El Fin, rave en el apocalipsis

Con carácter previo a la adicción se genera progresivamente cierta afición… y esto mismo es lo que me ha provocado a mí la función teatral “EL FIN, rave en el Apocalipsis” que he tenido oportunidad de ver ya en dos ocasiones (aunque no descarto reincidir… y más ahora que sé que hay más fechas confirmadas). Sí, señoras y señores, en esto, como en tantas otras cuestiones, no logro evitar regodearme y voy a reincidir en mi bienintencionado “yo lo vi primero pero, por favor, vayan a verlo ustedes mismos”.
Antes de que salten a ver porno a otra página, ya me adelanto yo a su larga lista de prejuicios y peros tras los que pretenden esconder la retahíla de excusas que siempre ponen para alejar de ustedes el cáliz de la cultura…
– “Teatro alternativo de esos… como muy moderno, ¿no?”. Pues, miren, sí, sí que lo es. Transgresor pero cargado de humanidad, con profundos sentimientos expuestos a calzón quitado, muy canalla y delicada al tiempo.
– “¿Una obra de teatro en Gymage, un gimnasio de musculocas?”. Oh, yes! Y dejen que les diga que Gymage dispone de un teatro y que el espacio escénico está realmente logrado. Una atmósfera de oscuridad reinventada por rayos láser, una especie de Mad Max mezclado con un after. La ambientación incluye un escenario, un grafitero, un grupo de batucada, una cabina desde la que un DJ se eleva varios metros por encima de todos, los siete actores y el público, mezclados, hermanados ante la espantosa e inexorable noticia de una inminente muerte:
¿Qué harían ustedes si les quedaran dos horas de vida? 
EL FIN es un ejercicio de valentía para unos, de egoísmo para otros, el abandonarse al hedonismo y caer en todos los pecados capitales -incluso simultáneamente-, ese regurgitar cuanto llevamos callado u oculto, ese paso adelante que quizá, se da ya demasiado tarde.
Un canto al Carpe Diem, un recorrido por las más bajas pasiones y las más elevadas emociones. Confidencias, música, remordimientos y lujuria.

Les gustará si les apetece:

