Sin prisas

Captura de pantalla 2016-08-25 a las 21.58.47Me pasmo ante la sacralización de la flaccidez hecha mujer millonaria que regatea por unas bragas en un mercadillo que está perpetrando Mediaset para promocionar el segundo (y espero que último capítulo) de Las Campos. Aún no se ha emitido: ¿acaso NO van a hablar de moda como NO hicieron acerca de las dietas en el previo? Confusa y desorientada me hallo ante la evolución de la moda actual. No logro enterarme de qué debería comprar, ante la proliferación de colecciones y la coexistencia del saldo y las rebajas con la "Nueva temporada" y la colección de continuidad. Quizá debería consultarle a Sara Carbonero si ella tuviera idea de lo que dice en ese programa donde hace un papel ridículo. Pero aunque de aquello no tenga, sí que tiene la suerte de ser muy guapa y por tener tiene hasta un marido futbolista. Lo de la moda en cuanto a ropa da muy igual, realmente, porque he comprendido que lo que se lleva este verano es polemizar acerca de si burkini sí o burkini no. Porque intuyo que lo que esconde el debate que se representa con dos jugadoras de vóley (una, alemana, en el traje dos piezas, tipo bikini deportivo, y la otra, egipcia, tapada completamente, con manga larga, pantalón largo y cabello cubierto por la pañoleta esa, el hijab), o por esos titulares demagógicos acerca de "Cirugía estética de Primer Mundo vs Burka de las musulmanas", es el cada vez más profundo rechazo por los musulmanes (a todos en general, porque de modo ignorante generalizamos y confundimos musulmanes con terroristas islámicos). Y la raíz de ese rechazo es el pánico.

Pero fíjense que a mí lo que me aterroriza especialmente es la última moda en terrorismo: el hit del verano consiste en mandar moritos de 12-14 años con un cinturón de explosivos a inmolarse en un lugar concurrido (como una boda) y dejar tras sí un reguero de muertos "infieles" o al menos, intentarlo. Y aquí, me autocensuro. Con lo fácilmente que me enamoro yo de mi prosa irreflexiva, hoy opto por no publicar lo más gordo y ahora no me estoy refiriendo a los brazos de Terelu. Hablo de las opiniones que de modo natural y sincero dieron ante mí hace unos días muchas personas acerca de los ataques terroristas y del miedo que, con la viralidad de una pandemia, se ha extendido entre europeos y norteamericanos, CON RAZÓN. Un miedo incontrolado e instintivo que sólo se explica de un modo: se están dedicando a matarnos. Y aquí lo dejo. Les confieso que, escribiendo este post, he estado tecleando durante un buen rato *para nada porque al final no lo voy a publicar para evitar represalias. Las que vengan de criticar ese espanto de reality con ínfulas, Las Campos y las que tienen que ver con unos que incitan a matarnos envenenado el agua, con camiones, con cuchillos, de uno en uno o en masa, volando un aeropuerto o una estación... Pues eso. En efecto: me he muerto y, gracias a Dios, al mío, solo es de miedo.

Me llega un correo con la siguiente consulta: "Llevo seis semanas con mi pareja y puedo afirmar que el sexo es estupendo pero él está empezando a sugerir que hagamos cosas un poco fuertes, y aunque a mí me apetece mucho probar, preferiría esperar un poco. ¿Estoy siendo imbécil?"
No. El sexo al comienzo de la relación normalmente se mueve de modo espontáneo por pura lujuria y entusiasmo (y si no es así corta mientras estás a tiempo). Por eso, coincido contigo y me parece muy sensato que esperes un poco hasta conocer mejor a esa persona. Lo primero, porque se necesita confiar en la pareja a la hora de intentar posturas y prácticas, digamos, innovadoras o algo distintas (y ya no digamos si se busca alguna clase de práctica parafílica o extrema), y la confianza como la celulitis llega con el tiempo. Después de todo, tampoco queremos encontrarnos con un vídeo nuestro en internet, cortesía de esa cámara que ha escondido en su cuarto y sobre la que ha olvidado comentarte nada, ¿verdad? Segundo, el carácter novedoso de la relación debería ser suficiente afrodisíaco en esta fase inicial. Un buen momento para ir in crescendo respecto de lo anterior es cuando las hormonas del amor empiezan a desvanecerse, y ello no debería suceder hasta dentro de unos cuantos meses. Cuando eso suceda, quizá conozcas mejor a esa persona y ambos estaréis abiertos a experimentar cosas nuevas, lo que se traducirá en que vuestra vida sexual continuará siendo fabulosa. Sin prisas, vamos.