Tengo yo, tranquilo

La clave del sexo feliz para algunos sería simplemente no tener que pagar, pero mi target es otro (espero). En realidad, creo que consiste en hacer lo que quieres y disfrutar con ello. Se me ocurre que la limitación, tras la libertad y la inexcusable higiene, la impone la seguridad, la salud. Hay que cuidarse. No se debería practicar la penetración ni el sexo oral sin preservativo. Cuando digo penetración me refiero a la vaginal y a la anal, y con sexo oral aludo tanto a la felación con preservativo como al cunnilingus con un cuadrante específico o poniendo un simple preservativo cortado por un lateral. Todos deberíamos tener claro que no es admisible que se imponga a nadie que practique el sexo oral si no quiere y, por otro lado, respeten las reglas del fair play: no es justo ni aceptable que el sexo oral lo disfrute sistemáticamente uno solo de los participantes. Desde tiempo inmemorial, se practica el sexo oral. Se han hallado referencias de ello ya en el antiguo Egipto. Socialmente se acepta que un señor le pida a su pareja que le haga una felación, sin embargo, las mujeres arrastran una especie de pudor o de vergüenza que les hace contenerse y no se atreven a pedir lo mismo.

En momentos de intimidad, los límites han de ser consensuados y fijados por ambas partes. Lo que está bien o mal, lo que se hace y cómo, y lo que no, nunca debería ser impuesto ni realizado a la brava de modo unilateral. En este sentido, no me refiero a violencia física exclusivamente sino a esa presión, a esa coacción que al final te provoca una sensación de "deber" o que esconde una amenaza soterrada de decepcionar al otro o de no estar a la altura si te niegas a hacer algo en concreto.

Existe una especie de tradición o de ley no escrita que establece que son ellos los que llevan siempre condones encima. Abran las ventanas y ventilen, por favor. Huele a cerrado. Lo primero que toda ciudadana con derecho a voto debe considerar para tener sexo es tener siempre preservativos a mano, ya sea en el bolso o en la mesita de noche.  Tampoco hace falta que le informes de que dispones de preservativos retardantes, efecto calor, especiales para alérgicos al látex, de sabor a cheesecake y de tres tallas, antes de entrar en materia, porque puede ser una forma de arruinar la magia pero, cuando llegue el momento, se le puede preguntar directamente si tiene un preservativo. Si responde que no, cabe que sea un tacaño que ni las gomas quiere pagar se los haya olvidado y no haya caído en comprarlos de camino, o que no entrase ni remotamente en sus planes terminar la noche acompañado. En ese caso, lo lógico es que saques los tuyos con naturalidad. Y he aquí, señoras y señores, al punto al que quería llegar.

En este momento, cuando ella saca de su bolso la cajita de preservativos, algunos van y se escandalizan, ponen cara de asombro, o de susto, y preguntan que cómo es que ella tiene esas cosas y no una tostadora ¿y por qué no una radial? Uno de esos bretes en que, si eres mujer y heterosexual, conviene venir genéticamente muy servidas de mucha paciencia y aguante. En efecto, Dios mío, todo el día matando tontos y siempre queda alguno. Podemos acudir al humor y responder que "son para hincharlos y decorar fiestas infantiles" o "me los encontré en la calle y los cogí". También podemos dejar caer que "mi horóscopo decía que hoy por fin iniciaría mi vida sexual ¡contigo!"... o matarlos. Pero por no desperdiciar el polvo, porque cualquier atisbo de relación con un infraser capaz de pensar así ya está abortado tras esa pregunta, también podemos zanjar el tema con un contundente y sensato: "Porque me cuido".

Y al hilo de esto, si alguno no se lo quiere poner alegando que es alérgico, que le aprietan o que no siente nada, aconsejo coger el bolso y las bragas y escapar de semejante egoísta descerebrado.

Todos los expertos en sexualidad de este milenio coinciden en recomendar que lleven ustedes siempre condones a una cita. No importa si los usan o no, ustedes llévenlos. Conste que no me patrocina ninguna marca. Recuerdo que unas amigas se iban de vacaciones a Cuba. No querían "nada" y hasta les daba corte plantearse si llevarse preservativos porque era una especie de señal de que iban predispuestas. Y eso, sería inaceptable para unas damas. En principio, me consta que no iban en plan "lobas" pero, de haber sido así, ¿qué hay de malo en ello? No veo avergonzados a los miles de europeos y norteamericanos que acuden a Tailandia o Cuba, solos o en manadas, dispuestos a financiar a las esclavas sexuales dudosamente mayores de edad.

Retomo el asunto de la cita y la conveniencia de llevar o no el bolso bien abastecido de gomas cautelares y del protocolo de cómo informar de dicha posesión al sujeto. Si en el camino al escenario del crimen su/tu casa o hacia el hotel o donde sea que planeen ustedes aparearse sin consecuencias nefastas, se da usted cuenta, querida amiga, que se ha olvidado los preservativos, le puede preguntar tranquilamente: "¿Llevas preservativos o paramos a comprarlos?". Sin más.

Leía hace no mucho una definición de cómo es y cómo se comporta una buena amante. Presten atención: "la clave, para ellos, es sentir que les deseamos y que estamos realmente excitadas. Una auténtica chica mala tiene las siguientes cualidades cuando practica sexo: es divertida, imaginativa, libre, sabe pedir lo que quiere, sabe dónde están sus límites y los transgrede cuando le apetece, no tiene complejos ni respecto a su cuerpo ni a sus habilidades, es generosa, es entregada y es lo suficientemente egoísta para preocuparse de su placer". Igual es demasiado largo para tatuarlo.