Diario de un cuerpo

Prepárense, amigas -referido a personas, ¿recuerdan que en mi blog no utilizo esa chorrada de duplicar les palabres per géneres para ser políticamente absurda y evitar así unas ofensas irreparables a les subnormales?- porque he descubierto un libro* del que no voy a dar en plantar aquí auténticos tesoros, tesoras y tesores.

Muy removida aún por la película que no deberían ustedes perderse, y que yo vi anteayer, El viaje de Nisha, selecciono un epígrafe que se titula, ni más ni menos como sigue:
Preguntas premonstruales que me revuelven las tripas e invocan a las pollas.
¿Por qué cuando una adulta se duele y se queja de cómo la (mal)trataron sus padres se le pide que madure?
¿Se nos ocurriría exigirle o mismo a la mujer que es golpeada por su marido?
<<Perdona, reina, pero te toca madurar, supéralo, él trató de hacer lo que podía. No sabía hacerlo mejor. Ellos siempre lo hacen lo mejor que saben. Así que ¡madura y deja de echarle a él la culpa de tus dolores!>>
¿Nos reiríamos con la misma ligereza si Homer agarrase del cuello a Marge cada vez que se desespera con ella? Imaginar esto nos parece una puta locura, en cambio: ¿por que´cojones nos reímos cuando estrangula a Bart? Si alguien opina que exagero al sentirme mal por esto, que revise cómo carajo le (mal)trataron en su casa. Hasta ayer or la tarde no pude llegar a comprenderlo.
Al comienzo de mi camino feminista, recuerdo que utilicé la siguiente medida para ver más allá:
Ante una situación concreta, cuando no estaba segura de si algo atentaba contra las mujeres, ponía en el lugar de la mujer la figura de un hombre negro, y si la imagen resultante era una atrocidad racista, comprendía que la situación con el mujer era, en realidad, una atrocidad machista.
Ahora aplico esta misma medida a las criaturas, a los cuerpos más vulnerables, y llego a las mismas conclusiones, a los mismo dolores y a al misma necesidad de denuncia, cuidado y protección.
 Y es por llegar a hacerme estas preguntas que puedo llamarme adulta. Ser una mujer adulta es ser consciente de la situación de maltrato en la que nuestros cuerpos se han criado y actuar en consecuencia. Porque yo he elegido dejar de amar un imposible, dejar de creer en Los Padres Magos. La adultez radica en darse cuenta de las cadenas a las que a una la atan y resolver qué hacer con ellas. ¿Acaso pueden llamarse adultas las personas que siguen disculpando a sus maltratadores? ¿No es esa respuesta la de un niño temeroso de la ira paterna? ¿Acaso este querer no es mantenerse clavada en la cruz a la espera de un amor que nunca existió?
“**¿Por qué tardó tanto en ocurrírsele una solución tan sencilla? Porque en la casa de sus padres Andreas tenía la esperanza de obtener de ellos, al fin, aquello que de pequeño tanto había anhelado. Pero lo que no le habían dado de niño tampoco podrían dárselo de adulto.”>>
**El cuerpo que nunca miente. Alice Miller (Austral, 2014).
Y sobre la película, mi amigo Edu, con quien fue a verla, dice: El viaje de Nisha (la mala reputación) - no sentía una reacción tan visceral con una película desde Slumdog Millionaire. Debería ser de obligado visionado para todos los buenistas que creen que vale cualquier tipo de inmigración, incluso los que no tienen ninguna intención de integrarse.
Cuenta la historia de una chica noruega que trata de hacer la vida de cualquier adolescente, en el seno de una familia de refugiados pakistaníes que preferirían que su hija estuviera muerta antes que oír las murmuraciones de los vecinos.
Dura pero muy recomendable.
Mi propia opinión es: Muy dura, bien resuelta, te mantiene en vilo de principio a fin. Me alegra encontrar una producción que muestra con valentía esa incultura de la sociedad islámica: ese machismo, esa violencia contra la mujer y ese sometimiento a la voluntad represora del varón. De las pocas películas que me cuentan algo que aún no había visto. Lo digo de verdad: la tiene que ver todo el mundo. No es amable ni divertida, pero es tremendamente bonita.