Estrellas de mar

941107_490017081068263_990386891_nEn esta especie de "pregunten lo que les dé la gana" en que se convirtió hace un siglo mi email, bueno, mi correo y mis cenas, mis conciertos, mis copas, mis llamadas de teléfono, recibo la siguiente consulta:
"Llevo años esforzándome sexualmente y siendo rechazada día tras día, me rindo con mi marido. Su idea de cómo "empezar" se limita a preguntarme bruscamente si me apetece follar. Él dice que está satisfecho con nuestra vida sexual -una vez cada diez semanas- pero yo digo que eso no es una vida sexual. ¿Qué puedo hacer ahora?"

Todos hemos salido con personas que se colocan boca arriba en posición estrella de mar y dan por hecho que el otro hará todo el trabajo. Ante semejante actitud (¿Desinterés? ¿Pereza? ¿Falta de libido o de un hervor? ¿Seré yo que tengo "fiebre"?...), te toca tomar la iniciativa, proponer que probéis cosas nuevas y currártelo para que sea especial. Eso, después de dos años, siendo muy generosa, acaba cansando a cualquiera y terminas dimitiendo como "sex planner" y nombrándole a él como nuevo D.G. del Sex Area.
Si la otra parte no toma el relevo, como suele suceder, al haber dejado tú de inyectar dosis tremendas de dedicación e imaginación al asunto, la vida sexual de la pareja entra en fase de declive y la pasión rodará ladera abajo. (Nota: Hay que analizar el grado de pereza de la otra persona porque seguramente se reflejará en la esfera de lo íntimo y sexual).
Si no estás tirándote ya a alguien o si no os habéis separado aún, lo que procede es que te sientes con tu marido a hablar sin utilizar armas blancas o de fuego, y que le expliques sin acritud lo infeliz que te sientes. Deberías tener bien pensado antes lo que le vas a decir porque, tras soltar la bomba, es imprescindible que le digas bien clarito y con ejemplos en una pizarra lo que él debería hacer para que tú te sintieras satisfecha, contenta y realizada: cómo te gustaría que él rompiera el hielo, cómo quieres que se comporte, lo que te gusta que te haga una vez estáis en faena y lo que preferirías que dejara de hacer. Piensa que a muchos les cuesta asumir sus fallos y son demasiado orgullosos como para pedir indicaciones. Otros, como decía antes, esperan que seas tú la que haga absolutamente todo el trabajo. Aunque en el fondo sólo te apetezca insultarle, llorar o gritar, procura comenzar con comentarios positivos, y avanza desde ahí.