“Los lesbianos o mujeres trans lesbianas son hombres heterosexuales infiltrándose en nuestros espacios y usurpando nuestra lucha”

Feminista Ilustrada

Hay una luz de gas de la que no se habla pero que va in crescendo. Es la que están sufriendo las lesbianas por defender que sexo no es género y que de la misma manera que no existen los cerebros ni las almas rosas o azules, tampoco hay lesbianas con pene. Un borrado que las está llevando a darse contra el techo de algodón. “Se nos está presionando a lesbianas a mantener relaciones heterosexuales cuando nosotras sabemos que la homosexualidad está bien y que la preferencia genital no es ninguna fobia”, explica F.O.H representante de LGB, y quien para evitar ataques personales y de otra índole prefiere preservar su nombre completo.

"Como lesbianas, es importante que hagamos un esfuerzo consciente por recuperar la palabra lesbiana. Que nos aseguremos que se quede con nosotras". La frase es de Magdalen Berns -feminista británica que murió en 2019 de un tumor cerebral agresivo- y que por defender el sexo biológico y negarse a tener relaciones con mujeres trans con penes fue golpeada, insultada, así como acosada en su propia universidad.

Las lesbianas en peligro

Un acoso que, aunque no es un fenómeno nuevo en España, se está extendiendo como la pólvora desde el empeño en la aprobación de Ley Trans y que lleva a F.O.H a lanzar un mensaje claro y directo. “A las lesbianas, gays y bisexuales les pedimos que abran los ojos. Estamos retrocediendo en derechos; sobre todo las lesbianas, que están desapareciendo. Los heterosexuales están controlando nuestra lucha bajo el camuflaje de un paraguas diverso que es profundamente homófobo”. Además, dicha feminista añade que si “ya los han abierto que alcen la voz. Dejar que nuestra voz sea controlada por lobbies solo hará que la situación empeore a la larga”.

Algunos de los ejemplos del borrado de las lesbianas denunciados desde LGB  son los protagonizados por Angela Rodríguez Pam, secretaria de Estado de Igualdad y contra la Violencia de Género, para quien hay muchas más lesbianas de las que nos pudiéramos imaginar, “hay lesbianas con pene y lesbianas con vagina”. También está el acto organizado en el Ministerio de Igualdad para conmemorar el Día de la Visibilidad Lésbica, y en el que Elizabeth Duval decía que habían entrado “setenta lesbianas”. Afirmación que rápidamente contestó la política Ángeles Álvarez con un “usted no es lesbiana. Se lo digo yo” así como con que “la defensa de la orientación sexual del lesbianismo no es transfobia. Resignificar la palabra lesbiana es lesbofobia”.

Así mismo se puede añadir el mensaje de Elsa Ruíz que cataloga de tránsfobas a quienes “rechacen a las personas trans por sus genitales”. Comentario aplaudido tanto por Irene Montero como por Mónica García, entre otras políticas, y que desde la red LGB, otra organización feminista, respondía diciendo que “Irene Montero se alegraba de que vuelva a Twitter una persona misógina y lesbófoba”. Tanto a la ministra como a la cómica le dijeron que "las lesbianas ni tienen pene ni quieren penes”.

Un terraplanismo de la orientación sexual que para F.O.H viene de tiempos atrás en los que colectivos denominados asociaciones abecedario, “una vez conseguido el matrimonio para parejas del mismo sexo, necesitaban algo para subsistir. Y lo han conseguido. Llevan desde aquel entonces dejándonos de lado para darle impulso a letras que nada tienen que ver con la orientación sexual y que son un coladero de heterosexuales y en los que Unidas Podemos está siendo una herramienta más a su servicio. En los colectivos abecedario, la LGB no está más que para usarse en beneficio de la TQ+. Es un debate que, aunque han tratado que pasase completamente desapercibido, se está haciendo cada vez más público.”, destaca.

¿Qué fue antes el huevo trans o la gallina de Unidas Podemos?

