Viento del Este, viento del Oeste

Debo hacer excepción de La-May. Durante estos últimos meses vivió en una de las propiedades agrícolas de la familia. Al morir mi madre, y con todo el trastorno consiguiente, olvidamos comunicarle inmediatamente la noticia que le fue notificada, diez días más tarde por el mayordomo de mi padre. La-May vivió retirada durante todo aquel tiempo con la única compañía de su hijo y los siervos; no hizo nada para reconquistar a mi padre, ni aun cuando supo que éste había renunciado a su proyecto de adquirir una nueva concubina.

Mi padre, en efecto, se cansó pronto de su nuevo capricho. La nueva concubina, pensó, no vale el dinero que piden por ella. Pero La-May no podía olvidar que concibió el deseo de otra, y nunca quiso oír hablar de reunirse con él; mi padre odiaba el campo y, por eso, nunca fue por ella.
Al enterarse de la muerte de mi madre, La-May vino inmediatamente. Su primer pensamiento fue visitar el templo donde se conservaban sus restos mortales. Durante tres días, rechazando todo alimento, lloró en el templo. Cuando Wang-Da-Ma me explicó este detalle me apresuré a ir al templo, levanté a la llorosa y me la llevé a casa. La-May está cambiada por completo. Ya no es la muchacha alegre y vivaz de antaño; las siete elegancias de sus vestidos no son más que un recuerdo. No se pinta los labios exangües, que trazan una línea en su pálido rostro; apenas habla es gris. Lo único que sobrevive es su desdén. Al saber que las concubinas litigaban entre sí, frunció los labios con desprecio. Es la única a la que no le importa un ápice ser la primera. No habla de mi padre. Alguien me contó que amenazaba con envenenarse si éste se atrevía a acercarse a ella; el amor de antaño se ha convertido en odio.
Cuando le hablé de la mujer extranjera con quien se había casado mi hermano, no abrió la boca, como si no me oyese. Pero como insistí, me escuchó fríamente y, por último, comentó, con voz fina y tajante:
-¿Para qué hablar y ocuparse de algo que se sabe de antemano cómo va a acabar? ¿Acaso el hijo de tal padre puede ser fiel? Hoy está muy enamorado, pero ya sé cómo van esos asuntos. Espera a que nazca su primer hijo, y la madre pierda la belleza como un libro pierde las tapas. ¿Por ventura crees que se entretendrá en leer las páginas de ese libro, incluso si no hablan más que de amor?
Viento del Este, viento del Oeste. Buck Pearl, un auténtico tesoro, aunque ahora quieran ustedes cortase las venas.
Happy F*cking Valentine.
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