Mujeres que ya no sufren por amor

¿Qué tal si desterramos, de una vez por todas, al príncipe azul de nuestras vidas o, mejor dicho, de nuestros sueños? En este momento, mujeres de todo el mundo sufren por amor soñando con un modelo de hombre que no existe, con una pareja ideal como tabla de salvación. Gracias a la educación recibida, a la sociedad, a los cuentos de hadas, al cine de Hollywood, a la herencia religiosa, a un larguísimo etcétera…, han conseguido volvernos adictas a la droga del amor, al milagro romántico, a la satisfacción de esa utopía individual.

Las niñas y los niños recibimos mensajes opuestos y aprendemos a amar de forma diferente, así que cuando nos encontramos en la adultez, resulta imposible quererse bien. Los niños aprenden a valorar y defender su libertad y su autonomía; las niñas aprenden a renunciar a ellas como prueba de su amor cuando encuentran pareja. Las niñas aprenden a situar el amor en el centro de sus vidas, mientras que los niños aprenden que el amor y los afectos son “cosas de chicas”. Las niñas creen que para amar hay que sufrir, pasarlo mal, aguantar y esperar el milagro romántico. Los niños, en cambio, no renuncian ni se sacrifican por amor. Las niñas aprenden a ser dulces princesas; los niños a ser violentos guerreros. Ellas creen que su misión es dar a luz a la vida; la misión de ellos es matar al enemigo. Mientras ellas se hipersensibilizan y dibujan corazones por todos lados, ellos se mutilan emocionalmente para no sufrir y se preparan para ganar todas las batallas.
Así las cosas, no es de extrañar que cuando nos juntamos para amarnos el encuentro sea un desastre. En estas condiciones es imposible construir una relación basada en el respeto mutuo, el buen trato y la igualdad. Es imposible gozar del amor en una estructura de relación basada en la dominación y la sumisión, y las luchas de poder que nos quitan gran parte de nuestro tiempo y energía: las guerras románticas que sostenemos nos impiden disfrutar del amor y de la vida.
Aprendemos a amar desde nuestra experiencia personal con la familia y el entorno más cercano, pero también conos relatos que mitifican el amor e idealizan unos modelos determinados de masculinidad y feminidad. Mitificar el amor sirve para que las mujeres, movidas por laxación amorosa, interioricemos los valores del patriarcado, obedezcamos los mandatos de género y cumplamos con nuestro roles de muere tradicional, moderna y posmoderna a la vez.
Estamos disfrutando de un salto tecnológico impresionante que nos permite contar relatos en múltiples formatos y soportes, pero el esquema narrativo de las historias sigue siendo el mismo: “Mientras él salva a la humanidad, ella espera a ser rescatada de la pobreza, de la explotación, de un encierro, o de una vida aburrida. Cuando él termina su misión, va a buscarla y se la lleva a palacio, donde ambos vivirán felices y comerán perdices”. [Desde Pretty Woman a 50 sombras de Grey han pasado casi treinta años, pero la misma mierda son].
Por culpa de estos cuentos, desde pequeñas nos convertimos en adictas a la droga del amor, y así nos tiene entretenidas soñando con nuestra utopía romántica. Al patriarcado le conviene que permanezcamos encadenadas a esta ilusión, cada una buscando la manera d ser rescatada por un príncipe azul. El milagro romántico nos aísla de las demás: para le patriarcado no hay nada más peligroso quedas mujeres unidas, alegres y empedradas trabajando en equipo en busca del bien común.
El romanticismo patriarcal es un mecanismo de control social para dominar a las mujeres bajo la promesa de la salvación y el paraíso amoroso en el que algún día seremos felices. La monogamia, pr ejemplo, es un mito inventado exclusivamente para nosotras; ellos siempre han disfrutado de la diversidad sexual y amorosa y nos han prohibido que hagamos lo mismo. En el pasado, las leyes permitían a los hombres matar a sus esposas adúlteras. Hoy en día, la infidelidad femenina sigue siendo inaceptable, mientras que se disculpan las “caritas al aire” de lso hombres. Las mujeres seguimos sacrificándonos, renunciando, aguantando y sufriendo “por amor”, seguimos trabajando gratis en las y en los cuidados “por amor”, seguimos soñando con la salvación personal a través del amor.
El patriarcado sigue vivo en nuestros corazones y goza de una excelente salud, por eso es tan importante hablar en términos políticos de nuestras emociones y relaciones. Desde mi perspectiva, el amor es un arma muy potente para revolucionar nuestro mundo y cambiarlo de arriba abajo.
Las mujeres que ya no sufrimos por amor estamos analizando nuestra cultura amorosa para transformarla de arriba abajo, buscando otras formas de querernos, fabricando colectivamente herramientas para aprender a usar nuestro poder sin hacer daño a nadie para construir relaciones bonitas con los demás. Relaciones desinteresadas, basadas en el amor compañero, en el placer, la ternura y la alegría de vivir.
Les recomiendo encarecidamente la lectura de este libro. En serio, les descubrirá un nuevo enfoque, una perspectiva más amable y que les hará ser menos reacios a las corrientes feministas más beligerantes. Léanlo también porque es uno de los textos más sensatos, positivos y útiles para trabajar la ruptura amorosa, para desengancharse. Y esto, se lo digo aún más en serio.
Para aquellas personas que estén en Madrid y les apetezca, hay un encuentro con la autora el día 14 de febrero, a las 19-21h, en Traficantes de Sueños, una librería la calle Duque De Alba 13. (Tirso De Molina, Madrid)