Risky business

Me consultaba hace poco una aminemiga cómo podía preguntarle al nuevo que se está tirando con cuántas se ha acostado, con el fin de determinar el grado de riesgo de contagio de alguna ETS/ITS o sida o hepatitis o herpes. Quería que le diera ideas acerca de cómo sacar el tema y manejar la conversación porque el tipo es de los de no querer utilizar preservativo. Mi cara debió de ser un poema. “¿Lo dices en serio?todo el santo día matando tontos… y siempre queda algunoPues yo no gastaría saliva ni tiempo, vamos, un segundo en esto”. Ella no sé si lo gastará, pero yo sí lo gasté. Y noté que se enfadó, porque claro, tenía que decírselo.
Agarré la copa con la calma que me da haber repetido lo mismo unas diez mil veces y respiré hondo. Total, para eso están los gintonics las aminemigas. “Para empezar, querida, recuerda la gran premisa: todo el mundo miente. Así que, por qué iba a responderte este maromo con sinceridad”. Asintió, como no podía ser de otra manera.
Por otro lado, aunque él no mienta, no sabemos si alguna de sus previas parejas sexuales estaba infectada (si lo sabía, pudo mentir u ocultarlo; si no lo sabía, ha ido por ahí contagiando a diestra y siniestra)”. Otra batalla que gano por pura lógica.
Incluso si el empotrador es alguien que se ha mantenido relativamente poco activo sexualmente, nadie puede garantizar que una de sus escasas experiencias sexuales no le haya transmitido alguna de las maldiciones enfermedades ya mencionadas. Siento repetirme: te puedes contagiar con un único encuentro sexual sin protección y el riesgo no se incrementa necesariamente en función del número de parejas sexuales, sino que se correlaciona con las veces que estas relaciones se llevan a cabo sin protección. Es decir: basta ya de moralinas del Todo a 100”.
La promiscuidad no incrementa el peligro, sí lo incrementa tener sexo sin preservativo o llevar a cabo prácticas de riesgo (tragar semen, penetración vaginal y anal, compartir objetos como cuchillas o cepillos de dientes que pueden estar en contacto con la sangre, etc). De este modo, un señor que se ha tirado a mil mujeres, utilizando todas las veces un condón, parece un amante más fiable (en términos de riesgo para la salud sexual, que no emocional, pero esto es otro tema) que uno que igual ha llevado al catre a sólo veinte pero ha procurado engañarlas para follar a pelo casi todas las veces. Cuando ya estás en plena faena, empiezan con las negociaciones, el clásico speech: “es que con goma no siento nada”; “es que con goma, no se me empalma”; “es que con goma, joder, usarla contigo… no, quiero sentirte”; “déjame que la meta un rato que te juro que me la pongo luego”; “es que la goma me aprieta”; “es que la goma se me sale”; y mil “es ques” para no colocarse el puto condón, que dan ganas de decir: Póntelo o pírate, joder”.
Tenía que decirle lo que ella sabe. Tenía que decirle lo que no le apetece escuchar. Risas y otra ronda.
Podría construir mi biografía en formato colcha pacthwork a base de ir cosiendo escenas de este tipo. De nada.
Aquí les dejo el listado más chungo, que no más moderno, de las prácticas de riesgo. El mundo, tal y como se conocía en el hemisferio Occidental, definitivamente se ha ido al carajo:
  • El juego del muelle. Se encuentra a la vanguardia de las prácticas sexuales de riesgo. Este ‘juego’ consiste en que varios jóvenes se sientan desnudos, mientras un grupo de chicas son penetradas durante 30 segundos por cada uno de los participantes hasta que sólo queda uno. El mayor peligro de esta práctica reside en que el uso del preservativo no se encuentra entre las reglas, por lo que existe un alto riesgo de transmisión de enfermedades sexuales, así como que alguna de las chicas se quede embarazada. Y no sepa de quién, me permito añadir.
  • Bareback y Serosorting. El bareback es un tipo de práctica sexual de riesgo entre homosexuales que se lleva a cabo sin utilizar preservativos. Dentro de esta nueva corriente existe otra alternativa, el ‘serosorting’, en el que se busca personas que no están contagiadas para mantener relaciones sexuales sin el uso de preservativo. Esta misma práctica también se da entre personas seropositivas. Finalmente, la vertiente más extremista de esta práctica sexual, el ‘Fuck of death’, consiste en personas que buscan mantener relaciones sexuales para ser contagiados.
  • Chemsex. Son fiestas en las que las drogas y el sexo (grupal) van de la mano. La desinhibición llega a tal punto que algunos participantes llegan a realizar prácticas de ‘slamming’ o ‘slamsex’, es decir, comparten jeringuillas para drogarse mientras practican sexo. Esta es sin duda una de las más peligrosas para la salud, ya que puede suponer no solo el contagio del virus del sida, sino también el de la hepatitis. Las cifras son alarmantes, ya que según los últimos estudios alrededor del 47% de los diagnósticos de VIH en España se producen a través de esta práctica. *Y digo yo: ¿hay que pagar los tratamientos médicos con el dinero de todos a esta gente, que se infecta voluntariamente?
  • Stealthing. Es la práctica de quitarse el preservativo durante las relaciones sexuales sin que la pareja sexual sea consciente de ello, por lo que tampoco da su consentimiento. Evidentemente, además de los posibles contagios, uno de los mayores riesgos de este tipo de práctica sexual son los embarazos no deseados. Según los últimos de estudios de Lelo, cada año se producen más de 250.000 no deseados en nuestro país.