Miguel Primo de Rivera, Franco, Suárez y el Rey: Todo un cuarteto político

Ahora, casi cada día, sale un nuevo libro sobre algún aspecto de la Transición de la dictadura a la democracia en España en los años 70 del siglo pasado. En ese sentido, y aparte de mi libro “La República. La era de Franco”, publicado por primera vez en 1973, tengo un testimonio de protagonistas varios que voy a referir aquí, con algunas variantes sobre lo que escribí hace tres años en otro libro mío: “Ni Mussolini ni Franco: la Dictadura de Primo de Rivera y su tiempo”.

La cosa fue que cuando ese trabajo estaba en sus finales, el 26 de junio de 2007, hubo una grata celebración-homenaje al cumplir sus ochenta años el profesor Juan Velarde. En esa ocasión, en la mesa de la cena que le ofrecimos un amplio grupo de allegados y amigos, me tocó al lado a Antonio Chozas, que desempeñó varios altos cargos en los tiempos de Franco. Y hablando del libro que tenía casi terminado, le pregunté si el Generalísimo se inspiró en su predecesor dictatorial Primo de Rivera. A lo cual Chozas respondió con un testimonio de indudable interés:

Chozas (Ch): —Claro que Franco siempre tuvo a Primo de Rivera de modelo, sobre todo al principio…

Tamames (RT): -Y tú que viste a Franco en varias ocasio¬nes, ¿pudiste hablar del tema con él?

Ch: -Sí, y me lo dijo con toda claridad: «Primo de Pavera fue, desde el comienzo, nuestro ejemplo para construir el nuevo Estado…»

RT: -¿Así de claro?

Ch: —Sí, pero acto seguido concretó: «El problema es que Primo de Pavera no tuvo doctrina. Hizo muchas cosas, y muy bien, pero le faltó doctrina. Y sin ella, no se puede hacer un puente a fin de cruzar un río; o mejor aún, para pasar de un tiempo a otro…»

El diálogo transcrito me pareció más que significativo: la falta de doctrina de Primo de Rivera consistió en que no quiso hacerse vitalicio, no se deshizo del rey, no asumió todo el poder, y acabó por no diseñar su propio futuro para el país. A la postre, sin esa doctrina, fue incapaz de terminar su obra; que en cambio Franco ¿por qué no decirlo?, logró rematar (y nunca mejor dicho) legando a la etapa posterior una monarquía, que finalmente sería parlamentaria.

Por lo demás, para profundizar en el tema, será oportuna una referencia a algo que, en cierta ocasión, nos comentó Vernon Walters a un grupo de interlocutores, durante el verano de 1993, entre los que me encontraba. Y que ahora transcribo aquí. La ocasión de ese encuentro se dio cuando el ya ex presidente de EE.UU. George Bush, padre del posterior presidente del mismo nombre (con W.), fue invitado por los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial, y recaló en las dos clases que regentábamos el diplomático Ñuño Aguirre de Carcer, y yo mismo; al ser las que tenían mayor número de alumnos, y que por eso mismo se unieron aquel día para escuchar al ex presidente. Que iba acompañado por el General Vernon Walters (VW), que en los prolegómenos del subsiguiente almuerzo a la conferencia, estuvo de lo más locuaz. Se produjo entonces una conversación, en la que yo participé que reproduzco seguidamente:

VW: —En 1971, el presidente Nixon me pidió que viajara a España y que viera a Franco, en la idea de averiguar qué podría suceder a su muerte, que ya no parecía fuera a estar tan lejana. Las bases militares conjuntas y todo lo demás era el origen de nuestro interés…

Ramón Tamames (RT): -¿Y usted vino, claro…?

VW. —Sí, sí, desde luego. Y Franco me recibió de inme¬diato, pues éramos amigos desde 1953, y nos entendíamos la mar de bien. Así que estuvimos hablando un buen rato de esto y de aquello, y yo, que no acababa de hacerle la gran pregunta… Fue Franco (F) quien entró en el tema…

F: —Bueno, Vernon, lo que Nixon le ha pedido a usted es que indague sobre qué podría pasar en España cuando yo me muera. ¿No es eso…?

VW: -Sí Excelencia, pero no me atrevía a hacerle la pregunta tan en directo…

F: —Pues no se preocupen, que no va a pasar nada. Porque tenemos grandes aliados a nuestro favor…, de modo que todo se desarrollará con tranquilidad máxima…

VW: —¿El Ejército, las Leyes Fundamentales, el Movimiento Nacional? ¿Esos serán los aliados?

