El éxito a los cuarenta

<<Dedico este libro a todas las mujeres que creyeron morir de miedo en una primera cita. A ti, que en silencio te preocupas por la noche y te preguntas si alguna vez alguien volverá a amarte>>.

Me apropio de las palabras de la autora Julia Grace para darles a ustedes, queridas lectoras, un empujón aunque a alguna le gustaría que fuera escaleras abajo. Tal y como están las calles, yo no sería capaz de dar una sola recomendación (más allá de los gintonics, la medicación o el socorrido llenar la agenda de activiadades culturales). Pero, afortunadamente, hay quien sí osa aventurarse y diseccionar la mente del asesino; seguro que les interesa saber más de los señores de cuarenta y de cincuenta. Como no juego en esa liga, sino en la sub 25 porque no me gustan los hombres tan mayores, los de cuarenta, cincuenta, … me resulta absolutamente lejano, pero me aplico casi todo lo que tiene que ver con lo que comenta sobre las mujeres. Así que, ahí va un poco de sabiduría americana, con mis mejores deseos.
El éxito a los cuarenta.
<<Éste es un libro para mujeres corrientes. Para tener éxito con los hombres no hace falta ser bellísima, ni parecerse a las modelos de las revistas.
Toda mujer tiene su encanto, por mucho que sea más o menos gordita y que haya superado la frontera de los cuarenta.>>
<<He pasado años rodeada de personas que desearían encontrar una pareja pero que no saben siquiera cómo hacerlo, he conocido a mucha gente que había optado por tirar la toalla. A veces se hace fácil renunciar y quedarse en casa a ver la televisión. […] La lección de que lo más importante es saber con precisión lo que una quiere para no ir dando tumbos de un amor apasionado a otro, sin ningún beneficio afectivo. En la difícil conjunción entre el afecto, la independencia, la compañía y el sexo está la clave del éxito.
Cualidades que buscan los hombres.
Hay un gesto que las mujeres de cuarenta y cincuenta años, –y gays de veinticinco en adelante, añado yo- hacen con frecuencia. Una se inclina sobre el espejo y estira la piel de la cara para imaginar cómo quedaría si se hiciera un “lifting”. Ese cutis tan suave y terso de los dieciocho años es algo que ni siquiera las adolescentes aprecian tanto como nosotras lo envidiamos. Ahora nuestra piel es la de una mujer adulta y tenemos que enfrentarnos a los hechos: ya no tenemos veinte años. Ni treinta. Y el mundo está lleno de cuarentones que adoran la fuente de la juventud.
¿Es justo? Por supuesto que no. Todas conocemos a hombres que han abandonado a una esposa de cuarenta y pico por preciosas jovencitas; o de cincuenta que sólo harán proposiciones a muchachas que soporten bien un tanga. Es una realidad, pues, que estos hombres tienen que reafirmarse en su proceso de envejecimiento mirándose en ojos jóvenes.
Y sin embargo:
1.- No a todos los hombres les fascinan las jovencitas. Algunos prefieren mujeres de su misma edad o incluso mayores.
2.- Las mujeres mayores de cuarenta años aportan mucha más experiencia que las jóvenes.
3.- También la mujer relativamente madura puede elegir en qué categoría competir. Podemos ser “jovencitas” para un hombres quince o veinte años mayor que nosotras. Todo es relativo. (Sólo de pensarlo, tengo pesadillas, perdonen)
Me explicaré mejor. Muchos hombres se relacionan con chicas jóvenes… dos o tres veces (¿tres veces? ¿Con la misma? o esta señora es muy ingenua, o no ha oíd hablar de Tindr) . Luego descubren que no funciona debido al abismo generacional. “Claro que he salido con chicas jóvenes -comentaba hace poco E. De 45 años-. Pero charlaba con ellas y tenía la sensación de que no sabían de qué les hablaba. No conectábamos. No teníamos nada en común. Al poco tiempo tuve la sensación de que salía con mi hija o con una de sus amigas. Me sentí avergonzado y no me gustó.
Otro hombre de cuarenta años lo explicaba de esta forma:
– No me gustan las mujeres jóvenes. Son guapas y todo lo que quieras, tienen unos cuerpos espectaculares (no todas, querido, no todas) pero carecen de los valores de una mujer de mi edad. Son inmaduras, egoístas, se comportan de manera estúpida, algunas se drogan, es una locura. Prefiero una mujer de mi edad. (¿De tu edad, para qué? ¿Para que te haga la declaración de la renta? A las de tu edad las apartas con un palo y sigues follando con veniteañeras que te la chupan en un baño por una raya).
Un tercero afirma:
– Son jóvenes y muy guapas, pero las monadas te aburren con sorprendente rapidez. Al diablo con ellas. ¡Yo quiero una mujer!
