Mercadillos, outlets y ‘pop up stores’ II

Dado que para muchos el interés por los mercadillos no conoce fronteras, esta semana os voy a hablar de los más relevantes, aunque algunos no sean muy conocidos, del Reino Unido, Francia, Italia y Portugal. También, no nos engañemos, están más a mano y es más probable que cualquiera de vosotros se pueda dar un paseo por alguno de ellos.

Solamente en la ciudad Londres es increíble la afición que hay entre los propios londinenses por los mercadillos. Está claro que se puede encontrar cualquier cosa, son baratos y, por supuesto, se encuentran auténticos chollos. Desde luego que para muchos el hecho de preguntar, buscar y encontrar se convierte en sí mismo en algo divertido.  Y en esto de los mercadillos, Londres es un auténtico paraíso: en los muchos que hay repartidos por toda la ciudad es un placer descubrir antigüedades y objetos de colección, encontrar ropa maravillosa, comprar la fruta más fresca o exótica e incluso probar las mejores delicatessen entre los puestos del mercado y elegantes restaurantes.

El Mercadillo de Portobello Road es quizá uno de los más conocidos internacionalmente y por supuesto por los españoles que visitan Londres. Aquí la platería, en general plata inglesa, para entendernos, y la ropa vintage son sus especialidades. Pero también se pueden encontrar obras de arte y cualquier otra cosa que relacionada con las antigüedades y no solo con ellas. Por ejemplo y aunque no sea políticamente muy correcto, se encuentran unos abrigos de piel fantásticos.

Todos los sábados el famoso mercadillo de Portobello Road, quizá el mayor mercado de antigüedades del mundo, expone sus mercancías en el barrio londinense de Notting Hill, de 8 de la mañana a las 17 horas. Los precios de las mercancías varían e incluso si al final no encuentras tu chollo, la visita habrá valido la pena ya que siempre está muy animado y hay mucho ambiente. Es agradable, de hecho, aunque sólo sea pasear por los puestos y observar los objetos y las baratijas que tienen algún tipo de historias del pasado para desentrañar.

Muy cerca se encuentra también el Mercado de Notting Hill, con leche, quesos, yogures, fruta fresca y muchas otras deliciosas especialidades expuestas en puestos fuera de la estación de metro.

Uno de mis preferidos es el Mercado de Camden Town, que abre los sábados de 10 a 18 horas. Este mercadillo situado al norte de Londres es sin duda el más alternativo y extravagante, una mezcla de gustos de lo más original y variopinto, y para los aficionados a mirar, un teatro en la calle con personas y cosas susceptibles de retratar. Hay gente de todo tipo: desde señoras muy british y súperelegantes que hacen la compra o se sientan en las cafeterías, hasta punks con cresta paseando por sus calles y turistas a la caza de regalos divertidos. Eso sí, nadie mira a nadie y todo el mundo va a su aire.

Y es que el Mercadillo de Camden Town es así: colorido y excéntrico. En sus cinco zonas, algunas al aire libre y otras cubiertas, se puede disfrutar de las cocinas de todo el mundo, desde China hasta México, pasando por Italia o Marruecos, en restaurantes de lo más apetecibles y bonitos, y toparse con puestos y tiendecitas de todo tipo y para todos los bolsillos para comprar desde camisetas de jóvenes diseñadores hasta artículos hechos a mano, objetos de culto para los fans de los Beatles o de los Rolling, discos, muebles de todo el mundo o ropa histórica o extraña.

En Francia son también muy, pero que muy aficionados a todo tipo de mercados y mercadillos. Incluso se podría decir que en todo el país, los mercadillos de segunda mano y los mercados de antigüedades forman parte de la tradición popular, y de hecho los hay en casi todos los pueblos y ciudades a lo largo de todo el año, excepto en invierno, por el frío que hace.

Es más, aquí son famosas sus ‘braderies’ o mercadillos de ocasión en los que se pueden encontrar prácticamente de todo a unos precios estupendos. La ‘braderie’ suele montarse cada domingo en sitios diferentes. Sus orígenes hay que buscarlos en los períodos de entreguerras, cuando se dice que estos mercados informales surgieron como una forma espontánea de conseguir un poco de dinero en momentos difíciles.

De hecho, en la actualidad su estructura y comportamiento siguen siendo básicamente los mismos que en sus orígenes. Un grupo de particulares y tiendas de una ciudad se ponen de acuerdo para organizar un mercadillo en un lugar y momento específicos y… ¡voilà!: bártulos a la calle, puestos de todo tipo y cientos de personas disfrutando de un domingo de paseo y chollos.

Pero, lo cierto es que lo de menos es comprar. El espectáculo lo constituye el pasar un día diferente, mezclarse con los habitantes de la zona y disfrutar de un aliciente completamente local.

Y de entre todas las que conozco mi favorita es la de Biarritz, que se celebra desde hace años en el mes de septiembre. Este año en concreto los días 20 y 21, de 9 a 19 horas en el centro de la ciudad. Casi 150 tiendas ofrecen productos de grandes marcas a precios irresistibles. Se puede encontrar desde moda, lencería, zapatos, accesorios, maletas, perfumes y productos de belleza, decoración, ropa de casa… Miles de artículos a los mejores precios.

También hay que mencionar por su belleza los mercados y los ‘videgreniers’ de la Provenza y la Costa Azul. Los mercados provenzales tienen lugar todas las semanas y en ellos los productores y artesanos locales montan unos puestos magníficos, cuidando los detalles y realzando la belleza y la calidad de unos productos excepcionales. Los mercados provenzales pasan de esta manera a ser algo más que lugares de compra-venta: son un escaparate para los visitantes, lugares de interés turístico que han pasado a formar parte del patrimonio provenzal. Pasear por cualquiera de los mercados de Provenza constituye un auténtico placer, toda una aventura en la que uno se lanza al descubrimiento de un mundo lleno de colores, esencias y aromas, de la más bella artesanía y de los más deliciosos productos de la tierra.