F: -No, no, nada de eso, ni el Ejército ni todo lo demás que usted ha dicho. Los grandes aliados serán las clases medias, que hoy ya forman la mayor parte de la sociedad española. Tienen una situación acomodada, desde la cual no van a jugarse el todo por el todo para hacer otra vez una guerra civil…

En cierto modo, eso mismo es lo que intentó Primo de Rivera: ampliar las clases medias y conseguir un país más estable. Pero no lo logró, a pesar de sus indudables avances económico-sociales. Le faltó tiempo y sobre todo… doctrina. En resumen, Primo de Rivera no fue como Franco porque, aparte de todo lo dicho, dejó el poder cuando vio que le faltaba el apoyo de sus conmilitones. Desapareció de la escena, para morir muy poco después.

Por el contrario, Franco sí que se tomó todo el tiempo necesario en la idea de completar su obra, guste o no reconocerlo. Y en los últimos tiempos de su vida, incluso pudo llegar a apreciar, naturalmente sin pregonarlo, que tras su muerte el cambio sería inevitable. En ese sentido, Carlos Abella, en su biografía Adolfo Suárez, relata la conversación que éste mantuvo con el Caudillo en julio de 1975, a pocos días de la definitiva enfermedad que le llevaría a la muerte. El relato que sigue es bastante expresivo.

«La víspera de su muerte —reconoce Adolfo Suárez— Fernando Herrero Tejedor me dijo que estaba preocupado por el rumbo que pudiera tomar la asociación política, dentro del Movimiento, Unión del Pueblo Español (UDPE) y que quería que yo le echara una mano.»

Y a esa tarea de reforzar la citada asociación política, se dedicó Suárez en los meses de incertidumbre que siguieron. Sabiendo que en su posicionamiento contaría con el interés del Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón. Con la súbita muerte de Herrero Tejedor en una acción de automóvil, Suárez se quedó en paro, por la desaparición de su protector. Y por ello, se decidió a llamar al nuevo ministro secretario general del Movimiento, José Solís, para que éste le otorgara la presidencia de la UDPE; vacante por el fallecimiento del propio Herrero Tejedor. Hecho que se hizo realidad el 17 de julio de 1975. Y prosigue la narración de Abella:

Pocos días después de su elección como presidente de UDPE, Suárez y la junta directiva de la organización, que integraban Carlos Pinilla, Fernando Ibarra, Francisco Escrivá de Romaní, Alberto Bailarín y Javier Carvajal, visitaron a Franco. Suárez preparó un discurso audaz, cuya copia se negó a entregar previamente al jefe de la Casa Civil, Fernando Fuertes de Villavicencio, y en el que, entre otras muchas cosas, dijo:

— Esta asociación política no es más que un embrión imperfecto e insuficiente del pluralismo que será inevitable cuando se cumplan las previsiones sucesorias.

Franco no se inmutó y al terminar le pidió a Suárez que se quedara en el despacho; preguntándole entonces por qué había puesto tanto empeño en hablar de que “el pluralismo era inevitable”. A lo que Suárez contestó:

— Porque estoy convencido de que es así, Excelencia. La llegada de la democracia será inevitable porque lo exige la situación internacional. España es una isla. La gente respeta a Franco, pero no quiere esa situación prosiga. Cuando Franco falte, ese deseo de cambio a la democracia será imparable…

Franco guardó silencio un momento y según el testimonio del propio Suárez, finalmente dijo:

— Entonces, Suárez, también habrá que ganar, para España, ese futuro democrático del que está Vd. tan seguro.

A los pocos días de la visita de Suárez a Franco con los miembros de la UDPE, hubo un almuerzo en el madrileño restaurante Mayte Commodore, en la plaza de la República Argentina, al cual asistieron, entre otros, Adolfo Suárez y Juan Velarde. Suárez contó con detalle el encuentro con Franco en los términos ya expuestos; pero con un añadido que nos parece importante, lo que el Jefe del Estado le dijo a Suárez en el momento de dar por terminada la recepción:

—Sí, sí, al final habrá partidos políticos… pero que gane el nuestro…

La referencia fue, naturalmente a la UDPE, que con otro nombre y múltiples transformaciones y agregados, concurrió a las elecciones del 15-J-77… como UCD.Y al final ganó. Realmente ganaron el rey y Suárez en la apuesta que habían hecho, pero también algunos podrían decir que Franco, como el Cid, consiguió su victoria después de muerto.

Lo anterior me lo contó el profesor Juan Velarde en La Granda, residencia de la Fundación Asturiana de Estudios Hispánicos en Asturias, el 20 de agosto de 2007, tomando café con él y con su es posa, Alicia Valiente; en un aparte que hicimos después de almorzar juntos dentro del curso sobre «cambio climático» dirigido por el profesor Santiago Grisolía, y en el que yo había presentado una ponencia esa misma mañana.

En los años siguientes a las conversaciones citadas, 1975-1978, se produjo, no un milagro, sino que funcionó el buen sentido de una transición reconstituyente de España. Que supuso, por fin, el establecimiento de una cierta república coronada, en la visión más optimista de la monarquía parlamentaria.

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