LumiDolls

Captura de pantalla 2017-02-28 a las 18.58.52Hará diez años que, a mi vuelta de Japón, y tras haber podido ver en un sex shop de siete plantas y con todos, insisto, todos los artilugios y juguetes que una pueda imaginar, publiqué un artículo sobre los burdeles japoneses dedicados a muñecas de silicona muy realistas, con textura casi como la piel humana, con un peso y una estatura muy parecidos a los de una mujer, de ahí lo de real dolls. Hoy, con todo el dolor de mi corazón e infinito asco, he de hacerme eco de una noticia que me ha enviado mi amigo Edu, donde se informa de que en Barcelona han inaugurado un puti con la misma temática, pero en versión cutre, según la crónica del periodista que lo firma, y que lo visitó haciéndose pasar por un cliente.

No voy a andarme con paños calientes: a mí esto, tras la aparición de Rafa Mora en la revista ¡Hola! sólo me induce a pensar que el fin del mundo se acerca peligrosamente, como ya apuntaba mi amigo Abel Arana. Dado que es mi blog, les diré que hace rato que no le encuentro la gracia a esta espiral de descenso usque ad inferos de esta nuestra ya perversa y cruel raza humana.

¿Es en serio que alguien en su sano juicio y voluntariamente paga por meter su polla en uno, dos o tres de los agujeros de 17cm que presumo infectos de cualquiera de las muñecas, orificio u orificios multivisitados y llenos de lefa eyaculada por otras muchísimas pollas en un plazo de tiempo récord? Es mi blog y es mi opinión, claro. Y por ello me permito plantearme el grado de salud mental así como el cociente intelectual de los potenciales usuarios. Y además, estoy en mi derecho de cuestionarme la seguridad para la salud de los clientes que ofrece este establecimiento, por más que recomienden utilizar un preservativo.

Espero que nadie me venga a defender que mejor que uno vaya a follarse a una muñeca que a una mujer traficada o a violar a una niña, porque eso no se cuestiona siquiera. Y tampoco querría escuchar argumentos como que cada cual hace con su polla lo que quiere y que no hace daño a nadie; o que apunten a lo complejo del deseo humano, a lo caprichoso de la excitación, a que son mayores de edad que eligen su lugar y modo de esparcimiento libremente (vamos, que si los niños van al parque a jugar con los columpios, ¿por qué los papás no pueden ir a un puticlub a meterla en un juguete alquilado por horas?); habrá alguno que defienda este business alegando que mientras le pega una paliza y tortura a la muñeca de plástico no golpean ni abusan de una persona real o que, al fin y al cabo, no se trata de sexo en pareja sino un modo bizarro y casi sofisticado de masturbarse, etc... Repito: ninguna de estas cuestiones son equiparables.

¿Saben lo único que me parece incuestionable de todo lo que leo de la web de LumiDolls? Lo de "será la perfecta sumisa" y "tú pones los límites", porque claro, sólo faltaría que el amasijo de pelo sintético y plástico encima plantara cara, discutiera, hiciera un comentario irónico, contase un chiste, exigiera su derecho de réplica o pretendiera tener un orgasmo. Obviamente, mi postura es de expresa condena de la prostitución con personas; no justifico ni relativizo ni empleo eufemismos respecto del comercio sexual. Hay quien afirma que los puteros usan el servicio para desahogarse, que en realidad van de putas para contarle a la puta sus problemas. Seguro... Por eso hay tantas esposas f-i-e-l-e-s contagiadas de sida, hepatitis, herpes, gonorrea, sífilis, condilomas, clamidia... Quédense tranquilos, que igual aquí van a echar la tarde peinándola y cambiándole el vestidito.

A estas alturas, no creo ser sospechosa de mantener posiciones retrógradas ni limitantes precisamente, pero tengo otro concepto de la higiene y de la salud sexual, de la estética incluso y, por supuesto, entiendo otra cosa por erotismo humano. Antes de llamarme antigua, o cualquier cosa peor, me permito dejar una pregunta en el aire: ¿estarían felices sabiendo que su padre, su hermano, su novio o su marido acuden a un establecimiento y pagan por follarse a una muñeca?

 

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