– Asomarse acompañados al último minuto de nuestra civilización: al planeta le queda hora y media de vida. Hay diversas reacciones pero, para muchos, la mejor es acudir a una fiesta clandestina.
– Bailar y beber, dejarse llevar por las historias. Divertirse a la vez que se representa una obra teatral donde la música goza de un peso específico importante: una rave convocada por internet para celebrar el mismísimo fin del mundo, el Apocalipsis.
– Vivir una experiencia dramática de la mano de 7 personajes sorprendentes, variopintos (desde una transexual que deja a un novio camello y maltratador en el último momento, a una madre con movilidad reducida que acompaña a su hija, que resulta estar embarazada, para que resuelva sus asuntos amorosos en ese último rave; un chico mulato (organizador de la fiesta) que admite que se va a morir con la pena de no haber sacado el graduado escolar, no haber ido a Tomorrowland… ni haber formado una familia; otro, tipo señorito andaluz, que acumula frases que parecen el ideario de derechas, pero que luego resulta que hace la vista gorda -es decir, muy coherente con los de su misma ideología-…). Todos cercanos, con luces y sombras, dramáticos -por su circunstancia- pero creíbles y con quienes podrán ustedes interactuar por momentos, recorriendo la sala o acompañándoles en ese brindis postrero.
Les dejo con alguna información sobre este proyecto que, a base de torturas y administrando suero de la verdad, he obtenido interrogando a Bastian Iglesias, que pasaba por ahí, medio desnudo, parapetado tras unas gafas de sol, kilos de cadenas al cuello y unas lycras negras. Compositor, cantante, actor, bailarín profesional desde los 18 años, se ha curtido en espectáculos y musicales como Hoy No Me Puedo Levantar o Peter Pan. Productor musical, Bastian es además compositor premiado y creador musical de campañas publicitarias y trailers para festivales. Como una de las mentes pensantes de EL FIN, me explica: “La concepción del espectáculo siempre estuvo marcada por la premisa de crear una obra en donde el público fuera consciente de que su vida puede terminar en cualquier momento. La forma de vivir esta experiencia es mediante una Rave clandestina, un contexto que nos ha dado mucho juego para sumarle picardía, rebelión, diversión y locura al show. Recrear una Rave a nuestro estilo fue el motor a la hora de crear y producir los 44 tracks originales que suenan en el espectáculo, la base de todas las canciones son de música electrónica y dependiendo de qué personajes interactúan, los ritmos y las armonías se tiñen de distintos estilos conectados a cada trama”.  Pero Bastian no se ha limitado a gestar la música del espectáculo. Es, además, la mano que mece la cuna, el que lo ve y lo maneja todo desde arriba: “La obra es toda en directo y mi personaje es ALAN POHeN, amigo de uno de los personajes principales (Rumbo) y es el mejor DJ del planeta. Mi cometido es como el de un director musical de cualquier espectáculo, la diferencia es que en vez de tener una banda en directo dirigida por mí, voy lanzando y mezclando los tracks como DJ haciendo que cada trama y transición tenga un color musical, en ocasiones, acompañado de una batucada. Desde arriba yo soy quien maneja el ritmo y el tiempo de la obra, no sólo con la música sino también con mi presencia, al ser una obra inversiva ayudo como guía en todo momento, siendo una especie de maestro de ceremonias, un showman: invito al público a saber qué tiene que hacer. Me gusta jugar a que soy yo quien poco a poco va agotando el tiempo de vida, como si yo controlara la caída del meteorito… ya que la música sutilmente cada vez es más intensa y la energía del beat no para de subir”.
Otro de los capos del proyecto, Pablo Raya, codirector junto con Gerard Martí, describe exactamente la obra: “EL FIN es la última rave clandestina de la historia de la humanidad. La NASA y los medios de comunicación mundiales lo confirman: un meteorito impactará sin remedio contra la Tierra destruyendo todo a su paso y por supuesto, la humanidad. A través de internet se hacen virales las llamadas Raves del Apocalipsis, fiestas clandestinas para recibir el impacto.
La idea surgió del impulso de crear un proyecto propio. Después de 10 años trabajando en el mundo del espectáculo como actores y cantantes, queríamos aventurarnos a lanzar nuestro propio mensaje”.
Respecto los personajes: “Aparecen en nuestras cabezas de manera muy orgánica, inspirándonos para los personajes en el talento de nuestros propios amigos, también actores muy talentosos todos. Utilizamos además las diferentes vivencias de cada uno. Todos los personajes, de alguna manera, a través de la notica del fin del mundo, se ven empujados a ser más honestos consigo mismos y a conectarse directamente con lo que REALMENTE QUIEREN. También aspirábamos a crear una experiencia que nos gustase vivir a nosotros como espectadores y nos hiciera disfrutar, si fuéramos nosotros los que vamos a ver el espectáculo”.
El reparto
Oscar Kapoya como Rumbo (protagonista, que decide organizar la rave y convoca por redes sociales con el hagstag #RaveEnElApocalipsis) y David Ballesteros como Jesús. Además, Sara Miró (Bego), Roser Pujol (Palmira), Lara Sajen (Ivanna), John Varo (Borja), y Martín Aslan (Varisnikov).
Lo paga todo Carlsberg, quien apuesta por este grupo de jóvenes artistas sin aplastar su creatividad y la sala de teatro de Gymage da cobijo a este espectáculo que prorroga sus funciones los días 1 y 15 de febrero y el 1 y el 15 de marzo. Para más detalles, pueden consultar la web.
Vayan a verla, repito. Y beban antes y durante y después. Van al teatro, sí, pero también a una fiesta porque no hay libretos ni butacas asignadas.
(Si logro que alguno de los actores se digne dedicarme un rato, les prometo que lo sabrán.)