Por su parte un ‘videgrenier’ implica deshacerse de aquello que la gente tiene almacenado en casa y que ya no tiene interés en seguir usando, por lo que decide “reciclarlo”. Los ayuntamientos o asociaciones de los pueblos y ciudades provenzales organizan ‘videgreniers’ abiertos a todo el mundo, profesionales y particulares; los profesionales suelen vender antigüedades, mientras que los particulares, la gente del pueblo, vende objetos que ya no usan y que en muchos casos están en muy buen estado, a un precio en muchos casos irrisorio. Pueden encontrarse con auténticas curiosidades. Este tipo de mercados se instalan en pleno centro urbano, un emplazamiento ideal para atraer a visitantes del exterior que pueden así descubrir un rico patrimonio. Además, los videgreniers suelen ser muy animados, con música y un chiringuito donde la gente puede comer y beber, disfrutando del ambiente.

Y no puedo terminar de hablar de Francia sin mencionar ‘el mercadillo por excelencia’ de París, el Mercado de las Pulgas o Marché aux Puces que abre los sábados, domingo y lunes, desde las 9,30 de la mañana y hasta las 18 horas.

Surgió en el siglo XIX como consecuencia de la prohibición de trabajar en París a los traperos y chamarileros, que decidieron instalarse a las puertas de la ciudad. Poco a poco comenzó a regularse la situación del mercado en el municipio de St. Ouen y es a principios del siglo XX cuando se puso de moda al publicar los periódicos de la época reportajes en los que se afirmaba que en medio de tanta baratija podían encontrarse piezas excepcionales.

Hoy en día es uno de los mercadillos más grandes y concurridos. Dicen que es el cuarto lugar más visitado de Francia, y el segundo de París. Desde luego, aquí puede encontrarse prácticamente de todo: antigüedades, objetos de coleccionista, ropa de segunda mano…

Por toda Italia también se encuentran mercados y mercadillos de lo más interesantes. En casi todos los pueblos se celebran semanalmente mercadillos en los que se puede encontrar prácticamente de todo: desde alimentación (frutas y verduras frescas), plantas, artículos para la casa, moda… a unos precios estupendos. Además, en muchos de estos mercados regatear es una obligación, así que mucho ánimo y paciencia porque se pueden conseguir auténticas gangas.

Uno de los mercados más conocidos de Italia es el Mercado de la Paja o Mercato Nuovo de Florencia. Situado en la Piazza del Mercato Nuovo bajo unos preciosos soportales del siglo XVI, está abierto todos los días de la semana excepto domingos y festivos, de 9 a 18, 30 horas. Aquí se pueden encontrar, entre otras muchas cosas, seda italiana, sombreros y bolsos de paja y artículos de piel a unos precios más que interesantes.

Y por supuesto, el Porta Portese de Roma, que está abierto los domingos. Este histórico mercadillo romano, se extiende desde la Puerta Portese, antigua puerta romana que empieza en Piazzale Portuense, hasta Via Ippolito Nievo, en las calles paralelas a Trastevere.

Aquí se puede encontrar de todo, desde bolsos de piel a bicicletas, desde vestidos hasta muebles, zapatos, discos, accesorios para la cocina, plantas, antigüedades, bisutería, objetos de segunda mano….

No puedo terminar este post sin mencionar los maravillosos mercadillos de Portugal, que se llaman ‘feiras’ o ferias. Estos mercados son una parte integral de la vida portuguesa. La mayoría se celebran en la plaza principal del pueblo una vez por semana, y a veces con más frecuencia.

En ellos se venden una amplia gama de productos de alimentación, antigüedades y artesanías para el hogar y ropa. La mayoría de los mercados tienen lugar por la mañana, aunque en las zonas turísticas a menudo se prolongan hasta el final de la tarde.

Los que mejor conozco son los del norte de Portugal. De todos ellos el más famoso es el de Barcelos, que es inmenso y se celebra todos los jueves. Aquí se puede encontrar de todos, incluso cerámica, encajes, bordados y alfombras. También es muy importante la feria de Vilanova da Cerveira, que se celebra cada sábado y es una de las más grandes.

En Caminha, la feria  se celebra todos los jueves en la Plaza Praça Pontault-Combault. Este es un mercado cuya existencia está documentada desde 1291. En la feria de Caminha se puede comprar gran variedad de artículos para el hogar, ropa y zapatos, artesanía (sobre todo alfarería), productos de alimentación… También es apetecible la de Valença do Minho, que se celebra los miércoles, y de paso visitar La Fortaleza, un recinto amurallado con un pueblo dentro y que está lleno de tiendas y restaurantes.

Y por último, en Lisboa, de entre los muchos mercadillos que hay, el más famoso, pintoresco y turístico es el mercadillo conocido como la Feira Da Ladra, que en español significa ‘Mercado de la Ladrona’. El nombre viene del origen de este mercadillo, allá por el siglo XIII cuentan, cuando los rateros y los contrabandistas y estraperlistas se reunían para vender sus botines, a buenos precios.

Espero que mis comentarios sobre todos estos mercadillos os resulten entretenidos y de alguna utilidad. Más adelante os hablaré de los espectaculares mercadillos de Navidad que ya a principios de noviembre empiezan a llenar de luces muchas ciudades europeas.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *