Entrevista a Sukaina Fares

La voz de la Infiel, la revolución de liberarse de la culpa y del patriarcado islámico a través de la sororidad

Hay un grupo de mujeres valientes e incansables que han decidido, como escribía la gran Virginia Woolf, que no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que pueda imponerse a la libertad de sus mentes y corazones. Son “La voz de la Infiel”, la revolución de liberarse de la culpa y del patriarcado islámico a través de la sororidad, “de reconocer la violencia que sufrimos y luchar contra ella en compañía”, explica Sukaina Fares, su fundadora.

La voz de la Infiel, la revolución de liberarse de la culpa y del patriarcado islámico a través de la sororidad

Sukaina Fares

Este grupo de resilientes es imparable y no deja de crecer. Saben que no hay nada más grande en sus vidas “que encontrar la paz con una misma”. También que a pesar de las consecuencias que supone revelarse a la comunidad en la que han nacido o a la que pertenecen, el mayor regalo que pueden hacerse es anteponerse ellas. Ejercen la primera persona frente al yugo opresor del resto. “Aunque todavía no tenemos el altavoz que necesitamos por la eterna cancelación que sufrimos, algunas han sido capaces de elegirse a sí mismas y perder a la familia -un paso muy personal y nada fácil que tomar por las consecuencias sociales, psicológicas y económicas que supone- y otras tantas viven dobles vidas con todo lo que conlleva psicológicamente”.

Y es que como Sukaina Fares describe La voz de la Infiel es la mejor habitación propia que puede existir. “Es mi lugar de redención. Me curo con la divulgación y con el conocimiento de poder llegar a otras niñas y mujeres como yo. Niñas y mujeres que se culpabilizan y castigan porque el castigo de hablar sobre los temas que trato yo o cualquiera de mis compañeras. ¡Es bárbaro! Quiero transmitir todo aquello que yo necesitaba leer cuando sufrí el ostracismo y la condena de la comunidad musulmana para poder llegar a construir una postura firme acerca de la realidad sobre la culpa que tanto se esforzaron por sembrar en mi interior. Es un desahogo de información y formación que he ido adquiriendo durante más de diez años para poder entender el porqué y el cómo de mis vivencias y el de tantas mujeres más. Y, sobre todo, ofrecer aquellas herramientas feministas que me facilitaron a mí a través de la lectura tantas mujeres de mis contextos para poder empezar a aceptar la convivencia conmigo misma y encontrar algo de paz”, explica con gran entereza.

La idea de dar el paso al frente y crear este grupo no nace de repente. Es fruto de la opresión de años. “Hemos invertido muchas horas y permíteme reconocer que también de cabezonería. Nunca aceptamos la excusa de que éramos casos aislados para deslegitimar nuestra denuncia. Sabíamos que éramos muchas ahí fuera y el tiempo y la perseverancia nos dieron la razón. Hoy tenemos el contacto de cientos de chicas que han dado el paso de reconocer la violencia que sufren”.

¿Qué tenéis en común todas las mujeres que compartís este espacio? ¿Cuál es el mayor peso que cargáis y del que os queréis desprender?

La maldita culpa. ¡Cómo escuece la maldita culpa! Es un sentimiento tan agresivo para tu salud mental que acaba siendo corrosivo y muy destructivo. El complejo patriarcal al que te ves sometida es tan grande que todos los círculos sociales que rodean a una persona acaban ejerciendo presión sobre ella. La familia, la comunidad musulmana (comunidad muy importante para nosotras al ser un apoyo fundamental siendo inmigrantes o hijas de inmigrantes), el entorno, la sociedad española, la falta de comprensión por la desinformación que hay acerca de estas realidades.

