Ley sueca sobre violación

No puedo dejar de hacerme eco de lo que, a priori, es una absoluta revolución en materia de delitos sexuales: la nueva Ley sobre violaciones sueca invierte la carga de la prueba: será el acusado de violación o de agresión sexual quien deba probar que había obtenido el consentimiento.

 

Miren que en este tema, tengo clara mi absoluta repulsa a la revictimización que sufre toda persona agredida o violada: además del episodio ante su agresor, pasará un calvario teniendo que revivir una y otra vez lo sucedido, siendo juzgada por su actitud, su ropa, sus horarios o sus hábitos. Responderá ante la sociedad, ante su familia y especialmente, ante el mismo sistema judicial y las instancias policiales por un delito del que ha sido víctima. Así es de incongruente y cruel el sistema.

Pero, respecto de esta innovación sueca, lamento decir que sospecho que la medida no va a ser plausible en la práctica judicial. Es un imposible. ¿Acabaremos firmando un contrato antes de follar? Porque es a lo que conduce esto de probar que existía consentimiento. Y llegado el caso: si firmamos yendo borrachas o drogadas, ¿cómo impugnaremos dicho consentimiento, cómo demostraremos que era viciado? Y aunque lo haya firmado en mis plenas facultades físicas y mentales, si en determinado momento quiero parar, y digo que “no” durante la relación, ¿me va a dejar mi violador sacar el documento de rescisión, que previamente habré metido en mi bolso?

Se me ocurren mil situaciones en que se complica esto de obtener el consentimiento válido. Espero equivocarme.