NO MÁS

NO es NO. A los clubs de carretera, a los anuncios de prostitución en prensa, a la pornografia de libre acceso, a que por quitar 50 años de vida a una joven te caigan 15, a la trata de blancas, a los puteros de 20, 40 y 70 que se sienten muy machitos por pagar barato su repugnante amoralidad, a los proxenetas, a la misoginia en chistes y wasapp virales “entre los colegas”, a las historias de princesas Pretty Woman que en realidad son de puteros ricos.
NO TE ATREVAS a enseñarme a vestir o por dónde ir. Aprende TÚ a no ser un consumidor de porno, un putero, a no viralizar videos misóginos y a no ser machista.

Laura Luelmo es la más reciente, pero hay más, muchas, desde siempre. Como si fuera normal. Basta ya.

Recojo también aquí un artículo de Raúl Solís, Lavozdelsur.es

Se ha confirmado la peor de las hipótesis. La joven Laura Luelmo, la profesora zamorana de Plástica que había sido destinada a un centro educativo en la Sierra de Huelva, ha sido asesinada. Y tirada luego a un pantano. No hay consuelo que amaine tanta pena.

Mientras la gente de bien no encuentra consuelo, un ejército de infames trata de convertir un asesinato machista, el nonagésimo cuarto en lo que va de año, en un debate sobre el Código Penal en lugar de estar pensando qué falla en nuestra sociedad para que hayamos normalizado que cada año asesinen a cerca de un centenar de mujeres. O lo que es lo mismo, qué nos ocurre como sociedad para normalizar que nuestro país cada año produzca cien nuevos asesinos y qué podemos hacer entre todos, más todos que todas, para acabar con esta masacre progresiva.

La violencia contra las mujeres no viene sola, no es un accidente meteorológico, ni una mala fortuna. Los asesinatos contra mujeres no son simples sucesos, que es lo que intentan vendernos los medios de comunicación que luego se tiran el resto del año blanqueando el machismo, cuando no directamente dándole alas, o cuestionan a las pocas mujeres que se atreven a denunciar.

A Laura Luelmo no la ha matado solamente su asesino. Existe una estructura política, cultural, económica y hasta estética que legitima los asesinatos de mujeres a la misma vez que respiramos. A Laura la han matado los medios de comunicación y los políticos que han lamentado el fallecimiento de Chiquetete sin decir que fue un maltratador, que su exmujer perdió un embarazo tras una paliza y que la justicia lo condenó.

A Laura la han matado aquellos partidos que cuestionan la Ley de Violencia de Género y que quieren derogarla porque piensan que proteger a las mujeres es ir contra los hombres. A Laura la han matado los partidos que en Andalucía están negociando un pacto de gobierno sin pudor ninguno a recibir el apoyo de VOX, un partido que niega la existencia misma del machismo y que arremete contra las feministas en lugar de contra los potenciales asesinos de mujeres.

A Laura la han matado quienes se preguntan cómo hay mujeres que salen solas a correr en lugar de cuestionarse por qué hay hombres que piensan que las mujeres son de su propiedad y se sienten legitimados para matarlas si éstas se rebelan.

A Laura la han matado los medios de comunicación que convierten los asesinatos machistas en un espectáculo y a la víctima en una mercancía, en un objeto de competición con otros medios por buscar el titular más frívolo que dé más audiencia, sin importar qué tipo de sociedad se está construyendo.

A Laura la han matado los periodistas que le ponen el micrófono a VOX y que no le cuestionan en la misma rueda de prensa que es incierto que haya denuncias falsas y le recuerdan a la ultraderecha que el Consejo General del Poder Judicial sólo ha encontrado 71 denuncias en más de un millón de denuncias presentadas en 10 años.

A Laura la han matado los directivos de informativos que envían a periodistas precarios, sin libertad para oponerse a informar sin ética y por 1.000 euros al mes, a que graben a la vecina de la víctima y les diga: “¿Por qué ha ido a correr sola?. Yo no voy sola ni a tirar la basura”. A Laura la matan quienes informan sobre un asesinato machista con la misma lógica que lo hacen sobre Gran Hermano.

A Laura la has matado tú, que te sientes violentado por el movimiento feminista que grita que las mujeres tienen miedo de regresar solas a casa por la noche. A Laura la has matado tú, macho cabrío, que, en lugar de cuestionarte qué puedes hacer para que las mujeres puedan vivir seguras, piensas que éstas están yendo muy lejos y crees que el feminismo aspira a hacer con los hombres lo que los hombres llevamos siglos haciendo con las mujeres.

A Laura la han matado quienes han recortado en recursos contra la violencia machista y quienes permiten que haya programas de máxima audiencia donde se hacen comentarios que normalizan la violación, cuando no la fomentan.

A Laura también la matan los canallas que con una mano piden derogar la Ley de Violencia de

Género y con otra piden cadena perpetua. A éstos no les importa acabar con los asesinatos machistas, sino hacernos creer que las mujeres podrán vivir seguras en una sociedad con cadena perpetua pero que siga sin cuestionarse la estructura económica, cultural, mediática, estética y política que emite mensajes constantes y continuos que legitiman la violencia contra las mujeres, que no se toma en serio las denuncias y que encima pone en tela de juicio a las valientes que se atreven a acercarse a una comisaría. A Laura también la has matado tú. Y yo.

Cuando yo tenia 10 años, mataron a las niñas de Alcasser. Ahí aprendí que era peligroso salir de noche, aunque fuera con amigas.

Cuando yo tenía 11 años, mataron a Anabel Segura. Ahí aprendí que no podía salir a correr sola.

Cuando yo tenia 12 años, violaron y mataron a Marta Obregón y Leticia Lebrato. Ahí aprendí a tener cuidado al entrar en portales y ascensores.

Cuando yo tenía 17 años, mataron a Rocío Wanninkhof. Ahí entendí por que mi padre se levantaba para recogerme a la puerta de la discoteca cada vez que salía de marcha.

Cuando yo tenia 27 años, mataron a Marta del Castillo. Ahí aprendí que hasta tus amigos podían matarte.

Cuando tenía 34 años, mataron a Diana Quer. Ahí entendí por que mis padres nunca me dejaban volver sola a casa.

Ahora han matado a Laura Luelmo, y he aprendido que cualquiera de mis vecinos puede querer violarme y matarme.

Pero venga, vente a decirme ahora que soy una histérica. Vente a decirme que no es un problema de género. De hombres que sienten que las mujeres les pertenecen, que pueden acabar con nosotras con el chasquido de un dedo, que nuestro cuerpo es suyo.

Dime que me invento que han matado a 94 mujeres en lo que va de año, o que han violado a 788 otras.

Háblame de los hombres maltratados por sus parejas y las denuncias de maltrato falsas. De cómo la niña de 18 años de la manada se lo estaba buscando.

Que somos todas unas busconas y unas guarras y unas dramáticas.

Cuéntame que son bromas, nárrame (despacito, recuerda que soy idiota) que no se, que exagero, que hay que tener cuidado, que lo que nos hace falta a todas es un buen repaso.

Dime que soy una feminazi y una histérica, mientras sales a correr solo, vuelves a casa de noche, te vistes como te da la gana y no sientes miedo ni un solo día.

*Ni una más. Ni una sola mas.*
Copiado y compartido de la red.

 

En definitiva, te llaman facha si pides cadena perpetua, pena de muerte o, incluso, la PPR, pero luego, a diario, hay que ir a levantar el cadáver de alguna mujer.

NO se reinsertan. NO se rehabilitan. TODOS reinciden. ¿Qué cojones necesitan para legislar como corresponde?