Renovarse o morir, fin último de la zarzuela

ObraViene este post a cuento del revuelo que se formó la semana pasada con el bochornoso intento de boicot por parte de algunos espectadores de la zarzuela o, mejor dicho del espectáculo musical ‘¡Cómo está Madriz! que se ha representado hasta el 12 de junio en el Teatro de la Zarzuela de Madrid.

He visto ‘¡Cómo está Madriz!’, estuve en el estreno el pasado 20 de mayo, por eso puedo hablar del espectáculo y,además, adelanto que me encantó. Me pareció diferente, divertido, ocurrente, provocativo pero no ofensivo, moderno, con un Paco León arriesgado y en estado puro, y, por supuesto, con los siempre maravillosos intérpretes de la orquesta y el coro del Teatro de la Zarzuela.

Además, los actores supieron interactuar con los espectadores que en todo momento se sintieron identificados con el espectáculo y disfrutaron una barbaridad, incluida la duquesa de Franco que se quedó hasta el final, no como pasó con otros espectadores, y, además, aplaudió a rabiar desde su palco.

Paco LeónLo que está claro es que se trataba de una versión libre, mejor dicho muy libre, de Miguel del Arco de las zarzuelas ‘La Gran Vía’ y ‘El año pasado por agua’. El hilo conductor era un Paco León que vive en la actualidad en plena Plaza Mayor de Madrid y se queja de los ruidos que tiene que soportar en su casa y que no le dejan dormir. Una noche consigue conciliar el sueño y se ve transportado al siglo XIX, fecha en la que transcurre la acción del espectáculo y se convierte en un intérprete más de la zarzuela.

Además, habla con los personajes que participan en la obra y hace una comparación entre la situación social y política que vive Madrid en el siglo XIX y en la actualidad, lo que le sirve para criticar y denunciar algunos aspectos de la vida de los madrileños como la corrupción, la deuda pública o la libertad de expresión.

Porque para quien no lo sepa, es precisamente la denuncia lo que ha hecho popular a la zarzuela desde el siglo XIX, que es cuando experimenta su mayor auge en España. De hecho, muchas veces el éxito de una obra se debía a una o más canciones que el público se aprendía y daba a conocer oralmente hasta que se hacían muy populares.

Aquí, como en toda zarzuela que se precie, había números hablados, cantados, aunque en este espectáculo prácticamente todo el peso recae sobre el coro, que se aderezaban con escenas cómicas o de denuncia política y social. Y por si alguien no lo sabe, en las zarzuelas siempre ha abundado el género costumbrista y regionalista y en los libretos se recogía toda clase de modismos, regionalismos y jerga popular para asegurar que la interpretación fuera un éxito. Digamos que la zarzuela se alzaba como altavoz de muchas de las preocupaciones del pueblo.

Quiero decir con esto y sin pretender hacer una crítica que vaya más allá de lo que puede apreciar una aficionada desde pequeña a la zarzuela, (he vivido en una familia muy zarzuelera), que el espectáculo, aunque arriesgado, merecía la pena. Por eso no entiendo, no ya la crítica que siempre es respetable, sino el comportamiento público de algunas personas. Asistir a un espectáculo simplemente para reventarlo, me parece lo peor. Además, desde siempre ha existido el derecho al pataleo, pero, por favor, al final del espectáculo.

Teatro de la ZarzuelaOtro aspecto para mí muy importante es que no se puede dejar morir algo tan nuestro como la zarzuela. Por eso me parece encomiable que desde el Teatro de la Zarzuela, tal y como lo señalado en diversas ocasiones su nuevo director, Daniel Bianco, se haga un esfuerzo por acercarse a las nuevas generaciones, para quienes, seamos realistas, un género como la zarzuela es casposo, viejuno y apesta a naftalina.

Pensar que siempre el pasado fue mejor pone cortapisas y no permite que el mundo avance. Y esto mismo ocurre en sectores de la vida tan diferentes como el del arte, la arquitectura, la música, la ópera, la gastronomía, la restauración, el vino, la moda…

Todo necesita una ‘puesta al día’ por varias razones: porque hay que vivir acorde con los tiempos que nos toca, porque el futuro está ahí y porque nadie se puede exponer a que le ocurra lo que al diario ABC, que se le van muriendo sus lectores.

 

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