicos y políticos (paro, inflación, terrorismo, primeros brotes de declaraciones independentistas, inseguridad ciudadana), fue¬ron debilitando más y más el Gobierno de UCD con que se inició la democracia en 1975. Algo también imputable a su presidente, Adolfo Suárez, que gradualmente se convertía en un prisionero de La Moncloa: el aislamiento palaciego en que se sumió, fue mermando su gran acervo de credibilidad inicial, sobre todo, al verse acosado por sus barones de UCD, cada vez más inquietos por recrecer sus respectivas cuotas de poder.

Ese clima de desunión se vió acentuado por el referido cúmulo de indicadores negativos, que acabaron por desbordar las sesiones ordinarias de las Cortes. Y fue así, como invocando el Artículo 113 de la Constitución, por primera vez desde la vigencia de la Carta Magna, se planteó, en mayo de 1980, por el PSOE, una moción de censura positiva, proponiéndose como Presidente del Gobierno alternativo a Felipe González.

La moción se produjo a lo largo de un intenso debate parlamentario, de gran impacto popular, al difundirse ampliamente por radio y televisión. Las gentes llegaron a interesarse por los temas económicos hasta límites nunca antes conocidos. Un contexto en el cual, el candidato a la presidencia, Felipe González, no acertó a esbozar un programa convincente de medidas transformadoras. Aunque no fue por eso por lo que perdería su moción, sino porque de antemano, y se sabía, no contaba con votos suficientes; apenas solamente los del PSOE y el PCE.

En cualquier caso, «el debate» —como por antonomasia se le llamó en la calle— sirvió para que el PSOE mostrara que, tras las convulsiones antimarxistas dentro del partido, el Bad Godesberg español de 1979 (por analogía con el de Billy Brandt en Alemania al principio de la década de 1970, desprendiéndose del marxismo para así acceder a la Cancillería de la República Federal), había recom¬puesto la unidad de los socialistas. De los cuales González era líder indiscutible, quedando fuera de toda duda su decisión de gobernar más pronto que tarde. Al tiempo, en el sector de la izquierda, el papel del PCE en el debate resultó claramente secundario, dejando el total protagonismo al PSOE.

En la controversia parlamentaria, Suárez no planteó un verdadero programa frente a las acometidas de Felipe González. En apariencia, aunque sin ninguna virtualidad, seguía vigente el Programa Económico del Gobierno, PEG, preconizado por Abril Martorell en 1979, y que significaba lo siguiente:

- La economía española aún estaba siendo golpeada por los efectos del segundo choque petrolero, de 1979 (sucesos de Irán), con una elevación del precio del crudo de 14 a 34 dólares por barril.

- Esa idea de estar siendo golpeados, se traducía en una actitud de resignación, aceptando sus graves secuelas: desempleo, inflación, inestabilidad social, inseguridad ciudadana, y otras frustraciones.

- Se hacía patente la carencia de previsiones económicas a medio y largo plazo; en un ambiente de caída drástica de la inversión pública.

- En materia de política de empleo, apenas se sobrepasó el nivel de observaciones generales (programas de empleo juvenil, subvención desde la Seguridad Social para la colocación de parados, etc.) con muy escasa incidencia.

Con las dubitaciones del PEG de Abril Martorell, el declive económico prosiguió, con la idea de fondo de que la democracia no resistirá dos millones de parados. Paralelamente, crecía la economía sumergida, y se consolidaba la prolongación del paro en vez de incentivarse la búsqueda de trabajo.

Tras el amplio debate de la moción de censura, el resultado el 30 de marzo de 1980, fue que Suárez superó el trance, con 166 votos a favor, y 152 en contra, no solo por los votos preconseguidos, sino también por la gran habilidad política que supo manifestar en su defensa frente a González.

* * *

Tras el verano de 1980, como efecto del debate de la moción de censura, Suárez remodeló su Gabine¬te, dando el cese al máximo responsable de la anterior política económica, Fernando Abril Martorell (cuadro 18, otra vez). Para sustituirlo nombró a Juan Antonio García Diez; hombre de buen talante pero de escaso atractivo político, y ayuno de cualquier diseño estratégico para sacar adelante un verdadero proyecto centrista.

Incluso se habló por entonces de que García Diez y Fernández Ordóñez, viéndolas venir, hacían no pocas veces de agentes dobles entre la declinante UCD y el PSOE en auge. Ni los máximos directivos de Suárez parecían confiar ya en el proyecto centrista. A propósito de esa crisis ministerial, el autor de este artículo recuerda muy bien la conversación que mantuvo en el pasillo central del Congreso de los Diputados, poco antes de comenzar la sesión en la que Suárez iba a explicar los cambios introducidos en su gabinete. Abril Martorell, con una cierta carga de estrés fácil de comprender, al tiempo que con una sonrisa más que significativa, dijo:

- Ramón: ahora vas a saber lo que es un Gobierno de derechas. Tú que tanto has criticado las políticas que venimos haciendo, verás cómo va a cambiar todo a favor de los mayores grupos de intereses económicos.

