Casas de engorde

En el sucio charco al sur de Guereda lograron desprenderse del olor a puta.

Era una mezcla de sudor rancio con perfume barato, azafrán de teñirse las palmas de las manos y aceite de ricino.
Hugh M’Taggart regresó de devolver tras un matojo, y se dejó caer pesadamente junto al Turco.
-No sé si fue la bebida, el cucús de mierda, o el recuerdo de esa sucia gorda… -Intentó sonreír-. A veces el deber exige demasiado…
Razman le golpeó afectuoso la pierna.
-No te quejes… -señaló-. Después de tres meses en el desierto, una mujer es siempre una mujer…
-¡Ésa, no! -negó convencido.
Terminaron de vestirse y comenzaron a ensillar sus monturas.
-¿Crees que tampoco aquí hay nada? -inquirió el inglés.
-Al menos, no en el prostíbulo… La vieja tenía auténtico interés en que nos quedáramos toda la noche con sus chicas. De esconder gente, hubiera preferido liquidar pronto el negocio y que nos fuéramos…
-Me cuesta admitir que se dedique a engordar gente…
-¿Por qué no? ¿Te fijaste en al chiquilla del velo…? Me juego el cuello a que se la compró a un traficante que se detuvo a engordarla en su casa…
Hugh M’Taggart sonrió.
-¿Nunca le has pegado fuego a un prostíbulo?
El Turco se rascó la cabeza.
-No -admitió-. Es lo único que no he hecho en un prostíbulo, pero si te apetece, al regresar, lo hacemos…
Ébano. Aberto Vázquez-Figueroa.
El asunto que más asco y más pavor me ha despertado de este fragmento no es verificar la naturaleza masculina; esa verdad repugnante que, por sistema, consume sexo de pago. Siempre, aunque lo nieguen, aunque siempre sea de oídas, aunque siempre haya ido un amigo, aunque siempre haya ido para tomar una copa y no hiciera nada, aunque siempre haya sido porque los demás le presionaron, van de putas.
No, no y no señores y señoras, no he sientido asco por este asunto. A mí de este fragmento lo que me ha abierto los ojos al averno es el concepto “casas de engorde”. No me cuesta nada admitir públicamente que ignoraba por completo la existencia de lugares así en este mundo de mierda. Se trata de domicilios de particulares que cooperan con los traficantes de personas. En la más absoluta clandestinidad, seres humanos que han sido secuestrados, son encerrados y alimentados durante unos días o semanas, hasta que recuperan el peso que han perdido durante el tiempo que fueron capturados y trasladados hasta esas ubicaciones secretas y muy próximas a los puntos de entrega. Las casas de engorde sirven para que las personas que van a ser vendidas como esclavas sexuales o para fines de lo más abyecto, recuperen el peso y el buen aspecto, para así poderlas vender a mejor precio. Las organizaciones de tráfico de seres humanos existen, cuentan con cooperadores necesarios, con mafias organizadas que mueven cantidades inimaginables de dinero. Esclavos en el s. XXI. El horror.
El origen de las granjas o casas de engorde se encuentra en África y en la tradición del Leblouh, muy vinculado a los matrimonios precoces.