Tontas o tontos

Como saben, vivo leyendo (novelas, artículos, divulgación…) donde encuentro, como por arte de magia, así, en mitad de una página, mi biografía. Supongo que, cualquier día, me dedicaré a copiar-pegar párrafos inconexos e hilaré el bestseller de todos los tiempos. Hoy, nuevamente, en el segundo párrafo de un breve y certero post ajeno, me he sentido entre fotografiada, destripada, psicoanalizada y muy a gusto en plan, ¿ves? ¿Lo ves? ¡Es así! Esto es lo que yo decía! ¡Esto es lo que me pasa a mí, coño, por fin! Dejen que les recomiende la lectura de este post, con el significativo título: “Tontas” y la descripción del fenómeno del “gen”.

Sí, yo tengo el “gen”. Lo sé. Vivo con ello y lo asumo (en mi descargo diré que hace muchísimos años que sé que soy portadora y que lo llevo en el ADN. Siempre lo tuve pero no desde siempre fui consciente de ello. Por eso, seguramente, sólo hace dos o tres años que lo gestiono a mi conveniencia y sé decirme a mí misma: “no es no” o “sé que es no pero me voy a dar el homenaje”. Con anterioridad, lo he sufrido a base de bien… Por no liarles con mis estupidísimos digo dolorosísimos fracasos, podemos resumir que he tenido una vida sentimental de mierda aunque sexualmente haya sido muy muy muy muy muy muy envidiable. Yo soy fui muy de tirar al monte chulo. (Va por ustedes, que me odian pero me leen).

De “Tontas” interioricen y saquen sus propias conclusiones, que yo las mías ya las tengo bien claritas. No soy tonta (no pago por, no mantengo a…, es decir: no me chulean económicamente hablando) pero he tropezado con uno de cada, y he llorado lo mío. Hablo de los canallas, los chungos manual que según aparecen tú en el fondo sabes que te darán mala vida. Se hace extensivo a los peligrosos, los casados, los armarizados, los mundialmente incomprendidos, los inseguros y negativos, los pendientes de alfabetizar, los narcisistas, los toxicómanos reyes de la zona VIP, ¿hace falta que siga dando ejemplos de seres inconvenientes sólo aptos para arruinarte toda, o una parte, de tu vida, o se sitúan ya? Ay, si es que… amén de que las calles están fatal, no quedan heteros y los que hay son para devolverlos sin probar (guarden ustedes el ticket). Sin embargo, por favor, no me odien por esto, dejen que les diga algo: los feos, los modosos, los… “normales”, son un cuadro igual; y te la lían parda en cuantito que se les presenta la ocasión.

El caso es que lo de ser consciente de si se es o no portadora del “gen”, o aprender que los malos no se pueden redimir ni van cambiar, lo de que la fuerza del amor tan especial que sólo tú les brindas (modo ironía on, por favor) va a poder con sus hábitos y con la inercia de la rutina, etc… Éstas y otras grandes mentiras verdades, se asimilan con el paso de los años y coleccionando cuernos, traiciones, engaños, decepciones y frustraciones en general.
Y aquí, un fragmento de “Mentiras en la cama” de Gaby Hauptmann, donde encuentro justo la otra versión. Podría limitarme a poner un link a la vida personal de Melania Trump, como sugiere mi amigo Edu, pero así queda constancia de cómo me desvivo por ustedes:
 

-Sí, sí. Pero en la cama, mamá, ¡en la cama! ¿Cómo lo soportas? ¿O ya no hacéis nada?

-Yo pienso que en la vida eso no es tan importante. Hay otros valores. Tu Sven tiene éxito, es guapo, y además generoso y sincero. Gracias a él tú tienes un buen puesto de trabajo, un buen piso y estás bien cubierta. Y, por último, yo recuerdo que tú lo querías conseguir de cualquier forma. ¡Era el hombre de tus sueños! ¿Pues sueña con él en la cama que es como tú crees que debería ser!
Nina abre bien los ojos.
-¿Que sueñe que Sven es en la cama como debería ser? ¿Eso es lo que haces tú con papá?¿Simplemente sueñas que es como a ti te gustaría?
Ilse Wessel aspira profundamente.
No se puede tener todo, Nina. Los hombres que son para toda la vida no suelen ser buenos en la cama, y los que son buenos en la cama no son casi nunca para compartir una vida y, llega un punto en el que una tiene que decidir qué prefiere.
Cuando Nina llega a casa, son las dos de la noche. Sven duerme ya. Ella camina con sigilo por el piso. La verdad es que es bonito. Estuco en los techos altos, parqué antiguo de tablas anchas, grandes puertas de dos hojas. Ella sola no podría permitirse un piso así en el centro de Colonia. Los muebles de diseño tampoco. Pero, ¿por qué no tengo nunca dinero? Se pregunta infeliz mientras abre el frigorífico. El último botellín de cerveza asoma su cuello. También ese botellín lo ha pagado Sven. Nina cierra la puerta pero enseguida la vuelve a abrir.
-¡Ahora te voy a aniquilar! -gruñe, y a continuación agarra el abridor.
Camina despacio por el piso y va bebiendo de la botella. Cuando llega al baño, se queda un momento frente al espejo.
-No eres capaz de sobrevivir sola -dice en voz alta y brinda a la salud de su reflejo en el espejo-. Eres demasiado tonta para poder hacer dinero de verdad. Todos saben hacerlo, ¡sólo tú no!
Nina bebe un largo trago de cerveza.
-¡Sueña con él como tú crees que debería ser! Aunque en el trabajo te trate peor que a un perro. Da las gracias y sueña que es como a ti te gustaría. ¡Si es el hombre de tus sueños! ¡Chúpale el culo y no olvides dar las gracias! -el botellín se le escurre de las manos y cae con estruendo golpeando el lavabo de diseño italiano. Asustada, Nina lo recoge. Al cristal oscuro y grueso del botellín no le ha pasado nada pero el lavabo no ha corrido la misma suerte. Nina persigue con el dedo índice el oscuro arañazo que se ha abierto en la pila.
-¿Pero qué demonios…? -Sven se asoma a la puerta del baño. Tiene le pelo revuelto y sólo lleva puesto el pantalón corto del pijama.
-¡Oh, buenas noches! -Nina se sitúa con un movimiento rápido delante del lavabo, con la botella de cerveza en la mano.
-¿Se puede saber qué estás haciendo para armar tanto escándalo? -y con el ceño fruncido mantiene la mirada fija en la botella.
-¿Yo? Nada ¿por qué?… Es sólo que tenía sed.
-¡Entonces ven a la cama de una vez! Pero antes límpiate los dientes. Ya sabes que no puedo soportar el olor a cerveza -sin decir una palabra más se da la vuelta y, tomando la dirección de la cama, desaparece.