Gracias a Dios

  Entre las cosas que me hacen amar esta profesión que me va abandonando como un marido infiel deja a su esposa, sin mirarla a la cara, follándose a otra en un hotel camino de la oficina, inventando congresos para escaparse el fin de semana de sus obligaciones familiares, comprando con efectivo regalos para otra…, así, así de asquerosa siento la muerte de mi oficio, está la cantidad de opciones para asomarme a la cultura que me ofrece. Amo el teatro. Amo la fotografía. Amo el cine… y poder salir de casa el típico lunes o martes por la mañana para ver una peli antes de su estreno en salas me parece un lujo, un privilegio, una especie de conjuro contra el envejecimiento; me parece lo más, en definitiva. Y ya cuando la película sirve para arrojar luz y denunciar realidades que por siniestras razones los poderes fácticos encubren y pretenden dejar sin castigo y permiten que sus perpetradores queden impunes, es decir, cuando una producción se atreve a meter el dedo en alguna llaga, compruebo con satisfacción que sigo enamorada de mi oficio como el primer día, y que prefiero madrugar a irme de compras y desafiar a mi poderosa y entrenada capacidad de endeudamiento.

Quien lee mi muro en las redes sociales sabe que no me tiembla el pulso a la hora de compartir las noticias que evidencian la maldad intrínseca y la degeneración más absoluta de las instituciones religiosas y de los representantes de dioses y profetas de uno y otro credo. Al final, el monoteísmo administrado por pervertidos con vestidos largos está demostrando que el infierno está muy cerca: bajo sus sotanas y túnicas. Si los imanes que captan fieles para radicalizarlos y que se inmolen haciendo caer a cuantos más infieles mejor me dan mucho miedo y mucho asco, las fechorías de los pederastas que reparten ostias consagradas me revuelven literalmente las entrañas. Sé que mis lectores entenderán que sobre esto, ni media broma admito.

Las más recientes noticias vienen a revelar que la institución apostólica romana necesita no ya un cambio, sino una auténtica desratización. Aquí, si tuviera patrocinadores, metería un banner con empresas de tratamientos antiplagas.
Aquí tienen mi recomendación: GRACIAS A DIOS, que se estrena en cines el 18 de abril.

GRACIAS A DIOS es una película de ficción inspirada en la historia de las víctimas del sacerdote Preynat en Lyon y en los inicios de la asociación “La palabra liberada”. La película cuenta la lucha de tres víctimas que consiguieron destapar uno de los escándalos más dolorosos que jamás haya salpicado a la Iglesia católica de Francia. Un hecho que refleja que los tiempos han cambiado y que por fin se ha roto la ley del silencio.  

Con la sensibilidad que le caracteriza, Ozon cuenta la historia desde el punto de vista de las víctimas para indagar cómo vivieron su trauma, cómo se liberaron a través de la palabra y cuáles fueron las repercusiones familiares y sociales. Un largometraje que muestra nuevamente la indiscutible relevancia de François Ozon en el panorama cinematográfico actual, tanto por su prolífica carrera como su talento a la hora de saltar de género en género y la calidad de sus producciones.  

El trío protagonista de la película lo forman los actores franceses Melvil Poupaud, Denis Ménochet y Swann Arlaud, que encarnan a tres de los personajes reales que fundaron la asociación: Alexandre, François y Pierre Emmanuel, los “héroes” que inspiraron a Ozon.  

Más de 900.000 espectadores franceses han visto GRACIAS A DIOS desde que se estrenara el pasado 20 de febrero. Todo un logro para una película independiente que apenas unas semanas antes fue recibida con entusiasmo en la Berlinale. El jurado del festival le otorgó el Oso de Plata Gran Premio del Jurado, galardón que Ozon recibió con alegría “por un tema que significa mucho para mí, la protección de la infancia, y también por una película que rompe el silencio de los abusos sexuales en una institución muy poderosa”.