Jódete y crece

Señoras y señores, me he saltado la cuarta pared tan a gusto. El pasado sábado estuve en el estreno de Jódete y crece y me gustó tanto que no pude sujetarme: tras los largos y merecidísimos aplausos, me colé entre bambalinas y asalté a un Juan Pablo Cuevas, autor del texto (Javi en la obra), que estaba ideal semidesnudo. Él y también Alejandra Martínez de Miguel (directora), Bárbara Valderrama (Emma) y Manel Hernández (Andrés) responden a algunas de mis preguntas.

Sitúense: Jódete y crece es una tragicomedia teatral que se representa en el Teatro Lara a partir del 28 de abril.

Esta obra presenta a Javier, un dramaturgo exitoso que vuelve a casa tras estrenar su última obra. Pero no vuelve solo, le acompaña Andrés, un actor mediocre que intenta sacar provecho de su relación. En medio de este desencuentro aparece Emma, la mejor amiga de Javier, dispuesta a dejar claro que tiene algo que aportar a este triángulo.

Una obra que nos acercará a los miedos, expectativas y sueños truncados de estos tres jóvenes, que son los de su generación. También nos abre una ventana a las noches de borrachera, las canciones pop y sus experiencias sexuales, adentrándonos en las dificultades que está teniendo esta generación para madurar. Veremos que las promesas con las que ha crecido la ‘generación más preparada de la historia’ se han puesto en evidencia ante la precariedad del paro, las primas de riesgo y la desprotección.

Extractos de la obra

‘Admitamos, de una vez por todas, que crecer no es lo que nos habían prometido. No hay trabajo fijo, las parejas no son estables y si me apuras, tampoco tu sexualidad’.

‘Deberíamos denunciarlos sabéis. A todos, a los que nos han dicho que esto iba a mejorar, que ser adulto era algo divertido. Esto no es lo que me esperaba. De mí ni de nadie. Él único que ha cumplido con mis expectativas, es mi padre, también porque no deseé nunca nada de él. Crecer, hay que crecer, decía’.

Sobre lo que estos ojitos que se van a comer los gusanos vieron en ese escenario no voy a hacer spoiler. Les dejo la entrevista y mi sincera recomendación de que no se la pierdan. Háganme caso.

 

 

– Probar por probar en el sexo… y acabar haciendo algo que… Me refiero al trío de la escena casi al final.

Juan Pablo: ¿Probar por probar? Y eso ¿cuándo? Se prueba cuando tienes un deseo más o menos explorado de hacer algo. Y creo que en ese sentido, lo que tenemos no es miedo a probar, es miedo a dudar. Vivimos sociedades que han convertido la sexualidad, la identidad, el género, en algo estanco y monolítico, pero también se puede dudar, desconocer, explorar. Es lícito y necesario, por lo menos en todo lo que no vaya en contra de tu integridad física. ¡Dejémonos de estar tan seguros con todo!

– Mariliendre, esa gran desconocida. Cuando preguntas si alguien sabe lo que son estuve por levantarla mano, buscar “mariliendre” en eldiccionario de la RAE y mostrarte mi foto…

Bárbara: Desde pequeña, desee tener un amigo gay, porque siempre pensaba lo genial que sería que un chico me entendiera, me diera la mano, nos besáramos en la boca… y solo fuéramos amigos. El concepto de mariliendre nace de la necesidad de intimar con un hombre que (supuestamente) se parece más a nosotras, de llenar un vacío con la purpurina que brota de otra minoría oprimida. Detrás de todo gay, hay una mariliendre, y eso de que esté “detrás”,  supone algo positivo y negativo. Ambos caminos se desarrollan en Jódete y crece.

– “No quiero seguir siendo tu techo de cristal” le dice a ella como despedida. Me encanta la relación gay-mariliendre diseccionada desde ambos lados.

Juan Pablo: todas las relaciones que existen están permeadas por el patriarcado. Incluso aquellas que son identidades subversivas como los gays o las mujeres más liberadas y mariliendres. Haciendo un poco de autocrítica, por parte de ambos, hemos comprobado que también había toxicidad, egos, condescendencia, etc. Y jode mucho, pero hay que hacer algo con ello. Mariliendre significa piojo. Estás llamando piojo a alguien que quieres ¿no? Eso se puede cambiar.

– Se puede y se debería, sin duda… Hay mucho sexo en escena. Totum revolutum la mar de recreativo.

Alejandra: ¿Y por qué no? Hay orden en el caos de un trío, sí. Hay una coreografía con los actores pero también hay un enredo creativo. La revolución sexual de nuestra generación está llena de contradicciones, de miedos y ganas, meter una escena de sexo es necesaria para contarlo y para disfrutar de nuestra sexualidad en escena. Creo que la escena puede incomodar a algunos y generar deseo a otros. Huye de la indiferencia, es sexo, nuestro sexo y para mí ha sido una de la escenas más bellas de crear.

Manel: Al principio es algo que da respeto… Desnudarnos, besarnos, hacer posturas sexuales mientras mucha gente te está mirando… Da vértigo, y yo pensaba que me iba a morir de la vergüenza. Pero una vez que estás en función, que ves que estás haciendo del acto sexual, algo creativo… Los prejuicios pasan a un segundo plano, no piensas en el sexo, piensas en lo que estás contando con eso. Es algo que he conseguido disfrutar muchísimo.

– Los actores y los directores. Los clichés… “A ver, mamá, que tampoco es José Luís Moreno”

 Juan Pablo: Jajaja. No sé si te lo estás llevando por ahí o no. Pero qué va, aunque hagamos bromas de ello, la obra no va sobre un Harvey Weinstein