Comprendí el mensaje de mi buen amigo Abril, con quien a lo largo de dos años había mantenido una magnífica relación personal. No obstante mis críticas directas y en la prensa a sus decisiones, entre estas últimas, un artículo en El País, en el que parafraseando al Keynes de 1926, titulé “Las consecuencias económicas del Sr. Abril Martorell”.

En esa tesitura, y para recuperar su imagen pública, Suárez planteó (con base en el artículo 112 de la Constitución), la cuestión de confianza, que se desarrolló entre los días 18 y 19 de septiembre de 1980.

En el nuevo debate, el Presidente del Gobierno enunció once nuevas directrices de política económica. Su crítica fue el objeto de la interven-ción del autor de este artículo; en un enfrentamiento dialéctico con Jaime García Añoveros, Ministro de Hacienda y excelente jurista. Al final de esas críticas, el autor, recuerda cómo en el pasillo del Congreso, en forma de herradura que contornea la base del hemiciclo (coloquialmente conocido como «la M-30»), en compañía de Emerit Bono, se encontró con Adolfo Suárez. Y éste se paró a conversar con los dos diputados.

El Presidente felicitó al autor de este artículo por su intervención —lo cual de¬mostraba su espíritu deportivo—, y al mismo tiempo, con cierto humor, dijo:

—Ten cuidado, Ramón, porque cuando se está mejor que el jefe, la situación empieza a peligrar.- Toda una premonición.

Seguidamente, se esquematizan los aludidos 11 puntos de Suárez, con los comentarios sobre lo que fue su ulterior secuencia:

1. Creación de puestos de trabajo sería el Norte del Gobierno. No obstante tales promesas, el desempleo seguiría crecien¬do (en 1980 se totalizarían 360.000 nuevos parados más, hasta alcanzarse 1.650.000).

2. Aumento de la inversión pública. Poco fue lo que se hizo en ese sentido, demostrándose que UCD no supo instrumentar un verdadero plan.

3. Limitación del gasto público corriente. También en este caso las promesas quedarían incumplidas.

4. Continuación de la reforma fiscal. Fue una mera réplica a las críti-cas, cada vez más acentuadas, de que el Gobierno se había adentrado en una contrarreforma pura y dura (la derechización señalada por el propio Abril Martorell).

5. Reanimación de la inversión privada. Las previsiones en esta área, se centraron en la ejecución del Plan Energético Nacional (PEN 1978-1987) y en el programa de viviendas; pero en ambos casos con menguados efectos.

6. Nuevas promesas de reconversión industrial. Se verían incumplidas, en la siderurgia, construcción naval y el textil.

7. Nuevo impulso liberalizador del sistema financiero. La gran decisión, lógica por inevitable, consistió en dejar libres los tipos de interés.

8. Aligeramiento de las intervenciones y las trabas administrativas y burocráticas. Una declaración sobre reforma administrativa siempre incumplida.

9. Compromiso de aceptar algunos planes de actuación

territorial, como los de Andalucía, Extremadura y Canarias. Pero con tantas modificaciones y cautelas, que a la postre quedarían en parodias de las proposiciones presentadas.

10. Desarrollo reglamentario del Estatuto de los Trabajadores. No tendría ningún efecto positivo en cuanto al nivel de empleo.

11. Insistencia en la moderación salarial. Con una segunda versión del Acuerdo Marco Interconfederal (AMIC), que se firmó entre la CEOE y la UGT en enero de 1981; la única novedad fue el cambio de nombre: de AMIC, a Acuerdo Nacional de Empleo (ANE).

* * *

En resumen, después del abandono de los Pactos de La Moncloa, y tras la política «gota a gota» de marzo de 1978 al verano de 1979, y extinto el PEG de Abril Martorell, los once puntos de Suárez supusieron un casi paladino reconocimiento de fracaso; y de las inevitables secuelas del proceso de estancamiento, paro e inflación.

Con todo, Suárez salió relativamente airoso, el 19 de septiembre de 1980 de la prueba de confianza: 180 votos a favor y 164 en contra, lo que le permitió continuar como Presidente del Gobierno. Cierto que en medio de dificultades crecientes dentro y fuera en España: el 23 de septiembre de 1980 ya se hizo patente la guerra abierta, tras diez meses de conflictos fronterizos, entre Irán e Irak. Con lo cual el segundo choque petrolero se agudizó, con toda clase de complicaciones económicas por la elevación de los precios de los crudos.

Para terminar la película, ya después de 1980, ha de recordarse que tras las dimisiones de Suárez en enero de 1981, y una vez hechas las precep¬tivas consultas a los líderes políticos, el Rey propuso para la Presidencia del Gobierno por UCD a Leopoldo Calvo Sotelo. El proceso de investidura se vería interrumpido y amenazado por el fallido golpe de Estado de los días 23 y 24 de febrero de 1981. Pero todo eso ya es otra historia, y nos quedamos, como dice el título del artículo, en algo que pasó hace 30 años.

Como siempre, a disposición de los lectores de  República en: bego@castellanacien.e.telefonica.net

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *