¿Por qué hay que decantar el vino?

A quien se haga esta pregunta, lo primero que hay que responderle es que no siempre es necesario hacerlo. La necesidad de decantar un vino varía en función de diferentes factores, pero lo cierto es que hay tres motivos fundamentales por los que sí se debe decantar un vino: para separar los posos o sedimentos que pueda contener la botella, para airearlo u oxigenarlo, y para abrirlo.

En el primer caso, se recomienda decantar el vino para separarlo de los posos o sedimentos que pueda contener la botella.

Estos sedimentos se encuentran con mayor frecuencia en vinos con tiempos de crianza prolongados. Es algo normal, propio de los procesos de oxidación o de reducción que se producen durante la fermentación y maduración de algunos vinos.

A la hora de decantar el vino, se debe colocar la botella en posición vertical un día antes del momento en que se vaya a consumir. Esto suele ser necesario cuando se trata de vinos con una crianza larga, generalmente reservas y grandes reservas. De esta forma se facilita que los posibles sedimentos se precipiten en el fondo de la botella por la fuerza de gravedad.

Una vez abierta, hay que evitar moverla demasiado y verter el vino con cuidado en el decantador, inclinándolo levemente. También es importante observar el cuello de la botella y parar cuando se vea que los posos se van acercando. Después se debe dejar en reposo durante unos minutos para que los sedimentos que se puedan haber escapado, se precipiten hacia el fondo.

En segundo lugar, es necesario decantar el vino para airearlo u oxigenarlo.

Cuando se abre una botella de vino de una cierta crianza, hay veces que se perciben olores un poco desagradables. Estos olores se generan durante los procesos de reducción y la falta de oxígeno hace que huela a cerrado. En este caso, el contacto del vino con el aire hace que se ventile y entonces aparecen sus auténticos aromas.

En estos casos, el vino se debe decantar con cuidado, ya que una excesiva oxigenación podría ser contraproducente. Lo mejor es que se cate primero sirviendo un poco en una copa y dejando que se airee durante unos diez minutos. Si los aromas mejoran, se decanta el resto de la botella, ya que así se facilitará que el vino se oxigene en poco tiempo.

Y en tercer y último lugar, es recomendable decantar el vino para abrirlo.

Con los vinos jóvenes puede ocurrir que tengan una intensidad aromática leve y el proceso de decantación sirve para abrirlos. Y aquí el propio contacto con el aire favorece que desarrollen su potencial aromático.

El proceso es el mismo que cuando se gira el vino en la copa, que hace que la oxigenación potencie sus aromas, sobre todo los matices frutales.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *