Editorial

El ‘populismo’ de Sánchez empeora la situación de España

Sánchez junto a Santos Cerdán y Maria Jesús Montero en el Comité Federal

EFESánchez junto a Santos Cerdán y Maria Jesús Montero en el Comité Federal

Después de dar un ‘volantazo’ hacia la izquierda en el debate del ‘estado de la nación’ y de fusionar el núcleo duro de Gobierno y del PSOE el presidente Sánchez ha dicho que ‘la situación es complicada’ y que él ‘va a por todas’.

Consciente el presidente del ascenso imparable del PP en las encuestas y  de que los problemas del país y del otoño español y europeo que se acerca  incluyen peligros incontrolables y externos que van a tener un duro impacto en el conjunto de la sociedad española.

Problemas que merecerían la respuesta de un Gobierno de unidad nacional lo que en España (y en otros países como Italia) es imposible por causa de los ‘pactos Frankenstein’ de Sánchez con UP, ERC y Bildu que son partidos contrarios a la unidad de España, a la OTAN y a la UE.

Unos pactos que forman parte de la indignación ciudadana contra el PSOE como se vio en las elecciones de Madrid, Castilla León y Andalucía y en el deterioro electoral del sanchismo que ya anuncian todas las encuestas y ahí incluido el CIS.

A la ausencia de ‘unidad nacional’ y renovación de pactos anti democráticos se le suma el giro radical hacia la izquierda del Gobierno de Sánchez en sus respuestas a la crisis económica con medidas populistas de impuestos a la Banca y empresas energéticas que crean inseguridad jurídica a inversores nacionales y extranjeros.

Y una caída de la inversión en España que es letal para la recuperación de la economía cuando estamos en puertas de la recesión. De ahí que lo que el Gobierno debió haber pedido a las empresas energéticas a propósito de sus ‘beneficios extraordinarios’ es que los utilizarán en nuevas inversiones. Y a la Banca que esos beneficios sirvieran para facilitar créditos más baratos ahora que el BCE acaba de subir los tipos de interés un 0,5.

Pero Sánchez buscaba vestirse de ‘rojo’ y contentar a sus socios de UP con el discurso de ‘vamos a por los ricos’ y lo hizo con una infantil sorpresa en el ‘debate de la nación’ que indignó y agudizó la grave crisis interna de Unidas Podemos. Donde Pablo Iglesias y Yolanda Díaz están al borde de la ruptura tras la destitución del secretario de Estado y líder del PCE Enrique Santiago, en respuesta a los continuos desaires de Díaz a los dirigentes de UP.

Una batalla fratricida que podría abrir una crisis de estabilidad del Gobierno si Yolanda Díaz dimite (o la cesa UP) y que incluso podría afectar al grupo parlamentario de Unidas Podemos, como ocurrió en Italia con el Movimiento 5 Estrellas que acabó provocando la dimisión de Mario Draghi. Aunque en este país lo de dimitir en el Gobierno es algo que nadie practica y menos en la izquierda.

En cuanto al panorama europeo que se cuide Sánchez de desafiar a la UE diciendo que no piensa acatar la propuesta ‘solidaria’ de la Comisión para la reducción (desde el 1 de agosto al 30 de marzo) de un 15 % de ahorro del consumo de energía, en ayuda de los países del norte (como Alemania) que Rusia amenaza con cortarles el gas, porque esos países son los primeros que ‘financian’ los Fondos Europeos de los que se beneficia España.

De manera que mucho cuidado con el nuevo ‘populismo’ de Sánchez, no vaya a ser que le acabe estallando en las manos si, por ejemplo, Berlín exige una revisión del reparto de los Fondos de ayuda económica en la UE.

Al fondo de todo ello está, como lo reflejan las encuestas electorales, el ‘cambio de ciclo político’ en España que se anuncia imparable y el final de los gobiernos de Pedro Sánchez que llegaron al poder a lomos de una más que indecente colección de sus mentiras electorales (‘no pactaré con UP, Bildu y ERC, y no concederé los indultos a los golpistas catalanes’, etc.) y que han defraudado con una pésima gestión.

Y con el derroche de fondos públicos y pérdida de soberanía y legalidad para pagar a UP y los nacionalistas que sostienen al Gobierno la estabilidad de Pedro Sánchez en el poder. Una pesadilla que parece haber entrado en su recta final porque los españoles están hartos del deterioro democrático, económico y social.