Etapas del camino

<<Imaginemos que alguien se lastima. Supongamos un joven sano jugando al fútbol descalzo con sus amigos en un campo. Corriendo un pase para meter un gol pisa un pedazo de vidrio, una lata vacía, y se lastima. El joven sigue corriendo, alcanza la pelota y a pesar del dolor que siente al afirmar el pie para patear le pega a la pelota con toda su fuerza venciendo al arquero y ganando el partido. Todos festejan y él se sienta en el pasto, se mira y se da cuenta de que sangra, ve el pequeño tajo que se hizo en la planta del pie, cerca del talón.
¿Cómo sería la evolución normal y saludable para esta herida?
¿Cómo son las etapas por as que va a pasar esta herida?
Muchas veces, en un primer momento parece un accidente sin importancia y todo continúa como si no pasara nada. El muchacho sigue corriendo la pelota, la señora sigue cortando el pan con el cuchillo filoso y el carpintero no nota que se lastimó hasta que la gota de sangre mancha la madera. En ese instante, muchas veces ni siquiera hay sangre; el cuerpo hace una vasoconstricción, achica el calibre de los vasos sanguíneos, inhibe los estímulos nerviosos y establece un período de impasse, un mecanismo de defensa más fugaz cuanto mayor sea la herida. Inmediatamente aparece el dolor agudo, intenso y breve, a veces desmedido, que es la primera respuesta concreta del cuerpo que avisa que algo realmente ha pasado.
Etapas de sanción de una herida normal
Vasoconstricción
Dolor agudo
Sangrado
Coágulo
Retracción del coágulo
Reconstrucción titular
Cicatriz
Éste es más o menos el proceso evolutivo normal de una herida cortante. Si algo de eso no sucede algo puede estar funcionando mal. Uno podría pensar “mira, qué suerte, no perdió sangre”; no es suerte, el tipo está en shock y podría morir.
Y por supuesto, cuanto más grande es la herida, más larga, más tediosa y más peligrosa es cada etapa. Siempre es así: cuanto más grande es la herida, más tarda en cicatrizar y más riesgo hay de que algo se complique en algún momento de la evolución. Si nos estancamos en cualquiera de estas etapas siempre vamos a tiene problemas.
Hace poco me sorprendí de la enorme correspondencia que existe entre las etapas que cada uno puede deducir por su propia experiencia con lastimaduras y la situación aparentemente compleja de elaborar un duelo.
El duelo es la respuesta normal a un estímala, una herida que llamamos pérdida. Porque la muerte de un ser querido es una herida, dejar la casa paterna es una herida, irse a vivir a otro país es una herida, romper un matrimonio es una herida. Cada pérdida funciona, en efecto, como una interrupción en la continuidad de lo cotidiano, como una cortadura es una interrupción en la integridad de la piel.
Los pasos que sigue la sanación emocional son básicamente los mismos que los de la curación de una herida, no se llaman igual, pero resultan equivalentes.
Las fases del duelo son:
Incredulidad
Regresión
Furia
Culpa
Desolación
Identificación y fecundidad
Aceptación
Según Lacan: “Uno llora a aquéllos gracias a quienes es”. Me parece increíblemente sabio este pensamiento, esta idea. Me parece que todo lo que ha pasado conmigo es porque, de alguna manera que yo sé (y aunque no lo sepa), gracias a esta persona yo soy quien soy. Todos los seres que quiero en el mundo han tenido que ver con esto que soy yo hoy. Y aclaro que esto no sólo sucede con el fallecimiento de alguien. Siempre que lloro por una pérdida, aun en el caso de un divorcio (o sobre todo en el caso de un divorcio), lloro por perder lo que, me guste o no, ha sido determinante en que yo sea quien soy.
No importa el tiempo compartido, no importa si te sacaron esto que lloras o no, si lo dejaste por otro mejor o por nada, no importa, el dolor de la pérdida es por la despedida del cuello, persona, cosa, situación o vínculo gracias a quienes de alguna manera soy.
Y aquí termina el camino. ¿Por qué? Porque cuando me doy cuenta de que todo lo que esa persona me dio no se lo llevó con ella, cuando me doy cuenta de que puedo tener dentro de mí lo que esa persona dejó en mí, es una manera de tener a la persona conmigo.
La discriminación y la interiorización me permitirán aceptar la posibilidad de seguir adelante, a pesar de que, como en todas las heridas, también dudará una cicatriz.
¿Para siempre?
Para siempre.
Entonces, ¿no se supera?
Se supera pero no se olvida.>>