Stealthing

No es una práctica nueva. De hecho, hace tiempo, en este mismo blog traté acerca del stealthing. Hoy mismo, una amiga lo comentaba en su muro y me parece necesario reflexionar e informar acerca del tema, porque es muy grave y muchas personas (hombres y mujeres) han sido víctimas de lo que sin duda es una variante de violación, un delito sexual.

Me niego a afirmar que se trata de una “moda” porque en este mundo de imbéciles que se matan por hacerse un selfie, provocaría el efecto llamada de los asesinatos de violencia machista donde el hijo de la grandísima puta se carga a los hijos además de matar a la madre/esposa, o como ha sucedido tras publicitarse a bombo y platillo y muy irresponsablemente el caso de La Manada.

Sería peligroso darle alas y ponerle foco a los tarados que lo imponen en sus relaciones sexuales ya que, insisto, se trata de una práctica no consensuada, que atenta contra la libertad de la persona y que la pone en peligro de un embarazo no planificado y de contraer ETS, sida, hepatitis, etc. Pero hay que saber que esto sucede, precisamente, para estar alerta y evitar que nos pase. Y ahora, me tacharán de retrógrada les modernes que hablan en femenino y que evalúan como heteropatriarcado y represor cualquier atisbo de sentido común haciendo divulgación sexual y les molesta que se dé información sobre los efectos colaterales a tener sexo. Sí, querides modernes sacados de un Todo a 1€, follar mola, pero mola más poder olvidarse del tío que te echó el polvo si ésa es tu intención. Hay que saber que existe el riesgo de enfermar o de sufrir, y mucho, las consecuencias de ese rato de sexo (placentero quizá, porque follar mola mucho a veces… aunque eso nadie te lo garantiza a priori). Ganarte una gonorrea o quedarte preñada por un “deja que te sude encima” de media hora no compensa, amiguis. Así que, lean.

El “stealthing” se definiría como una práctica de altísimo riesgo donde el hombre se retira el condón durante la relación sexual sin consultarlo antes con su pareja.

¿La razón? Los expertos refieren que el principal argumento para realizar esta práctica sexual es que “no se siente lo mismo tener relaciones sexuales si utilizan condón”.

Esta práctica se lleva a cabo también en la práctica de sexo anal y en parejas homosexuales.

Entre otros derechos, esta práctica estaría conculcando los derechos a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables.

En países como España esta práctica es considerada un abuso sexual, por lo tanto, su práctica es ilegal, de acuerdo con la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal.

En España, la pena para quienes practiquen el stealthing, va  de 6 meses hasta los 4 años de prisión.

Vi el artículo y cuanto más leía más pensaba: ‘¡Dios mío, eso es lo que me pasó a mí! No sabía que era tan común que ya tenía un nombre”.

Louise (no es el nombre real), de 22 años, hablaba de cómo se dio cuenta de que algo que le había sucedido con un amigo “con beneficios” y la había hecho sentir mal era stealthing.

Estaba leyendo un artículo de la BBC en el cual se explica el stealthing, un término que en inglés significa “en sigilo” o “secretamente” y que se usa para describir la “moda” entre algunos hombres de quitarse el condón durante la copulación a pesar de haber acordado con su pareja usarlo.

La ley no es igual en todo el mundo pero en opinión de la abogada experta en delitos sexuales Sandra Paul, “la persona está potencialmente cometiendo una violación”.

“Tiene que haber algún acuerdo de que se va a usar el condón o que se va a retirar”, explica.

“Si la persona no sigue las reglas, la ley dice que no hubo consentimiento”.

En lenguaje menos legal, si acuerdas tener relaciones sexuales usando un preservativo y te lo quitas sin decir nada, ya no tienes consentimiento.

Y la violación es cuando “penetras a otra persona y esa otra persona no lo consintió”.

Sin embargo, no todo el mundo está tan seguro de que sea buena idea llamarlo stealthing.

