El rechazo

En el post de hoy me voy a concentrar en un nicho de mercado que, a pesar de que somos el target a conquistar por la mayoría de las empresas de bienes y servicios, porque nos lo gastamos a base de bien y pagamos y compramos igual que parpadeamos, oficialmente no nos reconocen casi nada (cero, aunque si nosotras paramos, se para el mundo, como bien reza ese lema de una manifestación reciente) y nos vapulean bastante, sin contemplaciones ni consecuencias punitivas; somos el perfecto saco de boxeo: las mujeres de 40.

Tenemos mejor aspecto del que creemos. Sí, en serio; voy a tratar de transmitirles algunos argumentos aunque ni yo misma me creo la mitad de lo que a continuación escribo. Por favor, no duden de mis buenas intenciones… Además, se trata de la opinión de expertos y de conclusiones de informes varios.
Las mejores solteras (yo diría que todas) cometen dos grandes errores al pensar en sus cuerpos.
Primer error: los comparan con el modelo standard.
Segundo error: ese modelo responde a los criterios de otras mujeres (y de gayers, diría yo), no al de los hombres.
En mi opinión, los medios de comunicación han hecho un flaco favor a las mujeres. Han conseguido que odiemos nuestro cuerpo. Nos inundan con figuras jóvenes, esbeltas, curvilíneas, de piel perfecta y mohín gracioso, las mujeres de plástico que aparecen en las revistas, y nos tragamos el mensaje. El mensaje es que deberíamos ser como ellas.
Bien pues la mayoría de nosotras no somos así, y nunca lo fuimos, ni cuando teníamos siquiera veinte años. No obstante, las mujeres nos guiamos por la imagen de los anuncios. Estudios realizados por revistas femeninas revelan, repetidas veces, que porcentajes elevadísimos de las lectoras (entre el 45 y el 70%) que tenían un peso normal se encontraban demasiado gruesas.
Os desafío a encontrar una mujer que piense que su cuerpo no tiene ningún fallo, aparte de unas cuantas actrices muy flipadas o de las narcisistas instagramers.
Sandra, que a sus 54 años conserva una buena figura, me comentó que se había puesto a dieta.
-¿Qué? ¿Otra vez? Pero si no necesitas adelgazar.
– Una mujer soltera nunca es demasiado delgada -fue su convencida respuesta.
Cada vez que llegamos a conclusiones tan severas sobre nuestro aspecto, estamos limitándonos y socavando nuestra seguridad. ¿Puede una mujer sentirse bien cuando es consciente de que su talla supera la media? Probablemente creerá que la gente la mira y piensa que está demasiado gorda, y dará por hecho que para ser guapa hay que parecerse a Kendall Jenner.
Los hombres piensan de forma distinta a nosotras, al menos en cuanto a los cuerpos de las mujeres. Muchos de ellos son muy sensuales, y miran a una mujer con los “cinco sentidos”. Se preguntan cómo sentirá ella, cómo olerá, cómo será su piel al tacto.
Sí, por supuesto que los hombres son sensibles al tipo de mujer esbelta, bien dotada que aparece en la televisión, en revistas y en los desfiles de Victoria’s Secret. Son bombones de ensueño. Pero lo cierto es que este tipo de mujer es poco común y cuando aparece en una fiesta, es muy probable que asuste a cualquier hombre que no tenga una inusual seguridad en sí mismo.
-No nos acercamos a una mujer demasiado hermosa -me confió J.-. Nos da miedo ser rechazados. Además, las mujeres que se consideran guapas suelen tener demasiados humos. Algunas de ellas son incluso desagradables.
-He salido con muchas mujeres hermosas -me dijo A., de 48 años-. Y la experiencia resultó un fracaso. Hablaba con ellas y me daba cuenta de que no tenían nada en su interior. La belleza ya no contaba. Te impresiona al principio, pero luego se va difuminando llega un momento en que ni siquiera la percibes. Detrás de la fachada tiene que haber algo más, una verdadera persona.
-Yo esquivo el tipo modelo de mujer -segura H., de 49 años-. Se lo creen mucho y piensan que tiene a los hombres a sus pies. No tienen ninguna ternura.
¿No les encanta leer estos comentarios? Las modelos fantásticas pueden ser el ideal, pero la realidad es que las mujeres corrientes con cuerpos menos perfectos atraen a los hombres en cualquier momento y lugar.
En conclusión, habrá que deducir que tanto la publicidad como las propias mujeres se equivocan. Admitamos que los hombres tienen sus propios baremos para fijar la belleza de las mujeres.