Placer femenino

Me pongo a la tarea, como cada semana desde hace siete años y me distraigo, como cada semana desde hace siete años, con el vuelo de una mosca. Mientras me obligo a quedarme sentada y quietecita, y a no vaciar la nevera a base de indulgencias, y a permanecer ante el ordenador sin recurrir a subterfugios baratos como la imperiosa necesidad de ordenar el cajón de las bragas, por ejemplo, antes de ser capaz de concretar el tema de mi post de hoy, navego. En mis redes sociales, descubro con… -aún no sé definir la emoción: no sé si es sorpresa, alivio, enfado o indignación-, que hoy todo dios parece dispuesto a escribir de sexo. Llámenme rara, pero es verdad que no sé si me molesta o me agrada. Estoy con antibióticos y anoche hubo un eclipse, ¿qué esperan? La cuestión es que voy a incluir aquí unas reseñas que creo honestamente que merecen la pena. Lean el texto reivindicativo y bello de Roy Fernández.

Es increíble cómo, probablemente, nuestras abuelas que dieron a luz a nuestras madres sin ni siquiera haberlas concebido con gusto sino con obligación y desconocimiento y asunción de una realidad íntima que no las veía ni respetaba.

Eso ha cambiado y, sin embargo, la heterosexualidad se ha convertido en un inhibidor de los orgasmos femeninos gracias a esa gran falacia que dice que el sexo es genital y que el sexo es penetración.

El orgasmo ha sido siempre un territorio abonado para los hombres, otro de los privilegios masculinos de la sociedad y toda la relación sexual se establece en torno a la erección y eyaculación del hombre. El polvo dura hasta que yo me corro. Y además no hago nada para que tú te corras porque eso es sencillo y fácil y natural.

Pues no, a veces, no es tan sencillo.

Y muchas mujeres necesitan confianza para poder llegar al orgasmo y como de eso no se habla se quedan insatisfechas aunque el fin mismo no sea el orgasmo. Se quedan insatisfechas por el comportamiento egoísta de sus parejas sexuales que hace que se sientan como agujeros negros en la Tierra.

Las mujeres no son meros sujetos pasivos de deseo.

Y tienen que reivindicar su derecho al placer, pedirlo, exigirlo es casi un acto de amor propio.

Porque ya está bien de consolar a hombres en la cama y comprenderles.

Está muy bien eso, sí.

Pero que te den lo tuyo.

Que si te vas a la cama con alguien no es para hacer terapia.

Es para que el planeta de desvanezca debajo los ojos.

Reivindicar lo bello y lo vivo y lo hermoso.

Sin pudor.

Tomar conciencia del poder de tu cuerpo.

Y cabalgar hasta que, por fin, todo te importe una mierda. 
Gracias Yorokobu por descubrirme a Hildegard von Bingen. Lean sobre ella. Muy alucinante todo.
Y además, querría que vieran este artículo sobre el clítoris. Tremendamente útil e ilustrado además.
0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario