Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos.

    Más de 70 años después de su liberación, Auschwitz continúa siendo hoy en día símbolo universal del Holocausto; uno de los episodios más oscuros de la historia reciente, que se saldó con el asesinato de más de 6.000.000 de inocentes a manos de la Alemania nazi de Hitler.
Ahora, la primera exposición itinerante sobre Auschwitz y sus repercusiones históricas y humanas, recorre el mundo para acercar su compleja realidad a millones de personas y esclarecer, en un viaje intelectual y profundamente emocional, cómo ese lugar llegó a existir y el modo en que su existencia afecta aún hoy a nuestra visión del mundo
 

A esto, no consigo que nadie quiera acompañarme. Llego a las 16:50h. Mi entrada es para las 17h., la muestro en la pantalla y evito la cola para comprar los tickets, que se sale casi del recinto de El Canal. Todos los turnos llenos. Veo pocos niños, naturalmente. Atravieso los controles de seguridad. Llevo el móvil en la mano. Bajo las escaleras. Me sumerjo en un universo negro iluminado con una inquietante nitidez. Un enorme expositor de lo peor de la raza humana, aunque aún no lo haya visto, salvo en libros y documentales, y aunque podría elegir no verlo, he decidido que sí, que lo quiero ver, que quiero detalles, que no quiero que esto se olvide.

 Modernos, jubilados, grupos de profesores, hipsters, señoras de excursión con las amigas, parejas jovencitas, profesionales liberales… yo misma. En respetuoso silencio recorremos las salas. Un circuito laberíntico que desgrana el horror dosificándolo. A todos nos va aplastando. Se nos pega. Nos va calando. Textos maravillosos, desgarradores. Imágenes dantescas. Testimonios de las víctimas, los supervivientes. Revistas y propaganda de la época. Fotografías en un blanco y negro que a todos nos recuerda algo. Algo muy malo. Algunos, con disimulo, lloran, sorben las lágrimas y siguen el recorrido. Hago fotos. Grabo. Leo con amargura cada cartel. Me voy familiarizando con términos aberrantes: Solución final. Exterminio. Raza. Virus judío. Espacio vital. Supremacía aria. Gueto. Holocausto. Campo de concentración. Crematorio. Horno. Fosa común. Propaganda. Barracón. Ducha. Nazi. Judío. Cámara de gas. Detención. Inyecciones de fenol. Castigo colectivo. Frío. Hambre. Despiojar. 
Vagones originales que transportaron a los inocentes. Zapatos de los asesinados. Maletas que quedaron abandonadas en los andenes. Ropita de bebé. Platos desportillados que conformaban alguna vajilla. Cepillos de pelo y brochas de afeitar. Gafas. Montañas de objetos personales: las pertenencias de los muertos. Cifras de muertos. Cuento los ceros. No puede ser. Tantos, tantísimos. Siento escalofríos cada poco. Nadie se ríe. Nadie comenta a penas. Nadie es tan idiota de hacerse un selfie. El ambiente es sobrio, triste. La moqueta negra surca las 25 salas y la congoja trepa por la garganta de todos. De todos.
Ante mí, los monstruos de los libros de historia. Los protagonistas de muchas de mis obsesiones infantiles. Los verdaderos malos, los malos universales. Los condenados por genocidio. La Humanidad les condena: Hitler, Himmler, Goebbels, Josef Menguele…
Monstruos que convierten en tristes villanos a cualquiera de los putos terroristas actuales, en becarios de Satán, en meros aficionados del mal. Me paro ante una foto de un Hitler vitoreado y reflexiono. Hace varios años que, navegando en internet, doy con ciertos sujetos, desde delincuentes reincidentes a toreros, cazadores, incitadores a la violencia, acosadores de menores, viladores… o personas tan grotescas que resulta evidente deberían estar medicadas e ingresadas. He creado la categoría “ciudadanos con derecho a voto” desde el estupor, desde la incredulidad, desde la ironía, desde la sorpresa… siempre desde el más profundo rechazo porque, ojo, que estos votan y su voto vale y cuenta como el de los que sí estamos en nuestros cabales… Y este tío, Hitler, resulta que ganó las elecciones. Sí, sí: fue elegido por ciudadanos con derecho a voto. Igualitos que los yo señalo y voy incluyendo en mi particular censo. Por injusto que sea, esa gente también recibe la categoría de ser humano. Y de ciudadano. Y llegada la fecha, mete su papeleta en una urna y se recuenta como las de todos. Son ciudadanos con derecho a votar. Y dejen que les diga que me parece demencial.
Llego hasta la sala 25 bastante tocada. Respiro hondo y escucho muy emocionada, conteniendo las lágrimas de nuevo, a los supervivientes, ancianos ya, que nos regalan su propia conclusión: “No existen las razas puras”. “Sé considerado, aléjate del odio”. “Te crearon y mientras estés aquí, haz el bien”. “Ama y perdona al prójimo” “Por favor, lucha por La Paz”.
Nunca dedicaría mi primer post del año a una tontería. No se la pierdan.

El Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid se convierte en escenario de la presentación mundial de la exposición, que muestra en primicia mundial más de 600 piezas originales, y numeroso material fotográfico y audiovisual inédito. Este será su único destino en España.

Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos. 

Ha sido creada por Musealia. La exposición Auschwitz permanecerá en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, primero de sus 14 destinos mundiales en Europa y Estados Unidos, del 1 de diciembre de 2017 al 17 de junio de 2018