Qué no decir nunca

Captura de pantalla 2017-05-05 a las 16.56.47Momento cumbre de la semana: la cita. No voy a extenderme en la fase de chapa y pintura y demás preparativos... Me centraré en la conversación. ¿Por qué renunciar a clásicos como el tiempo, las vacaciones o la peli que viste anoche y abrir fuego con un “perdona el retraso, estaba depilándome” o “no lograba decidir lo que ponerme y me he tenido que cambiar veintitrés veces”? Con lo complicadísimo que es llegar a tener a un sujeto medianamente interesante delante, es decir, en el mundo real y no través de un chat, no lo estropees con inseguridades. Hay una serie de errores que casi todos cometemos por puro nerviosismo, por querer gustar. Sabemos que hay que evitar el dinero, la política y la religión, pero no estamos tan concienciados respecto de si otros temas crearán una brecha insalvable en la mente de ese asesino ese chico que tanto te gusta hasta que le conozcas… Hay errores garrafales que arruinan las incipientes relaciones.

Sin ánimo de enumerar taxativamente preguntas que no se deben hacer, bajo ningún concepto, aquí van algunas: "¿sabes que existen los cuadernos y los post-it y que no necesitas tatuarte cada frase chula que oyes?" “¿Con cuántas chicas te has acostado?” “¿Soy mejor en la cama que tu ex?” “¿Crees que lo nuestro tiene futuro?“ "¿Estoy gorda?” “¿Te gusta esa chica?”. Las preguntas de ese tipo son idiotas y por ende, quien las formula. Pero lo peor de todo, queridas, es que las respuestas que te puedes encontrar, quizá te hundan. “Sí, estás gorda”. ¿Te imaginas?

Soltar un “odio el fútbol”, aunque sea cierto, igual te descarta. Yo soy consciente de que como odio las drogas, no he avanzado con determinados señores que van de guays pero que se empolvan la nariz por dentro cada vez que pueden. Yo los descarto, no los quiero para nada, ya ni para la gimnasia esporádica; pero ahora también sé que ellos se niegan a estar con una mujer que, como yo, no consume, porque les jode la imagen que se empeñan en proyectar de sí mismos. Les arruino la falacia, soy ese espejo en el que no quieren mirarse porque se ven tal cual son: adictos VIP, toxicómanos de luxe. Por esto, lo de “odio…” hay que saber dosificarlo, porque algunos hacen de sus hobbies y de sus vicios una religión. Se lo digo por experiencia.

Una gran, inmensa, equivocación cagada de becaria es admitir que buscas "algo más", que esperas que esa relación esporádica sea "algo más", y se lo comentas así, sin anestesia, de primeras. No se debe decir ni dentro ni fuera de la cama. Con la que está cayendo, con este enloquecimiento generalizado de ususarios de apps de contactos, resulta mucho más inteligente dejar que las cosas ocurran y, si él te interesa, con sutiles empujoncitos, lograr que eso suceda, pero sin forzarlo. Porque ellos, por lo general, huyen del compromiso y, de asumirlo, ha de parecer un accidente idea de ellos. Nota: volver a ver El Padrino.

Llámenme antigua pero considero que no cuesta nada evitar comentarios del tipo: “Mi psiquiatra siempre me dice que mi problema con los hombres es que me obsesiono enseguida”. Alguien que no te conoce de nada, podría entrar en pánico. Así que, salvo que vayas a aderezar con cierta dosis de surrealismo el final de la frase (“tengo ya tantos secuestrados que no caben ya en el armario”), no recomiendo que empieces el escarceo amoroso con según qué clase de conversaciones. Recuerda: la sinceridad está sobrevalorada y tiende a malinterpretarse. El desconcierto y el humor, sí funcionan, salvo que des con uno que está hasta las trancas de sustancias y/o sea un garrulo, en cuyo caso, no te podrá seguir el rollo. Si a pesar de comprobar que tiene anemia neuronal, sigues adelante, allá tú con lo que te llevas a casa, bonita.

Otro tema que, en mi humilde opinión, huelga abordar, al menos en un primer momento, es el de los ex. Sean novios, maridos o asimilados, están mejor en el terreno de lo lejano, lo ya inerte, lo olvidado (aunque sea mentira, por supuesto). No quiero decir que la nueva relación se base en una mentira, pero no es ningún acierto alardear de conquistas ni airear pormenores íntimos a la primera de cambio. Por moderno que sea tu new moromo (y casi ninguno lo es en esta materia), no te va a agradecer que le facilites los felices detalles de una brillante vida sexual que compartiste con otros. Salvo que se lo cuentes a uno que es simplemente un amante pasajero, alguien que, por ejemplo, tiene esposa, prometida o novia “formal” (pero que viene a empotrarte a ti los martes por la mañana), ningún hombre al que le intereses mínimamente aceptará con deportividad saber que hubo otros y te reprochará siempre lo que otros te hicieron entre las sábanas y entre las piernas. Odio escribir esto en 2017 pero así va el tema: virgen y tonta. Así las quieren. Y no me incluyo porque yo, a esta mierda, ya no juego.

Consecuencia directa de que tú no tienes pasado, emergen las idioteces que podemos evitar. La de comparar al aspirante con un ex en plan: “Mi ex era idéntico a Brad Pitt”. Pues hija, anda a ver si le recuperas...

Un gran clásico es el de caer en la auto crítica mordaz e hiriente. Muy muy inteligente eso de echar piedras sobre el tejado propio... tampoco es. Pasamos de actuar como las Kardashian, que no tienen abuela y se auto ensalzan a pesar de ser ridículas, a las que borrachas de suero de la verdad, comparten con su nuevo posible ex la cantidad de piel de naranja que habita en sus muslos, las diez operaciones de estética que llevan encima o que está agobiada porque ha engordado tres tallas, ... Si lo que pretendes es que él te contradiga y te asegure que estás fe-no-me-nal, es que eres una insegura y será esa inseguridad lo que le tirará para atrás, no tu nueva talla.

Al hilo de esta ocurrencia se encuentra la de quienes se dedican a confesar al aspirante “todos me acaban dejando, debe de ser mi karma”. El papel de “pobrecita”, de víctima de la maldad y del egoísmo masculino, etc, funciona a veces. Y a algunas les resulta muy tentador. Lo convierten en una forma de vida. Y de tanto usar y abusar de ello, se les impregna en el ADN. Pero dejen que les cuente algo: con comentarios así, el siguiente el abandonarla será el interlocutor a quien se lo dice. Acumulará abandonos por jugar tan torpemente el rol de muchacha necesitada de rescate urgente.  

Por último, si ya has elegido el "modelo" y te lo has llevado para probártelo en casa, una cosita más: no hagas comentarios acerca del tamaño de su pene salvo que aparezca una verdadera anaconda o que aquello sea del tamaño de una manga pastelera y se te escape un “ay, dios, esto no me va a caber”. Si la tiene pequeña, curva o padece cualquier otra desgracia, querida, tú piensa que él la ama por encima de todas las cosas, que su mundo gira en torno a ese apéndice y que toda su autoestima se sostiene sobre eso que tú ahora estás a punto de criticar o, peor aún, de mofarte. ¿Le dirías a tu másmejoríntimaamiga que ese hijo que acaba de parir con dolor parece un murciélago y que te ofreces a pagarle la cirugía en cuanto tenga la edad requerida? No. Pues criticar el pene o el desempeño sexual del mismo ante el señor que lo lleva cosido, es igual, o incluso más grave.

De nada.