Preparativos de viaje

El mundo es un lugar donde yo no sé vivir ya. De verdad se lo digo. Necesito que me expliquen cómo va esto porque ya no gano para disgustos, sustos, sinsabores y decepciones. Me paso el día deshaciendo embrollos que, si la gente tuviera la dosis mínima de educación, amén de algo de cultura y de respeto, no se producirían.

Por centrar la anécdota, les comento que, además de recopilar facturas de 2017, organizar un sarao en mi casa y pelearme con medio facebook, hoy me ha dado por planificar con cierto margen uno de mis próximos periplos, que ya está bien de enterarme de cuál es la moneda de curso legal del país una vez aterrizo en el aeropuerto de destino. Empiezo por saludar a mis contactos y, ni corta ni perezosa, escribo a uno que me agregó, un pedazo-de-chulo con quien no tengo el gusto en la vida real, pero que es amigo de un amigo a quien, en su día, cuando vino, me esforcé en pasear por Mad City, incluyendo facilitarle listados de cosas que hacer, sitios que ver y garitos donde beber y conquistar. Por pura ley de reciprocidad, y porque me consta que es mucho más divertido hacer turismo con las recomendaciones de habitantes de la zona, afilo mi inglés y le saludo.
El mozo me responde de inmediato y a la tercera frase me suelta que le pague unos billetes a Madrid. Me quedo un poco mortis pero, como estoy revisando su perfil y estoy que babeo ante sus fotos, mantengo la conversación algo más. Me informa que es entrenador y que le gustaría abrir su estudio en Madrid y me pregunta que si se podría quedar en mi casa si decide venir. Mi rigor mortis se agudiza por momentos, llámenme antigua. Por no mandarle al carajoun cheque ya mismito, le acoto un poco el asunto: le pido que me diga con antelación las fechas de sus vuelos cuando los tenga y le ofrezco darle ciertas direcciones, etc. Entonces, cuando ya sé que vive con sus padres, que tiene 23 y que es hetero, me pregunta si he visto sus fotos y comenta que ahora lo que necesito es verle en persona y vuelve a soltar lo de que le saque un ticket a Madrid. Dudo sobre cómo redireccionar esta especie de gran mierda que rueda montaña abajo como un alud para que no me dé en la cara… Y voy y, a bocajarro, le pregunto al lactante si siempre es así de directo y si acaso cobra por sexo (a todo esto, el mozo está TAN regüenísimo que en otra ventana ya estaba yo buscando vuelos para pasado mañana, lo juro, no vayan ustedes a subestimarnos a mí, a mi sumisión latente y a mi grandísima tara mental). Le comento que soy muy respetuosa con el ecosistema y todas las personas, incluidos los trabajadores sexuales. Me responde un anémico "no" y añade que es broma. Yo noto que ya está el daño hecho. Contesto que es muy gracioso, pero que prefiero dejar ciertos detalles bien claros. El caso es que me ha escrito un “hahahaha, good night” y ha dejado de escribirme.
El perfil es real, es entrenador personal y se harta de hacerse selfies entre mancuernas, de grabarse videos mientras repite series tirando de extensores como un mono, sale semi desnudo en su cocina mostrando la puta pechuga de pollo a la plancha y el calabacín con sus musculosos brazos (porque de sus piernitas de gorrión no vamos a hablar en este post), pero claro, señoras y señores: ¿saben ustedes cuánto chapero y cuánto aspirante a "cobro por follar" conozco yo, todos con idéntico oficio-tapadera? ¿Vas a venir a robar a la cueva de Alí Babá, niñato?
Lo voy a dejar estar, por ahora. Si llega a ser algo menos subnormal, le pago los billetes y pasa la Nochevieja en Madrid, como está mandado, pero así de burdo y de chungo... no thanks. Eso sí, sabe dioR que, de aquí a tres meses, le volveré a escribir y este mancuernista vendrá a hacerme de guía local y su coronilla dará golpes contra el cabecero de la habitación de mi hotel.