La problemática con la cuestión trans ya existía desde muchísimo antes de la campaña que Podemos está haciendo a favor. Siempre ha habido crítica feminista y LGB (de la mano principalmente de las lesbianas) a ello. Por ejemplo, ya en la manifestación que tuvo lugar en Barcelona, en 1977, no se permitió que transexuales y travestis ocupasen la cabecera porque lesbianas y feministas afirmaban que aquello era una caricatura de la mujer objeto, y los gays decían que les sacaba la seriedad. Sin embargo, la T, y junto a ella posteriormente la Q, se han impuesto. No debemos olvidar que la FELGTBI incorporó la T (en 2002) antes que a la B (2007). Y con las leyes autonómicas que incorporan la autodeterminación del género desde el 2012, han ido acrecentándose hasta llegar al punto en el cual nos encontramos hoy día.

La G siempre se ha comido a la L. ¿Con la Q el engullimiento de las lesbianas es total?

Sí, por supuesto. Con la Q no es simplemente que se invisibilice o aparte la L; directamente es que la borra por completo al redefinir el concepto de lesbiana. La Q está afirmando que todo el mundo puede ser lesbiana: desde hombres heterosexuales que dicen ser mujeres, hasta mujeres heterosexuales que mantienen una relación con un hombre que se identifica como mujer trans. La L siempre fue eclipsada por el gaypitalismo; y ahora toca lidiar, para colmo, con un cuirpitalismo que busca hacerla desaparecer por completo.

Hace nada se preguntaba a varios cargos públicos en otros países si una mujer podía tener pene y no eran capaces de contestar a tan fácil pregunta. ¿Cómo se ha llegado a esto?

Por un lado, los grupos queer funcionan como sectas en las cuales, si te sales del dogma, no solo quedas fuera, sino que además se justifica toda agresión contra ti. Esto ha generado miedo a que se te excluya y se te acuse de una supuesta y falsa transfobia. Por otro lado, por buenismo. Se están presentando a las personas que dicen identificarse “trans” como las mayores víctimas, y en base a ello se apela a los sentimientos por encima de la razón.

¿Hay lesbianas con pene?

No, de ninguna manera. No hay mujeres con pene; las lesbianas no tienen pene. Solo las mujeres (entendiéndose como mujer a la hembra humana adulta), pueden ser lesbianas. Los llamados “lesbianos”, los “mujeres trans lesbianas”, no son otra cosa más que hombres heterosexuales infiltrándose en nuestros espacios y usurpando nuestra lucha. Afirmar que hay lesbianas con pene es un acto lesbófobo y misógino; fomenta la cultura de la violación a lesbianas mediante el llamado “techo de algodón”; y supone una terapia de conversión, pues dicha afirmación pretende forzar a las lesbianas, bajo chantaje, a renegar de su homosexualidad para llevarlas a mantener relaciones heterosexuales.

Denunciáis la utilización, el maltrato que se está haciendo a jóvenes que en medio de la crisis que conlleva la adolescencia, se les está haciendo creer que son trans cuando en realidad no lo son. ¿Qué es lo más grave de todo ello?

La disforia se supera en la amplia mayoría de los casos de forma natural tras pasar la adolescencia, y no tiene sentido alguno afirmarla. En caso de persistir, basta con tratar la raíz del problema (que puede ser la homofobia interiorizada, la cultura patriarcal, el acoso escolar, la exclusión social…). Lo más grave es que la disforia, de afirmarse, empeora, y los y las adolescentes deciden iniciar un proceso de transición por el cual dañan su salud. Se está incitando a adolescentes, sobre todo a lesbianas, gays y bisexuales, a arruinar sus vidas. Esto es gravísimo.

¿Quiénes deben pagar las consecuencias de este canje de consecuencias en la salud física y mental sobre todo entre las personas más jóvenes?

