No es un oficio

Acabo de llegar, saltando de página en página, a una entrevista que Ana Sánchez Borroy realiza a Ana de Miguel, autora del libro Neoliberalismo Sexual.

Desde los titulares quedé atrapada y supe que necesitaba leer el resto, porque me indigna profundamente que desde los poderes públicos se afirme que la prostitución es un oficio.

Nos dicen que han elegido libremente ser diputado o diputada, ser ejecutiva o de emprendedora con 3.000 euros de sueldo y, claro, ¿qué van a hacer si otras eligen estar desnudas, en bragas rojas, con tacones tras un escaparate?”
“La libre elección es una tomadura de pelo para los que no pueden elegir nada. El esquema neoliberal es que todo se puede comprar y vender, y es repugnante”

“A la derecha neoliberal le compensa apoyar lo que llaman ‘libre elección’ de las mujeres en el aborto para justificar la prostitución y los vientres de alquiler”

Evidentemente, no estoy dispuesta a explicar si comparto el cien por cien de sus opiniones pero ello no me impide recomendar fervientemente que lean las explicaciones y su postura ante aspectos cruciales a lo largo de la entrevista.

Ana de Miguel es profesora del Departamento de Filosofía Moral y Política de la Universidad Rey Juan Carlos. Discípula de Amelia Valcárcel y de Celia Amorós, dirige el curso de “Historia de las teorías feministas” del Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid.

LIBERTAD Y LIBRE ELECCIÓN
<<La libertad y la libre elección es un gran valor por el que ha luchado mucho el socialismo y el feminismo, entendido como no estar sujeto ni subordinado a nadie. Ahora, este valor se reconvierte en una apología del capitalismo neoliberal, que mantiene que todo se puede comprar y vender y que el único límite es el consentimiento individual de las personas. Este es el esquema neoliberal, que es repugnante: todo se puede comprar y vender. El mundo es un centro comercial, tonta serías si no sacaras partido a tu mejor recurso, que es tu cuerpo. Es tremendo>>.

SLOGANS

<<Por ejemplo, “mi cuerpo es mío” es un eslogan del movimiento feminista, con todo derecho. Es muy importante: significa “mi cuerpo es mío” en el sentido de que no es tuyo ni del Estado; no es de otros. El neoliberalismo lo ha convertido en la idea de que tu cuerpo es tu mercancía, en “tráelo al mercado, nos interesa ponerlo detrás de un escaparate y venderlo”, en “sácale rendimientos” a lo que una socióloga denominaba “tu capital erótico”.

Por eso, tenemos unas generaciones nuevas en las que su cuerpo se ha convertido en su cárcel. Para ellos, el cuerpo es una fuente de identidad muy importante, de valorización, y esperan mucho del sentido de su vida a través del éxito que les pueda dar su cuerpo. La cuestión es cómo este neoliberalismo sexual refuerza a su vez el neoliberalismo económico. La desigualdad entre hombres y mujeres siempre ha actuado legitimando el orden social y económico de cada tiempo. Entonces, ahora, la idea de que el sexo es bueno, que se puede y se debe comprar y vender, de que no hay límites para la compra y venta de los cuerpos… refuerza todo el neoliberalismo global, que es la supercreencia de que todo se puede comprar y vender.>>

SOBRE PROSTITUCIÓN

<<La derecha no tiene vergüenza, ¿qué vamos a decir? Quienes mantengan que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, quienes defiendan que las mujeres tienen que ser libres para venderse o vender trozos de su cuerpo… si un político o una política mantiene esto, tiene una oportunidad de oro de demostrárnoslo. Si les parece que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, con lo que están invitando a alumnas y a miles de parados de este país a que tomen nota y lo realicen, que nos demuestren que es un trabajo como otro cualquiera: igual que van a un mercado, se ponen un delantal y venden pescado un rato, que vengan al polígono Marconi y que se prostituyan unas horas. Así nos mostrarían que es un trabajo como otro cualquiera. Si no, pensaremos que son unos hipócritas: nos dicen que han elegido libremente ser diputado o diputada, ser ejecutiva o de emprendedora con 3.000 euros de sueldo y, claro, ¿qué van a hacer si otras eligen estar desnudas, en bragas rojas, con tacones tras un escaparate? ¿Tú has elegido las bragas y el escaparate y yo he elegido ser diputada para luchar contra el independentismo? Es que la libre elección es una tomadura de pelo para los que no pueden elegir nada.>>

