Como un TDAH puede tener buenas notas... con el tratamiento adecuado

Un TDAH con buenas notas

“Tengo que gritarlo al mundo. Mi príncipe con TDAH, dislexia, discalculia y TND promociona a 4º de la ESO. Gracias a su esfuerzo, al apoyo de su PT y, por qué no decirlo, a mis renuncias. Muchos sacrificios por el camino, muchas lágrimas, pero ahí está subiendo otra escalera más”.

Se puede, claro que se puede, pero como rezaba este tuit que escribí el pasado 23 de junio, el día que le dieron las notas a mi hijo, los trastornos del neurodesarrollo siempre son un escollo más en la mermada y politizada educación de este país. Se acaba de aprobar la LOMLOE, la octava ley de educación de la Democracia que nace agonizante, por no decir muerta. Si algo tienen claro los españolitos es que en el siguiente cambio de color político del Gobierno la LOMLOE será derogada en favor de una novena ley. Y así sucesivamente. A los políticos se les llena la boca hablando de la importancia de la educación pública, de la escalera social y de la igualdad, cuando deberían hacer hincapié en la equidad educativa, que no es nada más que dar a cada uno lo suyo, lo que necesita para llegar a su nivel de excelencia personal.

Alrededor del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) pulula una polémica baldía que le hace flaco favor a este trastorno del neurodesarrollo descubierto en 1902 por George Still. Entre los que aseguran que no existe, los que se les llena la boca diciendo que está sobre diagnosticado, los que culpan a las nuevas tecnologías o los que se manifiestan absolutamente en contra de la medicación, cualquier tuit, post, incluso, cualquier artículo que se publique corre el riesgo de viralizarse, para bien o para mal.

Desgraciadamente, en el ágora cibernética corren muchos mitos sobre el TDAH. Algunos falsos, otros no. Si ha irrumpido en su familia el mejor consejo que puede recibir es que haga caso a su médico, que no se deje llevar por los mitos que rodean a este trastorno, que se olvide de los prejuicios y que tire de amor y paciencia y que tenga muuuuuucha paciencia, porque la educación este país no está preparada para el diferente, ni por arriba ni por abajo.

¿Qué es el TDAH?

Para aquellos que a estas alturas se pregunten qué es el TDAH, se trata de un trastorno del neurodesarrollo producido por una alteración del cerebro. Puede presentarse con tres tipos de síntomas: dificultad para regular la actividad, lo que provoca la hiperactividad; impulsividad, los niños hacen cosas sin pensar en las consecuencias, y dificultad para mantener la atención ante un estímulo importante. Estos tres tipos pueden aparecer juntos o por separado. Todos son TDAH, unos con predominancia a la falta de atención, otros a la hiperactividad o combinado.

Aproximadamente el 30% de los niños con TDAH tiene, además, un trastorno del aprendizaje (antes llamado discalculia, dislexia, disortografía…) lo que les convierte en bombas de relojería durante la etapa escolar. Sin diagnosticar suelen ser tachados de vagos, maleducados y gamberros, además de ser muchos de ellos víctimas de bulling por parte de sus compañeros. Por todo esto, comprender a un TDAH se convierte en una ardua tarea incluso para aquellos que conviven con ellos.

No hay un marcador biogenético con el que se pueda diagnosticar el TDAH, lo que no significa que no exista. Tampoco lo hay para la depresión y sabemos que existe. Isabel Orjales, doctora en pedagogía y Máster en Educación Especial explica que el diagnóstico del TDAH “requiere cumplir unos criterios clínicos: intensidad desajustada respecto a la edad, cronicidad en los síntomas, descartar que se explique su aparición únicamente por situaciones ambientales u otros trastornos, interferencia/desadaptación en algún área de su vida. Además, debe haber un buen diagnóstico diferencial. Eso exige tiempo con la familia y el paciente y un equipo en el que, por lo menos, exista una valoración médica y psicoeducativa”.

En la mayoría de los estudios, el TDAH tiene una incidencia entre el 5 y 7% de los niños en edad escolar en España. La cifra no varía mucho en los diferentes países del mundo. Eso supone una afectación importante (aproximadamente 1 niño por aula de 25 alumnos). “Sólo hace falta calcular respecto al número de alumnos y aulas de un colegio para ver que no parece que esté sobre diagnosticado, como acusan algunos. Sí puede haber casos de malos diagnósticos, basados en poca información, pobre y/o incompleta. La mayoría de los estudios indican tasas de tratamiento que no llegan al 2-3%, es decir, sólo la mitad de los TDAH están tratados”, se queja César Soutullo, profesor catedrático y director del programa ambulatorio de la Universidad de Houston.