“Siempre me sorprende cuando le ponen nombres como este a cosas que efectivamente son sólo otra forma de asalto sexual”, le dice a la BBC Katie Russell, de la ONG Rape Crisis.

“Si alguien da su consentimiento a un acto sexual específico con el uso de anticonceptivo y tú cambias los términos de ese acuerdo en medio del acto, eso es una ofensa sexual”.

“Darle un nombre como stealthing hace que suene relativamente trivial”, señala.

“Es un término muy aceptable para algo que es extremadamente inaceptable y que de hecho es un acto de violencia sexual”.

¿Qué se debe hacer si te ocurre?

“Hablar con alguien de tu confianza, como un amigo o familiar, o consultar a un especialista. Necesitarás que te escuchen, que te apoyen, que te ayuden a pensar cuáles son tus opciones y qué quieres hacer”.

Más sobre el tema: Catalogada en algunos países como una agresión sexual, la peligrosa tendencia del stealthing (que podría traducirse como “sigilosamente” en español), consiste en que los hombres se quiten a escondidas el preservativo mientras tienen una relación sexual, sin consentimiento ni conocimiento de la otra persona.

Lamentablemente, la proliferación de casos de agresión sexual y la invención de nuevas formas no punibles de ejercer violencia de género, está a la orden del día. Varones heterosexuales (y también homosexuales) aficionados a lo que ahora se cataloga como stealthing, comentan sus experiencias y se dan consejos en redes para promover la práctica “segura” de esta temeraria y cobarde práctica, desoyendo el peligro de contraer o contagiar enfermedades de transmisión sexual. Entre otros apuntes, estos hombres comparten asiduamente información sobre cómo hacer que los condones sean más frágiles para que se rompan “accidentalmente” durante el acto.

La abogada estadounidense Alexandra Brodsky, ha sido una de las pioneras en perseguir esta práctica y explica a través de su publicación Violación-Adyacente: Imaginando las Respuestas Legales a la Eliminación No consensuada del Condón, que quitarse el condón sin el consentimiento de la pareja durante una relación sexual expone a riesgos físicos de embarazo y enfermedad a las víctimas, además de considerarse una grave violación de la dignidad y la autonomía.

Esta forma de quitarse los preservativos, puede enmarcarse dentro de una de las dos teorías que transformaría el sexo consensuado en sexo no consensuado, una de las cuales nos habla de un riesgo de criminalización al exigirse en el sexo consensuado una transparencia completa sobre la capacidad reproductiva y las infecciones de transmisión sexual.

Con absoluta impunidad y sin que la otra persona se entere, los practicantes del stealthing exponen a las mujeres al riesgo de embarazo y a contraer una ETS. Ellos consideran que tienen todo el derecho a quitarse el preservativo durante la relación sexual, llegando incluso a enorgullecerse de priorizar su placer por encima de la salud y el respeto a sus parejas sexuales. Una afirmación que se repite mucho entre ellos:

Me lo saco, lo tiro y luego al final me lo pongo de nuevo. Y así todos somos felices.

Según Brodsky, estas prácticas deben ser catalogadas como otra forma de agresión sexual y ser juzgadas como tales, enfrentando los perpetradores los mismos recursos penales que los que enfrentan aquellos agresores que practican el sexo no consentido.

Las herramientas de protección legal deberían estar disponibles para las víctimas de esta práctica, que sienten, a pesar de haber iniciado la relación sexual de forma consentida, que sus derechos han sido violados. En Suiza, en 2017 un hombre fue a juicio por quitarse el preservativo en pleno acto con una chica que conoció en Tinder y a finales del año pasado, en Alemania, un policía fue condenado a 8 meses de cárcel y a pagar una multa de 3.000 euros por haber realizado la misma práctica. Hace solo unos días, Singapur anunciaba que la reforma de la ley convertirá al país en el primero de Asia en criminalizar esta práctica. Todas estas decisiones son pasos importantes para luchar contra esta práctica, de la que no existía precedente legal hasta hace apenas unos años.