Eppur si muove… El Consejo de la UE del 17.VI.10

En el último Consejo Europeo celebrad en Bruselas, presidido por el Sr. Van Rompuy, y muy en segundo lugar por el rotatorio José Luis Rodríguez Zapatero, la UE ha tratado -son frases siempre bastante solemnes-, “de mostrar su solidaridad colectiva, su unidad y su de-terminación para hacer todo lo necesario a fin de avanzar en la Unión Económica y Monetaria”.

Lo primero de todo: se adoptó la “Estrategia Europa 2020″, para el empleo y el crecimiento inteligente, sostenible e integrador; en la idea de que puede constituir un marco para que la Unión movilice sus ins-trumentos y políticas, y de modo que los Estados miembros actúen con mayor coordinación. Al tiempo, esa estrategia favorecerá la realización de ciertas reformas estructurales, según vimos en una doble entrega, en republica.es, los días 10 y 17 de junio de 2010.

El Consejo Europeo, declaró también su firme propósito de garantizar la sostenibilidad fiscal, incluso acelerando los planes de saneamiento a ese respecto, o dicho en roman paladino, se planteó la conveniencia de reducir los déficit actuales en el tiempo más corto posible.

Dentro de los temas financieros, se confirmó el compromiso de garantizar la estabilidad, a base de ir resolviendo los vacíos de la reglamentación y la supervisión de los mercados; tanto en el ámbito de la UE como en la instancia mundial del G-20. En el cual, unos días después se apreciaron las grandes diferencias existentes entre las dos orillas del Atlántico.

También hubo consenso en Bruselas a la hora de tratar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Monetaria, así como la vigilancia presupuestaria, y la supervisión macroeconómica en general. En esa dirección, también en republica.es, hemos expuesto en qué consiste la Junta creada con esos fines, que va a tener un valor determinante en el próximo futuro.

En referencia a la ya citada Cumbre del G-20 en Toronto (26 al 28 de junio), la Unión propuso concentrar sus esfuerzos en un planteamiento mundial de introducción de tasas e impuestos sobre las instituciones financieras; a fin de mantener condiciones de competencia equitativas, explorándose más adelante la posibilidad de crear un impuesto universal sobre las transacciones financieras, en línea con la llamada tasa Tobin. Aunque esta cuestión también separa ampliamente a EE.UU. de Europa, como demuestra el hecho de que en el G-20 se ha pospuesto cualquier decisión acerca de tan complejo asunto.

El Consejo Europeo reiteró su apoyo para la consecución de los objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015. Para lo cual pretende redoblar esfuerzos, mejorar la incidencia de las políticas, y movilizar más financiación. Pero siempre con la advertencia, cada vez más frecuente, de que los recursos para los países en vías de desarrollo, deben llegar a sus verdaderos destinatarios, en vez de quedarse en los vericuetos de la corrupción generalizada en tales ámbitos.

En cuanto al cambio climático, el Consejo Europeo tomó nota de la comunicación de la Comisión en la que se analizan las posibilidades de superar el 20 por 100 de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Un tema sobre el cual la Comisión realizará nuevos análisis, incluyendo las consecuencias para cada Estado miembro; todo ello antes de la conferencia de Cancún de diciembre próximo. Si bien es apropiado decir aquí que Francia y el Reino Unido ya han planteado que el enorme coste de pasar del 20 al 30 por 100 en las emisiones de GEI, aconsejan, una política más prudente; sobre todo cuando el escepticismo sobre las concesiones en Cancún va extendiéndose por toda la faz del planeta.

El Consejo Europeo elogió el trabajo realizado por el Grupo de Reflexión presidido por Felipe González, “Proyecto Europa 2030″, ma non troppo. Y aunque consideró que es una aportación útil para los trabajos de la Unión de cara al futuro, lo cierto es que hay varias docenas de artículos no tan bien retribuidos con mensajes muy similares.

Otro tema considerado fue el Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo, que buena falta hacía, por la incoherencia a que llevan las muy distintas políticas nacionales en esa área. Aunque la adopción de tal pacto no significa, ni mucho menos, que todo vaya a resolverse por arte de birlibirloque.

La solicitud de adhesión de Islandia a la UE fue objeto de nuevas congratulaciones por acoger un nuevo socio en épocas de tantas turbulencias. Pero que nadie se haga muchas ilusiones, porque cuando llegue el referéndum islandés, no cabe descartar que los insulares de tan antigua y democrática república le digan no al lejano continente.

También hubo felicitaciones a Estonia por el grado de convergencia que ha conseguido, de modo que podrá entrar en el sistema del euro el 1 de enero de 2011. No son los mejores tiempos para asumir una nueva moneda, pero teniendo en cuenta el dinamismo de la economía estoniana (como decíamos antes, en vez de estonia), sobre todo por las ayudas de los primos finlandeses, habrá más venturas que duelos.

Finalmente, el Consejo Europeo hizo una declaración sobre Irán, apoyando las sanciones económicas que ya han adoptado países como EE.UU., China y Rusia, como también se comprometió a estudiar las medidas transitorias para la creación de 18 nuevos escaños en el Parlamento Europeo, antes de las próximas elecciones de los 27 países de la Unión, en 2014, para así llegar a los 750 Eurodiputados que como máximo permite el Tratado de Lisboa.

En resumen, hubo bastante tela que cortar.

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