Principalmente, el conjunto de profesionales que no están mostrando los efectos secundarios que tienen los tratamientos hormonales y quirúrgicos; que callan y miran a un lado por intereses económicos. Para que se pueda tomar una decisión libre, es preciso que se te proporcione información. Sin embargo, esta clase de profesionales se está dedicando a hacer lo contrario: a desinformar; a dar una información equivocada. Suministrar bloqueadores, hormonas, y someter a operaciones quirúrgicas innecesarias, tan solo conlleva la creación de pacientes de por vida. Que destroces la vida de un ser humano cuando tu labor es la de orientarlo, ayudarlo, darle herramientas que hagan su situación más llevadera es algo que debe tener condena.

¿Os sentís tratadas como marionetas?

Totalmente. Todo este sinsentido no podría seguir adelante sin la LGB. Se nos usa como escudo para promover leyes que, lejos de ser “diversas”, como las llaman, en realidad son homófobas y misóginas. Y además se nos emplea como arma arrojadiza contra las voces críticas de mujeres feministas. Incluso dentro del movimiento abecedario, el LGBTIQ+, cuyo discurso está ahora controlado principalmente por hombres heterosexuales, se ha impuesto una sola opinión aceptable, y se nos silencia a quienes discrepamos de la teoría queer. La idea es usarnos como herramienta para tratar de colar un discurso que nos borra y nos devuelve a tiempos muy oscuros para homosexuales y bisexuales.

¿La sociedad no ve que se está fomentando la terapia de conversión y el odio al cuerpo?

Por una parte, hay gente que, efectivamente, desconoce todo este asunto. Se han impuesto las leyes trans sin apenas debate público y la mayor parte de la población ni si quiera las ha leído. Se ha hecho creer que dichas leyes forman parte de “nuestros derechos”, y no saben ni siquiera que pueden llevarse una multa de hasta 150.000 € por decir una verdad como un templo: que un hombre no es, ni será, una mujer. Por otra parte, hay gente que sí ve la gravedad de todo este asunto, pero, o es tan profundamente sexista que de verdad cree que una persona cambia de sexo solo por cumplir con unos roles y estereotipos, o tiene intereses económicos muy fuertes que los lleva a apoyar una mentira que no creen, pero les beneficia.

¿Cómo se reconstruye un movimiento usurpado por heterosexuales cuando hay tantos intereses detrás?

Lo primero y más urgente es que quienes tenemos conciencia crítica con la ideología queer, nos organicemos y comencemos por seguir una agenda LGB que, poco a poco, vaya cambiando la situación. Sabemos que el miedo va a hacer esto una tarea ardua, pero poco a poco vamos creciendo, y sin duda alguna cada vez seremos más. A partir de ahí, la movilización y la concienciación son muy importantes. Tenemos que estar presentes en todos los ámbitos que podamos y tejer redes de apoyo mutuo. Necesitamos hacernos visibles tanto en las redes sociales como en las calles, sin miedo. Comenzar a dar charlas, a manifestarnos, a hablar con la gente… Que se nos escuche. Carecemos de toda una financiación detrás, cierto; pero con trabajo, paciencia y tiempo, las cosas se consiguen. Paso a paso, llegaremos a buen puerto.

¿Las familias prefieren un hijo o hija trans a una lesbiana u homosexual?

Afortunadamente, hay familias que no tienen problema en que sus hijas o hijos sean homosexuales o bisexuales, y que además están metidas de lleno contra el problema queer. Sin embargo, podemos afirmar, a nuestro pesar, sobre todo por los testimonios que nos llegan, que hay numerosas familias que prefieren hijas e hijos trans, a homosexuales, y que usan la transición como una herramienta de terapia de conversión. Al fin y al cabo, hemos de tener en cuenta que los roles y estereotipos sexistas no solo se han ligado socialmente al sexo, sino que también a la orientación sexual. La creencia: “la niña juega a la pelota; nos va a salir lesbiana” o “el niño juega con muñecas; se va a hacer maricón”, sigue presente hoy día en numerosas familias homófobas que han encontrado en lo trans la excusa perfecta para aplicar una terapia de conversión socialmente aceptada.

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