Relacionado con esto tiene mucho que ver la soledad al no tener referentes de aquello que una siente, por eso le doy tanta importancia a que nuestros espacios sean ocupados por nosotras mismas. Tenemos mujeres que proceden de nuestro contexto con una amplia formación y que nuestra realidad y el patriarcado islámico sean tratados con la misma rigurosidad que el patriarcado que nos atraviesa en Occidente. Ambos deben ser cuestionados al detalle y argumentados.  No nos vale la lectura tópica, falsa y profundamente racista de mujer velada es sinónimo de sumisa o de hombre barbudo como maltratador. Reducirlo todo al velo obviando todas las demás realidades que vivimos las mujeres migrantes (el mito de la virginidad, la homosexualidad, nuestra libertad sexual y los derechos reproductivos, la tutela masculina, el derecho al aborto, el derecho a la educación, el filtro racista en cuanto a viviendas y trabajos, la falta de ayuda institucional, el racismo policial, etc.). Los argumentos que se han ido escuchando hasta el día de hoy acerca del feminismo para las mujeres migrantes que procedemos de contextos islámicos han sido secuestrados por un discurso simplista y sensacionalista de un feminismo etnocéntrico o por la incongruencia del feminismo islámico cómo movimiento político en Occidente.

¿Unirse es sanador?

Sí, lo es. Del dolor también nace amor y eso siento yo por todas las mujeres que voy conociendo. Amor y admiración porque sé qué supone haber llegado hasta aquí, renunciando a una parte de ti para no perderte al completo. La entereza y la bravura de poder reconocer a tus opresores y hacerlo además de manera conjunta y creando esta red tan bonita que tenemos, es sanador, liberador y además un acontecimiento sin precedentes en el feminismo.

¿Dirías que enfrentarse a la familia, al peso de la tradición, es lo más difícil para empezar a dar el paso hacía vosotras mismas?

Para nosotras, inmigrantes o hijas de inmigrantes, la familia lo es todo. La familia es la que se sacrifica migrando a otro país, con otro idioma, con otra cultura y sin ninguna seguridad de que aquello vaya a salir bien. Es nuestro único faro en un mundo tan cruel y más cargando con nuestra condición migrante. La familia es el único apoyo que hemos tenido la mayor parte del tiempo para poder lidiar contra el racismo. La familia es el principio y el final de nuestra existencia y así nos lo inculcan desde pequeñas. Está tan arraigado este sentimiento que adquirimos responsabilidades que no nos pertenecen, como hijos e hijas de inmigrantes. Nuestras madres y nuestros padres dependen de nosotras en un grado tan alto que incluso nos necesitan para poder acompañarlos a una visita al médico por la barrera lingüística. Esa responsabilidad, esa dependencia emocional y ese sentimiento de ser la “madre” de tus padres es algo muy sentido en cualquier hijo o hija de inmigrante. Sobre todo, el sentimiento de ternura, protección y cuidado con nuestras madres. Nos hacen responsables continuamente de su bienestar y salud; a los hijos. Por este mismo motivo la culpa nos corroe de esta manera; porque creemos que la salud, el bienestar y la estabilidad de nuestra familia (sobre todo de nuestras madres) recae sobre el cuidado que debemos tener hacía ellos y del cuidado que tengamos con nuestra reputación (ligada de mil maneras con la virginidad).

Has estado con Conciencia Feminista en dos manifestaciones como las de Barcelona y Madrid. ¡Eso sí que es poner el cuerpo y el alma en una lucha tan justa como la vuestra y no lo que dice Irene Montero!

Es la primera vez en toda Europa que se manifiesta un grupo tan grande de mujeres laicas que proceden de contextos islámicos. Hicimos historia y nuestras compañeras que no proceden de nuestros contextos fueron testigos de ello. Hay muchas más que no quisieron jugársela acudiendo por sí le llegaba a su familia por cualquier vía, y hubo otras que sí fueron pero que no se quitaron la máscara blanca que llevábamos para proteger su identidad. Esto también es un hecho que debemos tener en cuenta para reflexionar y muy profundamente. ¿Cómo puede ser que, en capitales como Barcelona o Madrid de la Unión Europea, mujeres que proceden de contextos islámicos tengan miedo de ser relacionados con el feminismo, con nuestra sexualidad o con la laicidad? Y esto es responsabilidad de la izquierda. La izquierda debe ser laica (que no se confunda con ateísmo, por favor), feminista y antirracista. Me avergüenza y abochorna esta izquierda de plastilina y de “pa sucat amb oli” (algo de poca monta), como decimos en Catalunya.

