Dejad que fluya

Aunque muchos cínicos consideran que eyaculación femenina es sólo una moda pasajera New Age que consiste en confundir el pis con el elixir de las diosas, su existencia está documentada desde hace siglos. De hecho, para los antiguos griegos -Aristóteles incluido- la eyaculación femenina era algo de cajón. Y algunos de ellos incluso creían que ea condición imprescindible para concebir. Además, ese chorrillo mágico también aparece en el arte erótico japonés antiguo, en los manuales de sexo de la antigua China, en el Kamasutra y hasta en los escritos de galeno, el famosos médico griego del siglo II d.C.
No fue hasta el siglo XVIII, momento en el que tanto el arte como la ciencia empezaron a estudiar el modo en que diferían los cuerpos masculino y femenino , cuando la eyaculación femenina recibió su definitivo rapapolvo.  Porque incluso en el s. XX, hasta Masters y Johnson, los reyes del pensamiento positivo sexual, llegaron a sugerir que la eyaculación femenina no era más que incontinencia urinaria tensiones (de hecho en esa época muchos cirujanos solían operar a las eyaculadoras prolíficas para “enmendarle problema”). Aún hoy en día existe mucha gente que se siente confundida , incómoda y/o aterrada con la sola mención del fenómeno Por eso estamos aquí.
Y es que, además, la eyaculación femenina es endiabladamente difícil de estudiar porque varía sustancialmente de una mujer a otra: mientras las hay que tienen un potente chorro capaz de atravesar una habitación de punta a punta, otras sólo dejan un mancarrón en las sábanas. O sea, que puede oscilar entre unas pocas gotas y unos cuantos borbotones. Y luego están también las súper eyaculadoras capaces e llenar varios vasos. Algunos lo habrán experimentado y otros lo habrán visto en pelis porno.
Algunas mujeres eyaculan justo antes de un orgasmo del punto G, otras lo hacen independientemente del orgasmo, unas terceras justo durante el momento del clímax del punto G y aún otras lo logran con al mera estimulación externa del clítoris (aunque por lo general la estimulación del punto G suele funcionar como el “ábrete sésamo” de las compuertas eyaculatorias). También hay mujeres que nunca eyaculan… o quizá sí lo hagan, porque el caso es que según la "teoría eyaculatoria” todas las mujeres producen fluido evacuatorio aunque no lo sepan. Y pueden no saberlo por distintas razones, ya sea porque lo confunden con la lubricación vaginal y/o la orina o porque se aguantan las ganas y luego, cuando an al baño lo eliminan junto con el pis sin darse cuenta. O quizá es que producen tan poca cantidad que se les escurre vagina abajo sin mayores consecuencias.
Sí, pero ¿que es?
Una cosa sobre la que todo el mundo está de acuerdo (o por los menos los que creen que existe) es que la eyaculación femenina se expulsa a través de la uretra durante el orgasmo o la excitación como consecuencia de las contracciones de los músculos de la pelvis (por ejemplo, el orgasmo) y/o la sobrecarga de las glándulas. Pero lo que no es en absoluto es pis, por lo menos tal como lo conocemos. Puede que haya restos de pis en el fluido (después de todo, sale por el metal urinario). O puede que cuando os corráis se os escape un poco si no habéis vaciado la vejiga antes. Pero el fluido del que estamos hablando suele ser acuoso, transparente o lechoso, ligeramente dulzón no muy acre. Desde luego, pis no es.
Según algunos investigadores, la eyaculación femenina está compuesta de fluidos de tipo prostático procedentes de las glándulas parauretrales, mientras que para otros sólo es una form químicamente alterada de orina procedente de la vejiga, y unos terceros sostienen que se trata de una combinación de ambas cosas. Claro que, visto lo que se sabe de él, ¡lo mismo podría ser como de naranja! Así que la próxima que vez que tengan ustedes el privilegio de encontrarse cara a cara con fluido evacuatorio femenino, olisqueen primero y luego decidan.
En cualquier caso, la explicación más convincente parece la hallada en The Clitoral Truth de Rebecca Chalker, donde se narra que una aplicada estudiante de la sexualidad humana, que casualmente era una experimentada eyaculadora, se tomó un anticolinérgico (un fármaco que inhibe la contracción de la vejiga y tiñe la orina de azul eléctrico) antes de sucesivas sesiones de masturbación. La chica comprobó que, cuando eyaculaba, el fluido que expulsaba era transparente o estaba ligeramente teñido de azul, mientras que, cuando orinaba, la orina siempre salía de un intenso color azul.