La conexión pélvica

Ojeando un libro de los años 80’s y me paraba en una reflexión: <<Hay dos clases de motivos para buscar a un hombre: los positivos y los negativos. Y ellos perciben de inmediato la naturaleza de los tuyos.
En primer lugar, debes tener en cuenta que existen muchas buenas razones para desear que un hombre entre en tu vida, y el matrimonio es sólo una de ellas. Puedes optar por un amigo, o por un amante temporal. O puedes preferir una unión sentimental duradera o un amante con quien vivir. En los años ochenta, el romance admite muchas variedades si los de la editorial y la autora Julia Grice oyeran hablar del poliamor, los chill outs y otras variantes, les daría un parraque.
Pero, sea cual fuere el tipo de relación que quieras, sólo tiene sentido si conduce al mutuo enriquecimiento. Tienes la sartén por el mango, eres libre de escoger según tu deseo, no por obligación.
Los motivos negativos nacen de la desesperación. Por ejemplo: ¿consideras al hombre una especie de dique de salvación? ¿Te crees tan poco atractiva que estás dispuesta a atrapar al primero que pase? ¿Estás demasiado angustiada, sola, deseosa de aceptar lo que sea? ¿Te parece necesario estar casada o tener un amante para que se te valore?¿Necesitas un hombre para que pague tus facturas y discipline a tus hijos?
Si partes de cualquiera de estos sentimientos, los proyectarás sobre cada hombre que conozcas. Ellos no son estúpidos, sino a menudo muy intuitivos. Cazan al vuelo a las desesperadas y distinguen las vibraciones hambrientas que les transmiten. “A veces las descubro a los pocos minutos de conversación. Por lo que dicen: lo difícil que les resulta la vida o la educación de sus hijos. O porque me preguntan con descaro cuánto gano. Cuando conozco a una de ésas, salgo pitando”.  Evidentemente, todo esto aplica a chicas y maricas, por supuesto
Algunos hombres son extraordinariamente perspicaces e intuyen en breves minutos la actitud de una mujer respecto del sexo y de su relación con los hombres.
Otro error recurrente es la amargura. Es el caso de Polly. Llevaba veinte años casada y cuando su marido la abandonó por una mujer más joven, se llenó de rencor y de despecho. En realidad, no sabía hablar de otra cosa. Era imposible conversar con ella más de cinco minutos sin que saliera el tema de su “ex” y esa “puerca”>>.
A la gente, en definitiva, le atraen las personas felices que proyectan calor, vitalidad, buen humor y cariño. Y se alejan de las que presentan un aspecto triste y sombrío. Queridos lectores, den importancia a la actitud y no me refiero a los selfies con morritos patéticos… eso es mera pose.
Y ahora, en plan Pantoja: “Los focos a mi persona”, les comento que, frente a todo pronóstico, he inaugurado el año como yo quería: sin esperar a los Reyes Magos y mucho menos a los camellos (yo es que no consumo drogas…), desde que cambió el almanaque ya he mantenido alguna que otra conexión pélvica más que satisfactoria -y no hablo de la variante sofisticada del misionero, de la técnica de alineación coital que ya he explicado varias veces-. A domicilio y sin complicaciones me gustan a mí las cosas. Hago fiestas con los amigos de otro, me acuesto con el novio de una, subsisto con la ilusión de alguien. Así vivo yo.
Si pensaban que el Nuevo Año iba a cambiar mi carácter, se equivocaban. Las personas no cambian, sólo empeoran. No descarto que un buen pellizco en la Lotería o un pelotazo en Bolsa lo lograría, pero atragantarme con unas uvas acompañadas de un hilo musical de campanadas y petardos, no es suficiente.
El primer polvo de 2019.