Aprende a relajar tu culito

“El auto etiquetado según el rol sexual anal (pasivo, activo o versátil) es una característica muy destacada de nuestra comunidad. Sea cual sea tu rol, es saludable aprender a ser asertivo sobre él y a ser respetuoso con el de los demás. Si bien es cierto que la versatilidad es bastante habitual en los encuentros sexuales casuales, a la hora de establecer relaciones sentimentales duraderas la complementariedad en estos roles suele ser importante”.

Me encanta este párrafo de mi libro de cabecera este verano: Quiérete mucho, maricón

<<Uno de nuestros grandes asuntos es dilatar lo suficiente -explica el autor, Gabriel J. Martín-. El ano es una fuente enorme de placer para hombres y mujeres tanto hetero como homosexuales. A ellas la penetración anal les proporciona placer mediante la estimulación de zonas del útero que no suelen ser accesibles desde la vagina –si él lo dice…, yo disiento en esto también, pero no me apetece seguir discutiendo, que llevo un día…-. En el caso de los hombres, la estimulación de la próstata produce una sensación de placer que se expande mucho más allá de la zona estimulada y que sientes de manera holística, como por todo el cuerpo. Ante el temor a sentir dolor, puedo darte una buena noticia: el esfínter es un músculo y puede entrenarse. Al contrario de lo que leerás en internet acerca de que los gais perdemos la capacidad para que se nos cierre el esfínter, el ano abre y cierra perfectamente porque (justamente) ésa es su función. Con estos consejos vamos a aprender cómo podemos entrenar nuestros esfínteres.

A. Higiene. Haz uso de enemas o, mejor, de la manguera de la ducha (sin la alcachofa, claro: ¡estás entrenando y aún no te cabe!). Se venden adaptadores en los sex shops, con forma de tubito que se enroscan en la manguera de la ducha una vez que quitas la alcachofa. Siéntate en la taza del inodoro, aplica el chorro de agua templada en tu ano y deja que el agua penetre en el primer tercio, solamente en la parte del recto. Contén el líquido unos segundos (como 20 ó 30) y, entonces, deja salir el agua. Hazlo varias veces hasta que estés limpio por completo. El lavado está contraindicado si estás recuperándote de una cirugía abdominal, si tienes sangrado del tubo digestivo o cualquier otra dolencia intestinal. En caso de que todo esté bien y sano, simplemente ten la precaución de no tener sexo inmediatamente para dejar que la mucosa se regenere. Tranquilo que, si yaciste una deposición antes de limpiarte, no aparecerán más heces en ese intervalo de tiempo.  Existen muchos tutoriales sobre limpieza rectal disponibles online. Consúltalos.
B. Ejercita el anillo muscular. Compra un plug anal, los hay de diversos tamaños (empieza por uno medium). Para la primera vez, te aconsejo que lo cubras con un preservativo para no dañar la silicona de que está hecho y embadúrnalo de crema. Yo siempre aconsejo utilizar crema densa porque su textura facilita la penetración. Recuerda que esa crema es solamente para los primeros entrenamientos y jamás la uses cuando seas penetrado con un pene porque esas cremas dañan el preservativo y pueden facilitar que se rompa. Cuando ya lleves varios entrenamientos podrás usar lubricante con base de agua, que es el verdaderamente adecuado para el plug y para las relaciones sexuales. Siéntate sobre el plug y ve dejándote caer. Puede que te cueste un poco, ten paciencia y ve permitiéndote disfrutar de una dilatación progresiva y no dolorosa. Separa los glúteos con las manos y, sentándote, permite la penetración. La forma cónica del plug ayuda a que vayas dilatando progresivamente. Cuando llegues a tu límite, detente y dedica unos minutos a jugar: sácalo, vuelve a meterlo, vuelve a sacarlo. Poco a poco ve aumentando la cantidad de plus que te introduces hasta que consigas tenerlo dentro. Puede que el final cueste un poco más, pero insiste.
C. El movimiento que facilita la entrada es el de defecar. Al hacerlo, abres el ano y puede entrar el plug. Cuando haya entrado total o parcialmente, comprime el ano (como si aguantases las ganas) y empezarás a experimentar sensaciones en el interior de tu recto. No olvides que estás entrenando, no martirizándote. [los gays son siempre muy competitivos. Recuerdo un amiguito que me decía que se había tirado a su jefe una noche en un viaje de trabajo, en el hotel, al terminar el congreso. Un madurito muy guapo y muy cachas, y mi amigo estaba admirado por lo bien que dilataba. Follarte a tu jefe. Un jefe pasivo y que dilata de maravilla… Tócate los…] De cualquier forma, si lo haces bien, te sorprenderá lo fácilmente que entra y el placer que te proporciona. Entrena los movimientos del ano, comprime los músculos del recto, experimenta sensaciones y disfruta de conocer una zona tan placentera. Con esos ejercicios se aprende también a controlar el reflejo de expulsión de los músculos del recto, lo cual reduce la tensión en la zona y permite la percepción de placer. Lo bueno del plug frente al dildo es que el primero, gracias a su forma, no se sale, no es expulsado. Y por eso, permite los ejercicios de entrenamiento.
D. A medida que mejores, podrás cambiar el plug por un dildo. Los hay de diferentes texturas (mejor el látex) y grosores (ten sentido común al comprarlo, nene). Los mejores son los parcialmente flexibles. Un pene erecto nunca es una barra de hierro, sino que se adapta a las curvaturas del ano, así que un dildo que simule ese efectos muchísimo mejor y te proporcionará placeres mayores. Ya sabes que le primer reflejo de la zona rectal es el de expulsión. Recuerda que los plugs no se salen porque tienen la forma adaptada para evitarlo, pero los dildos tienden a ser expulsados [ojo, aquí no puedo quedarme callada: el dildo también corre el peligro de introducirse del todo y quedarse dentro, siendo un horror tener que ir a urgencias a pedir que te lo saquen. La forma de los plugs, con el tope en la base, impide que eso suceda].  Sujétalo dentro de ti y quédate quieto hasta que el reflejo de expulsión vaya desapareciendo (apenas unos instantes, una vez hayas entrenado lo suficiente) y se sustituya por movimientos en torno al dildo. Aquí empezarás a experimentar placer.
E. Cuando te penetre un hombre es mejor que introduzca una parte de su pene y que, acto seguido, lo saque un poco. Que vuelva a empujar (mientras te separa las nalgas) y lo vuelva a sacar un poco. Así varias veces hasta que te entre todo eso que quieras (o puedas) sentir dentro de ti. Una vez penetrado, lo mejor es que se quede un rato dentro de tu recto hasta que controles el reflejo de expulsión y, cuando ya estés preparado para iniciar la follada, házselo saber a tu amante.
F. La postura que más facilita la penetración es con el cuerpo de lado. A ésta le sigue la de tú encima, luego la del perrito (en todas sus variantes: piernas sobre la cama, pies en el suelo y manos en la cama, tumbado, de pie) y por último, la clásica del misionero, donde es más cómodo si colocas un almohadón bajo tus nalgas y y elevas bien las piernas. A mí es la postura que más me gusta -dice Gabriel J. Martín- porque es la más íntima, el pene se siente muy profundo y permite besarse, acariciarse, mirarse, ¡todo!>>