Cuando hablamos de mujeres en contextos musulmanes parece que solo se habla de otros países como Irán, Arabia Saudí… sin embargo miles de jóvenes y mujeres estáis aquí y seguís siendo vapuleadas por la vida… ¿Cuál es el apoyo que necesitáis? ¿Está el feminismo a la altura de todo cuanto necesitáis?

El único apoyo que necesitamos por parte del feminismo en España es que nos respeten nuestros espacios como ciudadanas capaces de divulgar y de contextualizar nuestras propias opresiones y también de las que nos atraviesan en Occidente. Se tiende a pensar qué tan solo sabemos algo sobre el patriarcado islámico y nada del patriarcado Occidental, que también existe y mucho. Claro que cualquier mujer puede apoyarnos públicamente y debatir acerca de nuestra denuncia, pero siempre desde la formación y la información correcta. Por ejemplo, no vamos a debatir con quienes no sepan diferenciar un burka de un niqab.

Pedimos respeto y que se nos incluya. No puede haber convenciones feministas sin voces migrantes feministas, es algo que jamás podré llegar a entender. Nos une el feminismo y el patriarcado que nos atraviesa, pero nosotras además de sufrir el patriarcado de Occidente, también sufrimos el islámico y se le debe dar voz. Las maestras feministas también deben comprender que en su discurso no existe la interseccionalidad más que para referirse a nosotras con los tópicos. Esto debe acabar para no separarnos más y para acabar de limar las diferencias que hemos tenido y combatir el racismo conjuntamente. Porque del machismo nos debemos deconstruir, pero del racismo también, y esto es algo que no está tan claro como debería estar.

Si tuvieras que hacer una radiografía de vuestra vida. Si tuvieras que contarle a cualquiera que desconoce que significa nacer mujer y hacerlo marcada por una religión que lo impregna todo en un pecado infinito ¿cómo lo explicarías?

Nuestro pecado siempre fue ese: nacer mujer en un mundo creado y magnificado por y para los hombres. Nosotras somos las portadoras de la religión. ¿Qué quiero decir con esto? Ellos, los hombres, por más que incumplan los mandamientos islámicos y la “sunna”, jamás será puesta en duda su fe o la reputación de su familia. Por ponerte un ejemplo; podemos tener dos hermanos, hombre y mujer. El hombre podrá disfrutar de cuánta libertad desee por su simple condición de “hombre”, porque así se relaciona su naturaleza impulsiva y llena de vida y así lo defenderán siempre: “él es un hombre”. Podrá salir cuánto y cómo le plazca, beber alcohol como hace un gran porcentaje de hombres declarados musulmanes, mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio, acudir a la playa con su torso desnudo, entre otras. Pues nunca, jamás, su valía será puesta en duda o la reputación de su familia penderá de un hilo. 

Ahora bien, que lo haga cualquier mujer. Que cualquier de nosotras salga y vuelva a la hora que le dé la gana, que se beba un par de cervezas con cualquier amiga o simplemente que mantenga una relación sexual sin estar casada. No solamente la condenará la familia si no que la presión social que la comunidad ejerce con las habladurías y el señalamiento tendrá como resultado una indignación aún mayor en la familia y un castigo sin precedentes. Hablo de violencia física y psicológica, de repudio e incluso de devolución al país de origen en algunas ocasiones. No es solo la religión, es mucho más complejo que eso el control que se ejerce sobre una mujer. Y al final, cómo siempre, todo está relacionado con el valor que se le otorga a una mujer siendo ésta más o menos pura. Pureza que se relaciona con cuán buena musulmana eres, siendo la virginidad y la protección de ésta el foco de la cuestión.

¿Están las Administraciones Públicas ejerciendo políticas públicas feministas que os ayuden en algo?

Las instituciones públicas gustan de hacerse “las entendidas” en asuntos dónde la formación obtenida brilla por su ausencia. Verdaderamente creen que en nuestros contextos no existe la extrema derecha. Extrema derecha que casi siempre está relacionada con religiones y creencias alrededor del mundo. Extrema derecha que silencia a las mujeres cuándo éstas quieren desvincularse del patriarcado que emana de todas las religiones. Extrema derecha nacionalista y amante de la monarquía que ahoga y violenta a su pueblo obligándolo a migrar para poder sobrevivir. Esta extrema derecha existe aquí también, pero se ha camuflado muy bien y ha logrado tener y tejer muy buenas relaciones con la izquierda occidental. Así nos encontramos con una izquierda hipócrita e interesada que ha vendido sus valores a cambio de votos, cómo siempre. ¡Lástima que hayamos tardado tanto en dar el paso para poder hablar por nosotras mismas y marcar una agenda feminista y antirracista firme en cuánto a nuestros derechos como migrantes en España y como mujeres dentro de nuestra comunidad!