Tratamiento

Con el diagnóstico en la mano el tratamiento del TDAH tiene cuatro patas y, como las sillas, si se le quita una cojea. A saber, resulta indispensable la medicación, tanto como el tratamiento psicopedagógico para que los menores aprendan estrategias, necesitan apoyo escolar y, por supuesto, los padres deben aprender a vivir con un TDAH, aprender a no pedirles cosas que no les pueden dar y, sobre todo, a bajar las expectativas con las que evitarán las frustraciones. Muchos son impulsivos, no piensan en las consecuencias y tienen reacciones terribles en los momentos más insospechados.

Además de los menores, los familiares también necesitan tratamiento psicoeducativo y formación específica. “Los padres deben saber que, independientemente de las variaciones propias del temperamento de cada niño, tienen un hijo más difícil de educar y que no valdrá que sean padres tipo medio. Deben ser cuasi profesionales en educación y psicología de la conducta y para ello deben recibir asesoramiento, formación. Un niño con TDAH es, muchas veces, una mezcla explosiva de simpatía, energía, inmadurez en el autocontrol, entusiasmo, disfrute, falta de regulación emocional, inteligencia e intuición. Un niño con TDAH puede hacer una observación propia de un niño dos años mayor a la vez que reaccionar con la pataleta de un niño dos años más pequeño simplemente porque mamá olvidó llevarle el bocadillo al recogerle del colegio”, describe el doctor Soutillo.

7.000 euros más caros

Así las cosas, son niños muy caros. Un TDAH cuesta una media anual de 7.000 euros más que un niño normotípico. Por eso la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH), con el apoyo de 37 asociaciones de toda España, ha denunciado al Ministerio de Educación por excluir discriminatoriamente de las becas para el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo a 20.000 menores con TDAH.

El artículo 7 del Real Decreto 471/2021 concreta las ayudas a cuatro grupos específicos del alumnado NEAE (trastorno grave de conducta, trastorno grave de comunicación, autismo y altas capacidades), dejando fuera a alumnos con TDAH, dislexia, discalculia o disortografía. Este grupo, para poder optar a las becas, deberá acreditar un 33% de discapacidad, lo que para FEAADAH es una decisión absolutamente discriminatoria.

Para Maite Urkizu, presidenta de FEAADAH, “la sociedad tiene una deuda con el TDAH, un trastorno que sufren 415.000 niños en este país, de los que 20.000 deberían poder aspirar a obtener las ayudas educativas y no pueden porque jamás les van a otorgar una discapacidad 33%, lo que no significa que no necesiten apoyo educativo”. La exclusión de este colectivo en las becas que convoca anualmente el Ministerio de Educación es “una discriminación flagrante, que deja en riesgo social, personal y educativo a los menores más desfavorecidos y que sin esta ayuda no podrán disponer de un refuerzo educativo”, añade.

“Las cárceles están llenas de TDAH sin tratar”

Si los especialistas tienen algo claro es que cuanto antes se llegue al diagnóstico y más temprana sea la intervención psicopedagógica mayor posibilidad de éxito tendrán. No en vano, estamos ante un trastorno que si no se trata puede llegar a ser discapacitante. Las personas con TDAH tienen un índice de abandono escolar mayor, más problemas legales, más multas de tráfico y más despidos del trabajo, por no hablar de un mayor índice de mortalidad y de consumo de todo tipo de drogas en la juventud. Por eso, un tratamiento precoz reducirá los riesgos en el futuro.

Si no se invierte, a corto plazo, en la educación y apoyo psicopedagógico de estos menores, la sociedad lo pagará a medio y a largo plazo puesto que como se desveló en las Jornadas sobre TDAH, organizadas por la Fundación Adana, “las cárceles están llenas de TDAH sin tratar”. No estamos ante un trastorno exclusivo de la niñez y la adolescencia, se trata de una condición para toda la vida. No se cura, no se va, simplemente se aprende a vivir siendo diferente. Siempre y cuando te den las herramientas para ello.

Los estudiantes no votan, no interesan. Que no seamos capaces de alcanzar un pacto nacional en educación es una vergüenza más de nuestra Democracia. A los políticos se les llena la boca hablando de la importancia de la educación pública, de la escalera social y de la igualdad cuando deberían hacer hincapié en la equidad educativa, que no es nada más que dar a cada uno lo suyo, lo que necesita para llegar a su nivel de excelencia personal.

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