SOBRE GESTACIÓN SUBROGADA Y PROSTITUCIÓN

<<La prostitución y los vientres de alquiler tienen más cuestiones similares que distintas, porque las dos significan convertir el cuerpo de las mujeres en un cuerpo de libre acceso para que los demás disfruten de lo que entienden que es su placer o su sentido de vida, en forma de placer sexual o de tener un hijo como sentido de vida. Es un cuerpo para que se realicen sus deseos. También hay gente que hace del sentido de su vida follar con mujeres: llegar a X cifra, probar todas las etnias… Cuando el debate de los vientres de alquiler llegó a este país, hace cinco o seis años, creamos el lema “no somos vasijas”. Era una respuesta desde la filosofía moral y política, utilizando la frase de Aristóteles de que las mujeres son “como vasijas vacías” en las que los hombres ponen el semen creador. De esta forma, con esa frase, creábamos argumentos, que es lo que necesitamos para convencer a la gente.

Con el tema de los vientres de alquiler se ha conseguido de una manera relativamente rápida y profunda porque la argumentación es de mucho peso sobre el mundo que queremos hacer, como sociedad, no como personas individuales, sino como comunidad humana que somos. La clave del éxito es que toda la izquierda y todo el feminismo, a pesar de muchas renuencias iniciales, al final ha comprendido que no podía apoyar convertir a las mujeres por libre elección en cuerpos de libre acceso. Porque cuando dejamos a la libre elección cuestiones importantes, ¿qué estamos ofreciendo a la gente que solo tiene su cuerpo, como les ocurre a los millones de personas que llegan por el sur o el este de Europa? Cuando dices que se prostituya solo la que quiera, estamos diciendo que se prostituyan las que no tienen más que su cuerpo.>>

Cuando los poderes públicos quieren convertir la prostitución en una actividad profesional, como puede ser la de electricista o asesor fiscal, a mí se me revuelven las tripas. Se refieren a esta lacra como si fuera una profesión de libre ejercicio. No, no, señoras y señores, no lo es. Hay algunas que alquilan su coño porque se les antoja un Gucci, pero son tan pocas que no merece siquiera mencionarse y desviar el tema. Las mujeres que lo hacen obligadas por un estado de necesidad, aunque afirmen practicarlo desde su libertad, no son precisamente dueñas de sus actos. La falta de recursos les obliga. Evidentemente es exigible a los políticos que lo regulen, que se determinen unas medidas higiénicas y de seguridad, un régimen fiscal y tributario, que tipifiquen el consumo de servicios sexuales que son la esclavitud del s.XXI,… Regulación, sí, pero eso no implica que lo hagan confiriendo a semejante nido de traficantes y proxenetas, de víctimas y de puteros, el status que a los médicos, los ingenieros o las azafatas…

¿Les digo un buen argumento para negarme a considerarlo “un trabajo”? Pues miren: yo he estado contratada en diversas empresas muchas veces y durante muchos años. También, por cambios en el accionariado, crisis económica, carecer yo de padrinos y de enchufes, etc., me he visto literalmente en la cola del INEM. Y si ser puta tuviera epígrafe propio y si fuera una “profesión”, siempre quedaría la opción de que algún desgraciado me sugiera que me meta a puta como salida laboral, o me recrimine que si estoy desempleada es porque me da la gana, porque tengo un coño y si no lo uso, es porque no quiero trabajar. Y como yo sé que lo que a mí me suceda a ustedes les da igual, piensen que en vez de a mí, les dicen esto a sus madres, hermanas, hijas o sobrinas.