[…] Las mujeres maduras tienen algo especial que no poseen las jóvenes. Algunas cualidades sólo se adquieren a través de la experiencia. Al cometer errores, al sufrir y gozar, al fracasar y volver a intentarlo. Tales experiencias nos hacen más fuertes, nos aportan madurez y tranquilidad, nos proporcionan comprensión y capacidad de amar…, cualidades muy apreciadas por los hombres.
Por otra parte, algunas mujeres de veinticinco años no han vivido lo suficiente. Sí, son agradables, pero aún no han experimentado ninguna decepción profunda. Muchas de ellas todavía no son madres, no han padecido un divorcio, no se han visto obligadas a enfrentarse al mundo solas; en una palabra, nunca han tenido que superar todo eso para renacer.
Nosotras sí. Y eso se nota.
Cualidades de las mujeres maduras.
Pensad en vuestras amigas, en las magníficas virtudes que hacen que las queráis. Esas cualidades, virtudes loables, valiosas, que los hombres aprecian tanto como las mujeres.
La afabilidad atrae a las personas tanto como un imán.
La entrega, que va unida da la ternura y a la compasión.
La entereza emocional, que hemos adquirido al haber tenido que esforzarnos y que luchar.
Que sepa apreciar lo que tiene. Una mujer que valora a un hombre por lo que es, por los sentimientos que le demuestra y por el amor que le da. Muchos hombres divorciados, viudos, separados, … provienen de parejas donde vivieron enterrados desde tiempo atrás en el odio y en el desprecio.
Que sepa lo que quiere. Sí, a los hombres les gustan las mujeres que tienen sus vidas ordenadas y sus prioridades claras. Muchos se han visto atrapados en manos de mujeres que pululan en el mundo del coqueteo, utilizando y descartando hombres en busca de quién sabe qué. Es lógico que las mujeres mayores de cuarenta años, con su experiencia de la vida, tengan claras sus prioridades, y por lo tanto sean menos proclives a herir a los demás. Los hombres lo saben y lo valoran.
Que sea independiente. La mayoría de hombres que vais a conocer han pasado años manteniendo a una familia, con todas las preocupaciones y angustias que eso conlleva. Es duro ser la persona sobre quien recae toda la responsabilidad. Los hombres ya empiezan a darse cuenta de lo agradable que es tener una compañera, no una sirvienta. Es probable que una mujer mayor de cuarenta haya aprendido a arreglárselas sola. Para muchos varones, ésta es una cualidad deseable y tentadora (pero como lo seas, huirán de ti porque en el fondo buscan una lerda dependiente, demandante de dinero y de protección, un parásito, pero que les haga sentirse necesarios y superiores).
Que sea inquieta, que se pueda hablar con ella. En algunos matrimonios, el hombre ha evolucionado tan de espaldas a su pareja que han llegado a no tener nada en común. En otros, la mujer era un ama de casa, cuyos horizontes quedaban reducidos al vecindario y a la escuela, y cuyos temas de conversación eran muy limitados. Ahora que tiene la libertad de elegir, muchos hombres prefieren una compañera que les ofrezca más: conversación, opiniones sobre el mundo, los sentimientos, las aficiones y la política. Una cuarentona libre es una candidata ideal para complacerle en esto. Es una contertulia amena, un antídoto contra el aburrimiento. (Hasta que decide odiarte porque eres más inteligente que él o hasta que detectas que su oído ha anulado tu tono de voz y no te escucha, por lo que, da igual lo rico de tu léxico o la variedad de temas que domines, él sólo escuchará al comentarista deportivo de la tele).
Que sepa cómo tratar a un hombre. Algunas fruncirán el ceño ante esta afirmación, creyéndola machista. Pero, ¿no sueñan también las mujeres con hombres que sepan cómo tratarlas? Lo que ellos dicen es que quieren una mujer que disfrute con las pequeñas cosas que hacen que un hombre se sienta deseado, necesitado y querido, incluido el sexo. La sexualidad es muy importante para la mayoría de los hombres, especialmente para los de cuarenta y cincuenta años, que empiezan a asustarse por la edad. Eso es una gran ventaja para nosotras. Como todos sabemos, las mujeres alcanzan la plenitud sexual durante la treintena, y se amplía en la cuarentena o más. Es bastante común oír a algunos hombres que comentan: “las mujeres maduras son las mejores amantes”. Es cierto. La mujer madura ha dispuesto de suficientes años de aprendizaje para complacer a un hombre, liberarse de las inhibiciones y concentrarse en el placer mutuo.
Que no tenga niños pequeños. Para muchos hombres entre los cuarenta y los cincuenta años, el hecho de que una mujer haya superado la etapa en que hay niños en la casa, supone una ventaja. Ellos mismos ya han criado a una familia. Puede que incluso estén aún pagando una sustanciosa suma en concepto de manutención. La idea de iniciar una segunda familia, o de asumir la responsabilidad de unos niños ajenos, no les parece nada atractiva. Algunos, seguramente, se habrán sometido incluso a vasectomías, dejando claro que los pañales y sonajeros no entran en sus planes. […]
Continuará.