Sanidad en el medio rural: “Si me pilla una urgencia, tengo que salir pitando porque en el consultorio no tengo medios”

Cuatro profesionales sanitarios de Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Aragón cuentan cómo es un día cualquiera

médicos del medio rural

Sara Rodrigálvarezmédicos del medio ruralSara Rodrigálvarez trabaja en el Consultorio de Torrijo de la Cañada, en Zaragoza

Son las 8:00 horas. Ángel José Cajal, médico de Atención Primaria y coordinador del Centro de Salud de Sacedón, en Guadalajara, acaba de comenzar su jornada laboral con una reunión con el equipo para organizar el día. Posteriormente, empezará a pasar consulta. Pero no allí.

Son las 9:00 horas. Sara Rodrigálvarez, médica Familiar y Comunitaria, ha terminado la guardia que comenzó el día anterior, a las 13:30 horas, en el Centro de Salud de Ateca (Zaragoza). Ahora, se subirá a su coche para recorrer 19 kilómetros hasta Torrijo de la Cañada. Pasará consulta hasta las 13:30 y completará su jornada de 24 horas.

Son las 10:00 horas. Manuel Sánchez García ya lleva una hora y media pasando consulta. Es médico de Familia en Villamuriel de Cerrato (Palencia), donde, de 7.000 censados, hay unos 700 niños. Su caso no es como los anteriores. Es una excepción demográfica.

Son las 11:00 horas. Pepe Polo, médico de Atención Primaria y presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), ha llegado a las 8:00 al Consultorio de Cañaveral (Cáceres) y todavía le quedan cuatro horas para acabar. A las 15:00 comenzará su guardia (hace una a la semana) hasta las 8:00 del día posterior. En Extremadura no se libra al día siguiente, anota, por lo que, sin solución de continuidad, de nuevo pasará consulta hasta las 15:00. Su jornada hoy es de 31 horas.

Cuatro profesionales de la Sanidad que ejercen en el medio rural, y en Comunidades fuertemente azotadas por la despoblación. De hecho, son los cuatro territorios con menor densidad de población (habitantes por kilómetro cuadrado): 25,3 en Extremadura y Castilla y León; 25,8 en Castilla-La Mancha, y 27,8 en Aragón.

En conversación con República.com cuentan cómo es un día cualquiera. Ninguno trasmite hastío. Están donde quieren estar. Sus quejas se elevan a un sistema que no es capaz de generar igualdad entre vecinos del pueblo y de la ciudad.

“No me cambiaría por alguien de la ciudad”

Ya son las 11:30. Ángel José Cajal acaba de terminar la consulta en Alhóndiga (157 habitantes). De nuevo se sube en su vehículo para ir hasta Auñón (140 habitantes: el 54,7 % de más de 65 años). A las 15:00 se marchará a casa, a unos 50 kilómetros de Sacedón. Contando los que hizo por la mañana para llegar hasta el Centro de Salud, se habrá hecho alrededor de 140.

Además de los dos que visitará hoy, el médico tiene otro municipio asignado, Millana, de 108 habitantes. En invierno, explica, solo voy a un pueblo por día, pero en verano hay que sustituir a los que están de vacaciones, así que hago dos. Una vez a la semana tiene una guardia de 15:00 a 8:00 del día siguiente.

En Alhóndiga y Sacedón tiene un pequeño consultorio, pero en Millana atiende a sus pacientes en un local del propio Ayuntamiento.

Le gusta, admite sin ambages, “la otra alternativa es estar en la ciudad y ver a 50 o 60 pacientes cada día, aquí conoces a todo el mundo, es otro tipo de trato. Voy a cumplir 59 años y mi intención no es irme a la ciudad”.

Asegura que la medicina rural es un poco vocación, “yo no me cambiaría por alguien de la ciudad, pero hay gente en la ciudad que no se cambiaría por mí”.

A esa necesaria cercanía con el paciente se refiere Elena Lahoz, responsable de Sanidad en UGT Aragón, que se muestra pesimista: “Veo la Sanidad muy triste, con la escasez de profesionales se pierde la confianza, la cordialidad, el tener a una persona que, además de auscultarte y tomarte la tensión, te pone la mano en el hombro, te habla, te ayuda”.