¿Cuándo ves que cada vez hay más jóvenes y mujeres veladas qué te recorre por el cuerpo?

El velo es el instrumento que utiliza el patriarcado islámico para marcarnos y además también les sirve a los racistas para detectarnos y señalarnos mediante su odio. Además de esto, el velo es un tema que crea mucho morbo en Occidente. Morbo a través del cual se infantiliza y violenta a las mujeres que proceden de contextos islámicos. Hay que desconfiar de quiénes usan discursos sensacionalistas dónde el velo siempre es el foco de atención y que además no profundizan en todas las demás realidades que nos atraviesan. Por otro lado, el movimiento antirracista de España nos ha hecho mucho daño a las mujeres por el blanqueo del patriarcado islámico y por cómo han blindado la crítica religiosa. Incluso a nosotras nos siguen infantilizando, comentando que “nos han comido el coco las feministas blancas”. Y no hablo solo de hombres, si no hablo de aquellas mujeres que venden su discurso y su imagen como activistas antirracistas y decoloniales.

Todas estas personas omiten la realidad religiosa que atraviesa a las mujeres migrantes, y las pocas veces que han tratado el tema siempre ha sido de una manera superficial y achacando toda la responsabilidad a la cultura. Además de esto, también se consideran feministas sin serlo y además participan de manera activa en la caza publica de aquellas mujeres disidentes que dan el valiente paso de denunciar públicamente sus vivencias, consiguiendo así una revictimación brutal al culpabilizarlas de que a través de su denuncia o testimonio están dándole más alas al racismo. Racismo que también sufren y denuncian las víctimas.

El resultado de la suma de todos estos factores, incluyendo esta vertiente del movimiento antirracista, el posicionamiento de la izquierda y el racismo nos da este resultado. Cada vez niñas más jóvenes son veladas y violentadas en sus derechos, incluidos la educación. Han llegado a un nivel inimaginable, incluso manifestándose para quitar la educación sexual de la educación pública porque atenta directamente contra los mandatos religiosos islámicos que es justamente lo mismo que hace la derecha rancia española con el catolicismo y el ideal de familia.

¿Cuál sería el deseo que te gustaría hacer realidad?

A veces peco de ser soñadora, pero si no lo fuera quizás no habría llegado hasta dónde he llegado. Me gustaría que llegáramos a encontrar un equilibrio en todo esto, sobre todo con la familia. Que los europeos respetaran finalmente a la comunidad migrante sin violentarla en ningún sector, ya sea el académico o el laboral o simplemente en espacios públicos. Que nuestra condición migrante no cuantificara el valor que tenemos como ciudadanía. Que pudiéramos acceder a viviendas dignas como cualquier otro hijo de vecino. Que pudiéramos tener puestos laborales con la misma posibilidad que cualquier otro ciudadano con apellidos castellanos. Que se dejara de utilizar la palabra “ilegales” al hablar de inmigración. Que nuestro país de origen dejara de enviarnos a morir en el estrecho. Que nuestro país de acogida dejara de apalizarnos y asesinarnos en las vallas o en el mar.

Que el feminismo estuviera integrado en las aulas y en los hogares. Que pudiéramos vivir los disidentes con nuestras familias aún sin compartir la misma fe. Que nuestra comunidad también aceptara la diversidad tan bella y coloreada que existe entre nosotras y nosotros sin condenar a nadie al ostracismo. Que pudiéramos amar a quien deseáramos sin renunciar al calor del regazo de nuestras madres. Que las instituciones conozcan nuestras raíces, nuestra cultura y nuestro potencial si tuviéramos las mismas oportunidades. Y, sobre todo, que se protejan y blinden nuestros derechos y nuestra dignidad como cualquier otra persona europea, sobre todo con la infancia. Eso desearía con todo mi corazón.