Autotest de VIH

 

No podía dejar de reseñar la noticia que han cubierto las grandes cabeceras: desde hoy el Ministerio de Sanidad ha aprobado la venta en farmacias del autotest de VIH sin receta ni prescripción médica.
Hasta ahora, este análisis se podía hacer en ambulatorios, centros de salud, en farmacias, clínicas privadas, etc. Con la accesibilidad de este kit que costará unos 30 euros en las farmacias, se pretende frenar al virus del VIH. Una de las principales causas de contagio es precisamente el desconocimiento de un alto porcentaje de seropositivos de que son portadores; muchas personas transmiten el virus en sus contactos sexuales porque no han sido diagnosticados e ignoran que están contagiando a terceros.
La prueba de ETS, hepatitis y VIH se puede realizar en centros de salud, hospitales, clínicas privadas… De modo gratuito o pagando, en el ámbito médico, la privacidad no es absoluta (el resultado es confidencial, por supuesto). Eso siempre ha frenado a muchos, aunque sospechasen que son portadores porque, obviamente, para la realización de la prueba, se requería la intervención de personal sanitario tanto para la extracción como para comunicarles los resultados. Son unos veinte minutos de espera. Ahí, el inconsciente mira una revista o se distrae con el móvil. Pero quien sí tiene dos dedos de frente, ha leído, ha visto películas y entendió la campaña que se hizo en los 90’s sobre el sida y sus efectos, quien ya ha visto morir a alguien cercano de sida, durante esa escasa media hora, ve pasar su vida a cámara rápida. De un modo inconsciente, con sudores fríos, es casi un acto reflejo el ir repasando la lista de los polvos esporádicos, de los amantes de unos días, de aquellas relaciones más duraderas y de todos esos descuidos, accidentes, condones rotos u olvidados en el fondo del bolsillo… Terror es la palabra que define el sentimiento que se experimenta, durante esa espera, sólo de pensar que la analítica dé positivo. Si es negativo, más de uno levita y salta y aplaude y da gracias y jura en varios idiomas lo de “nolovolveréahacermás”, de puro alivio. En resumidas cuentas, el proceso no es tan privado como hacerse la prueba en casa, a solas. Es un acto que queda para uno, secreto. Además de la falta de intimidad, muchas personas rehúsan hacerse las pruebas por el estigma de dar positivo y que ese resultado quede reflejado; como si por negarlo, pudieran hacerlo desaparecer. Otros, asesinos les llamo yo, siendo plenamente conocedores de su estado serológico, se dedican a follar y a contagiar a los que se tiran, total, saben que ya lo tienen, sienten que no tienen obligación de avisar a nadie (máxime cuando no saben ni cómo se llama el dueño de esa polla que se meten en el culo o en la boca), y se llevan por delante a todo el que no se cuide -porque, lejos de ser víctimas inocentes, encima, los hay que montan quedadas de sexo y drogas para ver si lo pillan-. En fin, como dice el protagonista de 120 pulsaciones por minuto -imprescindible ver esta película francesa-: “En esto, la responsabilidad no se divide“. Cuidadito con los gayers jovencitos y con los heteros, que las cifras de contagio dan miedo. Hazte la prueba.
Si me preguntaran a mí, en la divulgación de la gravedad de contraerlo y de transmitirlo, en la imperiosa concienciación de que hay que usar condón siempre, sugeriría que deben implicarse todos los sectores involucrados (educación, sanidad, la familia, los medios de comunicación y, por descontado, todos los ministros de todas las religiones, basta ya de hipocresía). Encuentro literalmente aberrante que por puro desconocimiento e ignorancia, la gente se despreocupe, que no sepan ni de qué están hablando cuando les comunican el terrible diagnóstico. Se quedan tan tranquilos, como si se tratara de un catarro, porque han oído que hay pastillas. Cierto es que existen antirretrovirales que van a cronificar la enfermedad. Es verdad, hay medicación. Pero también lo es que los efectos del virus y de su tratamiento, son devastadores a nivel físico y también por el estigma social que produce ser portador. De ahí que el estado serológico de cada persona sea un dato confidencial, personalísimo.
Falta educación sexual, ahí apuntaba con lo de involucrar a todos los que pueden realizar una labor de divulgación que desembocaría en la sensatez y en una mayor felicidad y satisfacción sexual. Conste que no hablo de castidad ni de abstinencia, hablo de reducir el riesgo de contagio; de saber cómo hacer lo que se desea hacer para que nadie termine contrayendo el VIH.

Que sea un producto a la venta en farmacias, me parece otro gol de las farmacéuticas. Además, para muchas personas, pagar 30 euros es impensable. Conste que yo, toda iniciativa o medida que ayude a frenar el sida, la aplaudo: desde promover a nivel mediático la moda de la abstinencia a que nos vendan un kit de pínchese ud. misma y sepa, antes que nadie y en la intimidad de su hogar, si tiene el virus de inmunodeficiencia adquirida. Este test se vendía en otros países y se podía conseguir online (si tenías suerte, que no siempre…). Este año no ha habido évola, ni fiebre aviar ni vacunas raras que encargarles… Toca darles sustento, que para eso ellas mueven el mundo.

 

Para obtener más información sobre el Autotest de VIH y otras medidas de prevención, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha puesto a disposición del público un servicio multicanal de información y prevención sobre el VIH y el Sida, de carácter gratuito y confidencial, gestionado por Cruz Roja Española, mediante el teléfono 900 111 000 y en la web ‘http://www.cruzroja.es/principal/web/info-vih’.