“La atención es mucho más directa, más humana y cercana al paciente”

Las 12:30. Pepe Polo depende del Centro de Salud del Casar de Cáceres, pero trabaja en Cañaveral (1.024 habitantes). Allí lleva 27 años: “Cuando llegué eran casi 2.000”, recuerda. Antes trabajó en Las Hurdes. Excepto cuatro meses en los que ejerció en Cáceres capital, siempre ha estado en el medio rural.

“Es una atención mucho más directa, más humana y cercana al paciente. Prefiero la Medicina que se puede hacer aquí, y aún me gustaba más en Las Hurdes”.

En un lugar como ese, necesariamente varían los mecanismos: “Era un reto profesional, sobre todo, para la atención de urgencias. Al estar tan lejos de un hospital, el paciente también era más reacio a ir a cualquier consulta de segundo nivel y pedía que todo fuera resuelto por el médico de cabecera. A veces se podía, pero otras tenías que enviarle a un especialista”.

Ahora dispone del 112 medicalizado y, por las tardes, hay una ambulancia en todos los centros de salud. Si es necesario un traslado, explica, se suele hacer en helicóptero. Él se traslada en coche a Cáceres, donde vive. 84 kilómetros diarios.

Polo está contento, a pesar de que, como afirma, “los médicos de Extremadura somos los peor pagados de España. Este año, además, ha sido de los lugares donde más plazas de MIR han quedado vacantes, entre otras cosas, porque para formar bien a un futuro profesional, los hospitales tienen que estar bien dotados”.

“Ha venido gente a presentarse y a decirme que si necesito algo me pase por su casa”

Esa complicidad que da la cercanía es clave para Sara Rodrigálvarez, que acaba de terminar su maratón de 24 horas. Ya son las 13:30. Hoy no está siendo un día fácil: debido al incendio que acaba de asolar la zona está sin Internet todo el pueblo. “Eso en la ciudad te lo arreglan en dos días, aquí ya llevamos una semana y dicen que va para largo”.

Lleva desde el 23 de mayo de 2022 en Torrijo de la Cañada (204 habitantes), aunque su centro de salud es el de Ateca. Tiene claro que se quedará en el medio rural un tiempo: “Cuando escogí venir aquí era para eso. La base de la Medicina de Familia es conocer a tus pacientes”. Ahora se irá a Calatayud, que es donde vive, a algo más de 30 kilómetros de Torrijo.

Está contenta, aunque comprende las dificultades y las reticencias de otros y otras. “Yo no tengo cargas familiares y mi marido teletrabaja, pero entiendo que muchos compañeros no quieran, porque no les merece la pena”.

Explica que antes trabajaba en Zaragoza con un contrato de Atención Continuada: “Son contratos por horas, y en la ciudad, que no hay noches de guardia, es muy difícil llegar al objetivo”.

No estaba a gusto, y tomó una decisión drástica: renunciar y prepararse las oposiciones de noviembre de 2021. Aprobó a la primera, echó un vistazo a las plazas que había en Zaragoza y cerca de la capital, y, como además tiene familia en Calatayud, decidió dar el paso.

No se arrepiente. Todo lo contrario: “Aunque en Torrijo no me conocían, me han acogido muy bien, incluso ha venido gente a presentarse y a decirme que si necesito algo pase por su casa”.

“La falta de ambulancias impide atender con los tiempos correctos las patologías urgentes”

Son las 15:00 horas, Ángel José Cajal recoge sus cosas. Como suele suceder en periodo estival, ha visto a más de los habituales 15 o 20 pacientes a los que trata diariamente en invierno.

Se trabaja diferente, afirma, “si me pilla una urgencia en Millana, que tengo un consultorio con lo básico, tengo que pedir ayuda enseguida, o salir pitando, porque no tengo medios”.

Sara Rodrigálvarez también sostiene que la manera de tratar varía. Donde más diferencia hay es en el manejo de la incertidumbre, expone: “Imagina un dolor de tripa, que pueden ser 1.000 cosas diferentes, en una ciudad te quedas más tranquilo porque sabes que el hospital está a 20 minutos, pero aquí no. Igual que la farmacia, yo lo que hago es llamar, pregunto qué medicamentos de los que le irían bien al paciente tienen, y le receto uno de esos”.

