Aniversario de LELO y estreno de Besugo

   Se aplica la Ley de Murphy en su Disposición Transitoria 8ª: Días de nada vísperas de noches de no parar, oigan. Qué acumulación de saraos había anoche. De las convocatorias recibidas, elegí dos: la celebración del 15º Aniversario de la marca LELO, reconocida en el sector de la juguetería erótica a nivel internacional. Después, estreno en el Teatro Lara de una obra que les recomendé recientemente: Besugo por las paredes.
Arrastré a mi amigo Edu por las calles y los taxis. Ya les he explicado que no me gusta  beber sola acudir sola a los eventos… Hoy, he amanecido con poca resaca y con sus impresiones en mi muro de Facebook, y las comparto con ustedes: "En mi línea, me dicen que vamos a un evento, me visto de seminarista y resulta que es la presentación de un masturbador masculino ultrasónico presentado por la sexóloga Valérie Tasso para LELO.
Al parecer ya no se lleva beber en tarro, ahora lo más es beber en bolsa de plástico, el foie con mango y tener tu propio maletín lleno de vibradores que cuestan un congo pero dan más satisfacciones.
Hemos conocido modelos que no habían nacido cuando cerrábamos los afters con otra gente que nos hemos encontrado después de años.
Nos han regalado una p*llaescultura numerada y antes de que nos echaran nos hemos ido al estreno de Besugo por las paredes en el Lara, donde me he reído mucho pero no me preguntéis si ha sido por la obra o por los brebajes de colores que nos hemos bebido, que sospecho debían llevar más vodka que frutos rojos”.
El evento de LELO lo tuvo todo: coctails de diseño -en efecto: quién quiere salvar al planeta de los plásticos cuando podemos derrochar imaginación y preparar brebajes deliciosos, de texturas y colores nunca vistos, y servirlos en bolsas…-. Recuerdo que un invitado -respetaré su identidad- se colocó junto a mí en la barra para pedirse una copa y se enfadó mucho, muchísimo. Su reacción era de pura indignación, iba a marcharse por lo de tener que beber de las bolsas. Le agarré del brazo (sin conocerle) y le dije al oído: “Tú hazte el normal”. Me mira con sorpresa mezclada con desprecio e incredulidad y me aparta la mano. Insistí: “En serio, no sabes lo bueno que está ese líquido verde”. El tío me desafía y me suelta: “Yo no he venido aquí a beber esa mierda en una bolsa”. Así que dije: “Querido, a ver cómo te lo explico: lo vas a probar y lo único de lo que te vas a quejar es de que se te acabe tan pronto. A ver si te crees que todas en casa bebemos de bolsas… Hazte la normal, hijo, que estás en una fiesta. Disfruta”. Cuando me lo crucé un rato después, me agradeció mis servicios de coach. Qué rancia es la gente a veces, amigos. Además de drinks en modo barra libre, hubo un despliegue de tentaciones diversas: modelos reguapos sueltos por la sala ataviados con tocados espectaculares; expuestos, unos en cristales y otros al alcance de los mortales, los lujosos juguetes sexuales producto de la tecnología y del diseño más punteros, y actuaciones e intervenciones de los responsables internacionales de la marca (que yo preferí no atender demasiado para poder beber y comer y charlar mucho más porque, ya les adelanto, mi mantra vital: yo si jodo no barro, que cada cual traduzca...) y un desfile de camareros con bandejas de mini delicias con toques de ingeniería gastronómica futurista, para empezar el engorde navideño desde ya, y que la operación bikini sea, literalmente, una entelequia con tintes de pesadilla.
 
Respecto de Besugo por las Paredes permitan que les pida, encarecidamente, que me hagan caso y no se la pierdan. Es sencillamente GENIAL y en este adjetivo quiero englobar la maravilla de texto de Diana Lázaro que sustenta ese monólogo desde el que nos apunta a los ojos y nos conduce a reflexionar sobre asuntos interesantes, cruciales y que profundiza en lo que de verdad nos importa sin ñoñerías, pero sin ahorrarnos carcajadas. Qué bien administra las dosis de humor esta mujer.