El verano ecológico de 2010 (III). La financiación.
El trabajo que genéricamente titulamos El verano ecológico de 2010, se compone de tres entregas sucesivas. La tercera y última de las cuales ofrecemos hoy a los lectores de republica.es. Recordando al tiempo que en la primera libranza nos referimos a cuestiones generales sobre lucha contra el cambio climático, así como a los fraudulentos incumplimientos del Protocolo de Kioto, que reducen mucho sus buenas intenciones. En tanto que en la segunda entrega del artículo vimos la renuencia de los grandes superpoderes a llegar a un buen acuerdo (EE.UU., China y Rusia), al tiempo que examinamos el tema específico de que el Protocolo de Kioto tendrá que ser prorrogado por razones técnicas.
Ahora, en la última parte de nuestro artículo, nos ocupamos del vil metal. Es decir, de los arduos problemas financieros que se relacionan con las aspiraciones incluidas en la Convención Marco sobre Cambio Climático.
Ese es un problema que se relaciona con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de Copenhague, que necesitaban de un tratamiento especial. Así las cosas, se creó el Grupo de Alto Nivel Asesor del Secretario General de las Naciones Unidas sobre Financiación del Cambio Climático (AGF), formado por 18 personalidades políticas y expertos en temas relacionados de la Convención Marco; cuya misión consiste en proponer cómo se hará la financiación ofrecida de 30.000 millones de dólares para los años 2010/2012, y la financiación de 100.000 millones de dólares anuales, durante ocho años, entre el 2012 y el 2020. Esas ayudas se cifraron en Copenhague 2009 pero no se identificaron las fuentes de financiación, que es precisamente la labor conferida a la AGF.
La AGF comenzó a trabajar en Londres el 29.III.2010, y acordó presentar su informe en octubre, antes de la Conferencia de Cancún. En su primer documento básico, estimó que la financiación debe abarcar cuatro actividades:
- Adaptación con toda clase de inversiones para frenar el cambio climático.
- Mitigación para reducir las emisiones de GEI, incluyendo la lucha contra la deforestación (REDD).
- Desarrollo tecnológico con vistas a la mitigación y la adaptación, incluyendo I+D, transferencia de derechos de propiedad, etc.
- Construcción de capacidades de actuación, incluyendo el desarrollo institucional, la formación, y la difusión de mejores prácticas.
En cuanto a fuentes de financiación, muy preliminarmente se identifican las siguientes:
- Financiación pública relacionada o no con fuentes de recursos destinados al cambio climático. Podrían incluir las subastas de asignaciones de derechos de emisión (AAUs), así como los ingresos procedentes de los esquemas domésticos de intercambio de emisiones (ETS). Igualmente podría pensarse en un impuesto sobre el carbón, combustibles de la marina y la aviación, y el llamado y controvertido impuesto Tobin.
- Recursos obtenibles a través del mercado de carbono. Incluiría percepciones de los intercambios de derechos de emisión de GEI del mercado de carbón establecido por Kioto y otras instancias. También comprendería los títulos emitidos conforme a los mecanismos de desarrollo limpio (MDL/CDM); sobre todo porque hay una fuerte concentración de los mismos en Brasil, China, India y México.
- Otros mecanismos internacionales de financiación, considerando el papel de las Naciones Unidas. En este caso, se incluyen los IFIs (International Financing Mechanisms), a modo de préstamos concedidos a través de las Naciones Unidas a los países en vías de desarrollo. Asimismo, cabría utilizar el Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal (MFIMP), los bancos multilaterales de desarrollo (BID, BERD, y los bancos africano y asiático), y el Banco Mundial, los derechos especiales de giro (DEGs/SDRs) del FMI en determinadas circunstancias (como préstamos concedidos por los países con las mayores reservas internacionales), cambios de deuda por energía limpia, etc.
- Instrumentos públicos para promover la financiación con créditos del sector privado. En este caso, se plantean una serie de posibilidades que parecen todavía insuficientemente trabajadas.
Finalmente, al clausurarse el día 6 la sesión de Bonn de agosto 2010, no se había tomado ninguna decisión digna de tal nombre. La Sra. Figueres se limitó a comentar que se había hecho algún progreso de cara a Cancún: “será difícil cocinar el acuerdo sin tener la cacerola para ello… si bien los gobiernos parece que están más cerca de disponer de ella”. Tal vez dicho con más voluntarismo que otra cosa.
En cualquier caso, lo más seguro de Bonn es que con el espejismo de Cancún de noviembre/diciembre del 2010, todo volvió a fiarse al último encuentro anterior a la COP-16, que finalmente se decidió celebrar en Tianjin, el puerto de Pekín, en el mes de octubre. Una selección de no poco interés, pues China con su actitud nada concreta, bloquea a India y EE.UU.; y EE.UU. bloquea a su vez a los 37 Estados miembros del Anexo I del Protocolo de Kioto.
Y precisamente en la idea de que entre agosto y noviembre, de Bonn a Tianjin, las Partes de la Convención Marco vuelvan a navegar en la más absoluta incertidumbre, la Sra. Figueres propuso dos encuentros intermedios de alto nivel, antes de octubre de 2010, inevitablemente en septiembre: en Ginebra o Nueva York, “para ya adoptar compromisos en firme por parte de los gobiernos antes de llegar a Cancún”.
En definitiva, después de Bonn casi todo siguió sin decisiones concretas, por lo cual la Climate Action Network –la confederación de 500 organizaciones sin fines de lucro favorables a un acuerdo por el cambio climático—, instaron a que jefes de Estado y de gobierno den órdenes claras a sus representantes para llegar a un verdadero acuerdo en Cancún. Wendell Trio, de la organización Greenpeace, se manifestó vitriólicamente: “Los negociadores sobre el clima de Bonn, parecen no enterarse de lo que está sucediendo a su alrededor: Rusia está en llamas, y Pakistán inundado; a pesar de lo cual, parecen felices para continuar como si dispusiéramos de todo el tiempo del mundo”.









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