Los vibradores, ¿amigos o enemigos?

Captura de pantalla 2016-09-13 a las 18.02.39Lo que voy a afirmar aquí hoy puede provocar que un fabricante de vibradores me meta en un tanque de cemento y me arroje a algún río que aún no se haya secado. Sería una pena y además una injusticia porque, en el fondo, este artículo sólo viene a promocionar una acreditada efectividad y a aplaudir la inmensa felicidad que proporcionan estos aparatos a las mujeres. Sin embargo, en muchas ocasiones, durante conversaciones, leyendo artículos y libros especializados, emerge una sombra: el miedo que los hombres sienten a la hora de introducirlos en las relaciones, o incluso, los celos y la desconfianza, la incomodidad que manifiestan respecto de que sus novias-esposas, los empleen en su intimidad para masturbarse.

Dejen que les plantee mi punto de partida. La tesis incuestionable: Las adicciones son malas pero fáciles de adquirir. Y los hábitos, repetidos muchas veces, pueden degenerar en obsesiones, fijaciones y dependencias. Y ahora, la cuestión: ¿los juguetes sexuales, una vez incorporados a las relaciones, se convierten en imprescindibles y pueden arruinar el sexo?

Por si alguien aún no ignora, les informo que un vibrador es el modo más fácil y rápido de conducir a una mujer al orgasmo. Esto explica por qué nos enganchamos a ellos nada más probar uno decente. La razón es que él solito te lleva al cielo en cuestión de unos pocos minutos, sin desilusiones y sin esfuerzo. Todo el trabajo lo hace un aparatito mecánico que no se queja, no se cansa, no necesita cambiar de postura, no te miente, no te insulta, no se va con otra, no se queda dormido si tú no lo apagas, no ronca, y ofrece doce niveles de vibración y doce velocidades, es sumergible, con textura piel, etc. Es por ello que muchas se habitúan a pasar por el dormitorio cada vez que se preparan un café (lo cual puede ser un problema añadido, porque esta afición puede llevarte a tomar ocho tazas al día).

Ahora muy en serio: si una mujer utiliza el vibrador con tantísima frecuencia puede, de un modo temporal, anestesiar y reducir la sensibilidad de sus genitales -lo que se traduce en que si tu pareja trata de estimularte, no lo vas a notar demasiado y te costará horrores alcanzar el orgasmo con él, si es que finalmente lo logras-. De ahí que muchos hombres tengan razón al temer inconscientemente a los juguetes sexuales: no es que rivalicen con sus penes en sentimientos y aspectos emocionales, ninguna siente "amor" por su vibrador aunque puede llorar cuando se queda sin pilas, pero sí que estos cacharros les ponen el trabajo mucho más complicado al simple human lover. Además, si se piensa, si una dama está teniendo ocho orgasmos al día, será  más que improbable o sorprendente que le quedasen fuerzas o energía para quedar con su pareja, y no digamos ya para intentar algo más. Por otro lado, muchas parejas cuantan con los juguetes como sus grandísimos aliados. Los emplean porque con ellos logran completar las relaciones. Precisamente, gracias a la utilización de cualquiera de los incontables modelos de vibrador, puesto que aguantan lo que haga falta, hasta lograr la estimulación total, y se consigue el orgasmo de las que precisan algo más de tiempo. El vibrador media entre ambos, reduce ansiedad y tensiones, ahorra esfuerzo de la pareja... Como aliado es mejor que el primo de Zumosol.

Como con casi todo, la ilusión de los nuevos juguetes se desvanece al poco tiempo, y antes de darse cuenta, habrá reducido la frecuencia a uno -vale, quizá dos- orgasmos al día, como mucho. La única manera de que esto pudiera tener un efecto negativo o adverso respecto a las relaciones sexuales con la pareja, es que el cerebro femenino se acostumbre a tener orgasmos exclusivamente mediante este tipo de estimulación. Si todos sus orgasmos se desencadenan mediante un estímulo de vibración, su cerebro empieza a establecer una misma respuesta nerviosa una y otra vez, y muy posiblemente, empezará a creer que esta es la única forma de alcanzar el orgasmo, de modo que se producirá cierta confusión cuando el estímulo provenga de los dedos, de la lengua o del pene de una pareja, ya que no los reconocerá y los tomará, por así decirlo, como impostores.

La recomendación para no crear costumbre es alternar las formas de masturbación y, por consiguiente, de obtención de orgasmos. Se debería alternar la de vibrador con la estimulación con los dedos, el sexo oral y la penetración (si es que tienes una pareja con pene). Así es seguro que el sexo no se verá afectado negativamente por la efectividad y rapidez de los vibradores. Se hará un poco consentido y malcriado, pero no será un desastre.