Mirando a Cancún: hay que luchar contra el cambio climático

Hoy se marcha el mes de septiembre y como sucede desde tiempos de Julio César (siglo I a.J.C.), inevitablemente, entramos en octubre. Y a finales de noviembre y principios de diciembre, tendrá lugar en Cancún, Península de Yucatán, México, la 16 Conferencia de las Partes (COP-16) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Un Tratado suscrito prácticamente por todos los Estados del planeta; concluido que fue en junio de 1992, en la Cumbre de la Tierra, en Rio de Janeiro, como acuerdo internacional para luchar contra el calentamiento global, en gran medida antropogénico y que se supone origina el cambio climático.

Claro es que en esa cuestión no todos están de acuerdo, por lo cual, en el citado encuentro de Cancún habrá largas controversias sobre cómo y en cuánto ha de reajustarse el Protocolo de Kioto, derivado de la Convención y que está funcionando para 37 países desde 2005; a fin de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), tema al que son renuentes China y EE.UU., que juntos emiten más del 50 por 100 de los GEI.

En el sentido apuntado, las teorías sobre el calentamiento global y el cambio climático son, por así decirlo, las últimas y más significativas muestras del deterioro que la depredadora especie humana está causando al planeta Tierra. Pero esos fenómenos no se presentaron súbitamente, sino que constituyen el colofón de una serie de problemas capitales, o agresiones que la humanidad está infringiendo a la biosfera desde los tiempos de la revolución industrial y, sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Para una percepción global del problema, y tal vez por aquello de los números cabalísticos, nos referimos seguidamente a los siete problemas capitales con hoy nos enfrentamos en materia macroecológica:

- El deterioro de la capa de ozono, por mucho que con el Protocolo de Montreal se le haya puesto coto.

- La destrucción de la Amazonia y de otros bosques húmedos tropicales en África y el Sudeste asiático, a pesar de que se esté avanzando en la certificación forestal de bosques sostenibles.

- Los arrasamientos forestales en la zona templada por la lluvia ácida y los incendios, de los que en el verano de los últimos años hemos tenido evidencias terribles en California, Rusia central, Grecia y Portugal, sin olvidarnos de España.

- La desertificación acelerada de muchas tierras áridas, desde el Sur y Centro de EE.UU. hasta el Sahel y más de la mitad del territorio de China.

- La emisión de GEI, que generan, ya lo vimos, el calentamiento global.

-  La penuria de la educación ambiental que pesa como un agravante ubicuo.

-  La explosión demográfica, séptima amenaza, principio y fin de todas las demás a escala mundial; con una previsión de casi 10.000 millones de habitantes del globo para 2050.

Entre las aportaciones para afrontar los ya siete problemas capitales, está la idea de sostenibilidad, el término acuñado primeramente en la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) en 1981, en su informe Cuidar la Tierra. Y fue oficialmente consagrado en el Informe Brundtland, de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de 1987.

Ese concepto de sostenibilidad puede considerarse como el “desarrollo que satisface las necesidades de la sociedad actual, sin poner en peligro la capacidad de las futuras generaciones de atender sus propios problemas”. Definición a la que cabe incorporar otra complementaria, ofrecida por la Unión Mundial de la Conservación en 1991: “Mejora de la calidad de vida, con el respeto a los límites de los ecosistemas”.

En definitiva, la sostenibilidad es la gran arma pacífica contra el deterioro ambiental. Pero en materia de lucha contra el cambio climático, hay una serie de opinantes que resultan un tanto dramáticos; en cuanto a si a estas alturas de la película, podrá frenarse el calentamiento global sólo con prédicas sobre desarrollo sostenible y algunas pocas acciones.

Esa actitud se expresa con el algoritmo TL2, too little, too late; demasiado poco y demasiado tarde. En otras palabras: se llega tarde para atajar el calentamiento, porque ya ha habido demasiada emisión de GEI a la atmósfera; y lo invertido en acciones concretas para contrapesar tales emisiones, ha sido bien poco. Tesis que no puede demostrarse, pero a la cual deben asignarse considerables posibilidades; como hace W.S. Broecker, creador, precisamente, en 1975, de la expresión calentamiento global.

Pero una tesis así no puede llevarnos a caer en pesimismos lúgubres, en el sentido de que las dudas que tanto pueden pesarnos, nos lleven a no hacer nada. Muy por el contrario, es preciso que nos demos cuenta de que por mucho que no resulte posible detener el cambio climático, sin embargo, los métodos para mitigar el calentamiento global representan grandes mejoras per ses, tanto para el sistema productivo como a favor de la calidad de vida. Por ello mismo, creo que tiene una gran importancia esquematizar esas ventajas:

- Los procesos de miniaturización (menor cantidad de recursos por unidad de producto) restan stress al stock de materias primas.

- Se administran mejor los recursos naturales. Lo cual implica que a los desechos se les asigna el valor que realmente tienen, para recuperarlo a través de su reciclado; para que una y otra vez, las mismas materias primas vuelvan al sistema productivo.

- Se consigue mayor eficiencia energética, reduciéndose costes de manera importante. Los precios de los combustibles fósiles convencionales ya no crecerán, en función de una demanda imparable.

- Se avanza además en las energías renovables: eólica, solar, biomasa, mareomotriz, geotérmica, etc., abriéndose nuevas posibilidades mucho más conservacionistas y limpias; reductoras de la dependencia de los actuales amos del petróleo y del gas. A lo que también contribuirá el renacimiento nuclear, esto es, la vuelta a considerar que con la fisión del uranio (hoy) y la fusión del hidrógeno (mañana) se emitirán menos GEI.

- Con todos los reajustes indicados, se conseguirá, una mejor salud humana, al restaurarse las condiciones en la atmósfera y del entorno en general; frente a casos patéticos como los que se ahora dan, especialmente en China.

En definitiva, el cambio climático, podrá o no frenarse, pero lo que en cualquier caso está claro es que con la política destinada a ello, supone una nueva concepción del sistema productivo y de la calidad de vida. Estamos, pues, ante una situación en la que discutir si adoptar medios para luchar contra el calentamiento global, resulta de lo más bizantino; si como hemos tratado de demostrar, esas políticas de ajuste ambiental son buenas per se.

Tendremos ocasión de volver sobre el tema ya en las cercanías del señalado encuentro de Cancún, y ya desde ahora, para cualquier comentario, el autor siempre está disponible para los lectores de República.es, en castecien@bitmailer.net.

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