MILF

<<Para ser una cuarentona sexualmente liberada, Eve había tenido, hasta hacía pocos días, una relación muy limitada con la pornografía. Recodaba haber ojeado siendo adolescente el alijo de revistas porno del hermano de una amiga y haberse sentido intimidada por la belleza realzada con aerógrafo de las modelos del desplegable central de la Playboy y por las muy explícitas imágenes de Hustler. Su visceral desagrado adquirió perfil ideológico en la universidad, donde era dogma de fe feminista que la pornografía degradaba y objetualizaba a las mujeres, explotándolas por el puro beneficio económico. ¿Cómo iba a plantearse nadie tener algo que ver con un negocio asqueroso como ése?
Después de graduarse empezó a comprobar que esa opinión no era compartida de forma universal. Conocía a un montón de tíos supuestamente cultivados a los que al parecer les gustaba el porno, o al menos les gustaba bromear sobre que les gustaba el porno, pero lo que de verdad le sorprendió fue descubrir que cierto número de amigas también fueran fans del asunto. Allison, su compañera del posgrado, le contó que ella y su novio dedicaban los viernes a ver porno y ambos se pasaban la semana esperando que llegase ese momento. (Allison también tenía un vibrador al que llamaba Black Betty y que medio en broma describía como lo mejor que le había pasado en la vida).
Sucumbiendo a la presión ambiental, en los indicios de su matrimonio Eve y Ted habían alquilado una película titulada “Jodiendo a mi secretaria” -fue en los tiempos en que todos los videoclubs tenían una sección X, casi siempre oculta en el sótano o apartada en otras sala-, pero solo aguantaron un par de minutos antes de tirar la toalla. Los actores parecían freaks de feria, la secretaria lucía unos pechos que desafiaban a la gravedad y el jefe mostraba una erección del tamaño de un calabacín de premio. A Eve y Ted no les motivó lo más mínimo, así que apagaron el vídeo e hicieron el amor , encantados de manejar sus propios equipamientos y dimensiones humanas. Su historia X básicamente se acabó ahí. Eve nunca había navegado por internet en busca de porno y casi nunca pensaba en ello, salvo con inquietud maternal.
Por eso se sintió tan rara al volver por sexto día consecutivo a milfateria.com (el mayor Buffet libre del mundo de porno MILF amateur), desplazando el cursor por las imágenes en miniatura de los clips colgados hacía poco. Mamada de deliciosa esposa. Anal MILF con corrida. Abby adora pollón negro. Primera vez ante la cámara de la sexy Samantha. Supermami viciosa se la mete como una campeona. 
Supermami viciosa. A Eve la descripción le hizo sonreír y clicó en el link. Merecía la pena echar un vistazo.
Había sido el mensaje de texto anónimo, el que había recibido el viernes por la noche, lo que la había llevado hasta ahí. Lo había olvidado por completo hasta el sábado por la mañana, cuando encendió el teléfono y se volvió a topar con el estúpido mensaje: “Eres mi MILF!”.
No tenía muy claro por qué le había molestado tanto. Lo más probable es que fuese una broma inocente, obra de un adolescente borracho mientras se bebía los últimos lingotazos de la noche. Este tipo de textos eran el equivalente a una llamada obscena.
Mándame una foto desnuda!!!"
Lo único que tenía que hacer era borrarlo y olvidarse. Pero siguió mirando esas palabras que flotaban en la pantalla como si tuviese todo el derecho del mundo a invadir su móvil. Antes de tomar conciencia de lo que estaba haciendo, ya había tecleado una respuesta.
No soy una MILF, pedazo de mierda”.
Por suerte se impuso el sentido común antes de pulsar el botón de enviar. No tenía ni pies ni cabeza entablar un diálogo con un pervertido, dándole la satisfacción de una respuesta, una recompensa por su acoso.
MILF
Eve por supuesto sabía el significado del acrónimo -no vivía aislada del mundo- o al menos creía saberlo. Tal como ella lo entendía, no era más que una puesta al día del nombre que se le daba al clásico estereotipo de la señora Robinson, la mujer de mediana edad depredadora que dirigía su atención hacia los hombres más jóvenes, incluso tal vez a los chicos de la edad de su hijo Brendan. Esto era lo que más la inquietaba, la posibilidad de que el texto lo hubiera escrito alguno de los amigos de su hijo, o incluso tal vez su nuevo compañero de habitación.
Quiero correrme en tus tetorras caídas!!!
¿Qué tipo de persona le soltaría eso a la madre de un amigo?
¿Y si era Wade o Tyler o Max, chavales a los que conocía desde que iban a la guardería, a los que había llevado a la playa y que habían dormido en su casa? Le volvía el estómago imaginarse a una de ellos pensando en su cuerpo de un modo tan lascivo.
“Y no las tengo caídas”, pensó indignada. “De hecho, las tengo bien firmes”.
Una de las cosas que había aprendido rastreando por la web esa mañana era que había estado mezclando los conceptos cougar y MILF, que resultó que no eran en absoluto sinónimos. MILF era un término más amplio y pasivo, que cubría a "cualquier madre sexualmente deseable”. Lo cual significaba, descubrió Eve, que una no podría decir: “Soy una MILF”, porque la denominación de MILF dependía de los ojos del que miraba. El otro detalle que había descubierto era que no se podía escribir el término en Google a menos que uno quisiera nadar en un océano de porno. [...]
By Tom Perrotta.