En plena acción

Ni el reino animal, ni las pelis porno, ni las -probablemente- mediocres clases de educación sexual que recibieron ustedes en secundaria son los recursos más indicados para aprender algo acerca del coito. Estas tres referencias posiblemente les llevaron a pensar que el sexo es coito, y el coito es un frenético mete-saca, pero ¿y el romanticismo? ¿Y la variedad? ¿Y los matices? ¿Y el clítoris?

Para los hombres, la fórmula del éxtasis sexual suele ser bastante sencilla: meterla, empujar, empujar un poco más, y correrse. Por desgracia, sólo las pocas afortunadas que disfrutan con la mera estimulación vaginal vivirán con éxito esta ecuación. Pero atención, señores hetero: es posible que no estén ustedes saliendo con una de ellas.
Se han descrito hasta diez tipos de orgasmo femenino. Menos del 30% de las mujeres alcanzan el orgasmo sólo con el coito, y casi me atrevería a firmar que la mitad de éstas, lo fingen. Esto no es tan sorprendente sonsiderando la enorme distancia que separa el glande clitoridiano de la entrada vaginal (un fallo por el que deberíamos poder reclamar a la Madre Naturaleza). Un pene o un dildo con la mejor de las intenciones se podrían pasar el día taladrando sin siquiera haber establecido contacto con el clítoris, y es precisamente ese contacto lo que la mayoría de las mujeres necesita pata llegar al clímax. Pero si se cambia el ángulo de abordaje, se añade un dedo (sea de quien sea) o se suman esfuerzos con un vibrador, seguro que uno tiene todas las de ganar.
Y eso sin olvidar el punto G, otra clave para ue ciertas mujeres alcancen el orgasmo y que se halla dentro del cuello uterino. Claro que el simple hecho de introducir algo y taladrar no hará brotar el manantial, porque el caso es que aunque el punto G agradece la penetración, ésta debe realizarse a poca profundidad y en un ángulo muy concreto.
Próximamente les daré más recomendaciones sobre "etiqueta coital”, por hoy, tengan esto en cuenta: No ha de privilegiarse el coito por encima de otros intercambios sexuales, como si fuera lo único que se persigue, y tampoco olviden abordarlo con respeto, pues a fin de cuentas estaríamos tratando con el círculo reproductivo de la vida. Nunca dé por supuesto que tiene el derecho -ni el deber- de llegar al coito, sea cual sea el nivel de provocación o de desnudez que se haya alcanzado. Si en determinado momento no se tiene claro, pregunte (eso es extensible a las damas, por supuesto), porque cuando se está con alguien en la cama no existen preguntas estúpidas (excepto, quizá la de: “¿Cómo dijiste que te llamabas?”)