Crónica de un desastre anunciado

Escuchaba a una aminemiga explicarme su primera cita con uno que a saber de dónde se ha sacado... y ya se mascaba la tragedia.

Conforme iba dando detalles, me parecía un caso de libro pero, a estas alturas, sé que si se lo digo, aunque el tiempo me dé la razón mucho más temprano que tarde, me va a odiar. Y bastante tiene una con lo que no tiene, y con sobrevivir con este calor, como para ir arrancando más odios.
A mí, que el tipo, de primeras, le confiese cuestiones muy delicadas sobre su vida enterita, con el trabajo que cuesta ganarse la confianza de las personas, me escamó. En menos de dos horas, le habló de su ex, de su madre, de su pueblo y de su salud. Aderezó esto último con pormenores de analíticas, pruebas médicas y posibles tratamientos. Con esto, ya me da qué pensar. Pero la cosa no termina ahí. Resulta que, nada más llegar, lo primero que le suelta es lo malito que está. Ella le ofreció posponer la cena para otro día, pero él insistió en seguir con el plan. Obviamente, haber dejado dicho que te explota la cabeza le permitía zanjar la velada en el momento en que ya no pudiera soportar más, no ya la jaqueca, sino a esta pobre inocente. Entre tostas y ensaladas, relató las mil y una aventuras que tuvo en La Oficina y con su jefe. El ascenso que no obtuvo y la consiguiente frustración que acumula.
En mi mente, sin decirle nada, mientras ella suelta lastre al otro lado del teléfono, esbozo una especie de diagnóstico en formato telegrama: Demasiada información. Demasiado rápido. Es significativo, chirría. No puede salir bien. Pretender estrechar lazos tan intensos y tan profundos en tan poco tiempo no es natural. Sigo escuchando y me voy reafirmando.
Los expertos detectan en esta conducta una clara señal de intento de manipulación. Además, demuestra que a esa persona no le importan los límites: o no los conoce, no es consciente de que los hay, o no los respeta. Si de primeras revela cuestiones tan privadas sobre sí mismo y sobre sus allegados, nada le impedirá utilizar tus intimidades como tema de conversación con un tercero (si es que te permite meter baza, que no fue el caso: este tipo era un narcisista egocéntrico como la copa de un pino que no abandonó el "yo-mi-me-conmigo-para mí"). No sabrá guardar secretos y carece de lealtad.
Por otro lado, respecto del tema de la salud, hay que tener en cuenta también las opiniones de expertos. Por tendencia natural, al principio de las relaciones, los hombres tienden a mostrar lo mejor de sí, ocultando o maquillando debilidades, problemas, vicios y demás. Sin embargo, que alguien vaya aireando detalles de operaciones y de tratamientos médicos, puede perseguir dos cosas: o que sientas compasión (te ve como a una madre-cuidadora) o que salgas huyendo (no le gustas nada). Luego está el matiz que apunté antes: si nada más legar te anuncia que le duele mucho la cabeza o lo que sea, o que se encuentra fatal, es porque no le has gustado de primeras y, o te está probando por si la cosa mejora, o lo apunta como salida de emergencia para poder marcharse cuando no te soporte más. Y no me equivocaba pensando esta posibilidad. Por lo visto, no quiso pedir postre sino la cuenta, y se marchó nada más ver el total, dejando el importe exacto de la mitad, su parte. Ella cree que, Ibuprofeno mediante, le verá de nuevo. Se admiten apuestas.