Médicos medio rural

Ángel José Cajal, a la derecha, con sus compañeros y compañeras del Centro de Salud de Sacedón

Una constante en su rutina diaria tiene que ver con que, asevera, cada vez haya menos ambulancias. “Eso te hace pensarte mucho a qué pacientes derivas y a cuáles no. Impide atender con los tiempos correctos las patologías urgentes, como un infarto, un ictus, una hemorragia...”.

Mucho peor era antes, destaca Fernando Peiró, enfermero y, desde hace dos años, responsable de Sanidad de UGT Castilla-La Mancha. El servicio ha mejorado mucho, “cuando yo empecé no había helicópteros ni UVI móvil, ahora tienes capacidad y herramientas. Antes, si había algo grave, venía una ambulancia, que en realidad era una furgoneta, y fíjate si estabas en un pueblo a 100 o 150 kilómetros de Guadalajara”.

No hay médicos

Aunque la situación, lógicamente, ha mejorado, existe un gran problema para ocupar las plazas de médicos en el medio rural. Y la solución se antoja harto complicada.

Manuel Sánchez García, que ya ha terminado su jornada en el Centro de Salud de Villamuriel de Cerrato, no ha trabajado como médico yendo de un pueblo a otro, pero con 40 años de ejercicio conoce muy bien la profesión y la provincia palentina.

La principal solución para él es pagar más: “Que les den un 30% o un 40% más, como antes con la gente que se iba a Canarias. Se lo pagas porque estén 200 días al año viviendo en el pueblo. Le fijas en el pueblo y fijas población”.

Discierne Sara Rodrigálvarez (afiliada a CGT) para introducir otra clave: “Muchas veces te dan dinero y te mejoran el horario, pero eso ayuda a corto plazo. A mí me da igual que me suban el sueldo, si, por ejemplo, tengo hijas y donde vivo no hay guarderías. Además, en la carrera de Medicina muchas somos mujeres jóvenes”.

El problema no es de dinero, advierte también Elena Lahoz. En Aragón, tras las últimas oposiciones, se quedaron 76 plazas sin cubrir de las 187 convocadas. Por eso se han cerrado varios Puntos de Atención Continuada. Aunque algunos volverán a abrir sus puertas gracias al ofrecimiento de siete facultativos de otras áreas.

Faltan profesionales, señala, “es muy difícil que haya un médico en paro, además, la Sanidad privada también se los está llevando: les ofrecen peores condiciones laborales, pero solo por estar en su ciudad o en su pueblo, ya lo prefieren”. Apunta a la Universidad como uno de los focos del problema de la carencia de profesionales sanitarios: “Los ‘numerus clausus’ no son suficientes”.

Un profuso conocimiento de la situación tiene Pepe Polo, quien también afirma que “no hay médicos, y, en parte, se debe a la mala planificación de la Atención Primaria que se ha hecho durante años”. Es algo que afecta especialmente a la España despoblada, señala, “tú no puedes pedirle a alguien que se vaya a un pueblo cobrando lo mismo. Y eso que no todo es dinero, también está la conciliación familiar, el ocio...”.

Sabe de lo que habla Pepe Polo, que rememora como hace casi tres décadas tuvo que dejar su trabajo en Las Hurdes, perdiendo 89.000 pesetas mensuales, porque sus hijas ya habían crecido, tenían que irse a estudiar fuera y, de haber permanecido allí, solo las hubiera visto los fines de semana.

La solución, en sus palabras, tiene dos grandes patas: facilitar la formación (“la Atención Primaria debe ser impartida en las facultades, darla a conocer”, detalla) y ofrecer beneficios (más vacaciones, más días libres, más sueldo).

Comenta que el gasto en Sanidad en España es del 11% del PIB, y llevan años reclamando que lo ideal es que fuera el 25%. Ahora dicen que están invirtiendo, aclara, “pero hay una falacia, porque parte de lo que meten en Atención Primaria, en realidad es gasto farmacéutico”.

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