Los hombres no cambian

Captura de pantalla 2016-07-28 a las 11.54.44Con el calor y por mi notoria falta de criterio a la hora de manejar el mando a distancia, estoy pensando todo en rato en los grandes dramas televisados que protagonizan estos días, sin querer, María Palacios y Alba Carrillo. La primera, sin conocerla, me da una pena tremenda. Dicen que es una chica muy fuerte, muy sensata y con las cosas muy claras. A ver cómo sale de ésta... Me recuerda a un par de ex aminemigas, abandonadas, ambas, de un día para el otro por sus ahora ex cuando estaban en su sexto mes de embarazo; así, tal cual, sin mediar pelea ni bronca... Por ellas dos, y a poco que reflexione, intuyo que no hay peor momento para que sean hijos de puta contigo que cuando te han preñado y han transcurrido las semanas de embarazo suficientes como para que no haya marcha atrás. Te dejan cuando ya sólo te queda correr en un sentido, siguiendo el cartel de "paritorio". Y el caso de esta chica, de la pareja de Alessandro Lequio, encima, se complica día a día, conforme las mujeres que PRESUNTAMENTE se han tirado a tu amado aparecen hasta debajo de las tapas de los yogures. Y tú con esa tripa no estás para ir matando Pokemons... Un poco como le pasó a Irene Rosales, la de Paquirrín, quien estando embarazadísima tuvo que ver y oír detalles y pormenores de las andanzas de su pareja ese chico tan guapo al que amó a primera vista y al que eligió de entre los sintecho de la zona. Pues eso, a callar y a aguantar mordiendo un trozo de cuero, porque ésa es otra... Encima, con un bebé en camino, tampoco te puedes dar al tequila, a los ansiolíticos ni a todas esas sustancias que te ayuden a sobrellevar el momentazo. Porque, mira, si te enteras un poco antes... le mandas a tomar por culo y a otra cosa. Sin un hijo en común, te olvidarás del sapo que nunca fue príncipe y no tendrás el yugo de mantener el vínculo de por vida con ese tipo.

Y respecto de la otra, soy de las que opina que, en realidad, el subtexto del drama de Alba es justo lo opuesto: se maldice por no haberse preñado con la suficiente celeridad; una pensión alimenticia menos. Pero vamos, motivos para llorar le sobran a Lágrimas Negras. Yo ya estaría con medicación sólo de pensar en que Feliciano no me va a empotrar más por poco que la empotrase, según ella se queja (vendetta chunga de Puerto Urraco eso de sembrar dudas acerca de la potencia masculina). Se le ha escapado El Chulazo de los chulazos. Me imagino a las miles de ex's del tenista descojonadas viéndola argumentar en pijama, rodeada de hermanastras televisivas, toda esa mierda retrógrada de que la culpa de los cuernos era de las "señoritas, por llamarlas de alguna manera". Tócate los cojones maricarmen. Y más que se van a reír cuando, pasada la noche de estreno y de vomitona lacrimógena de Hable con Ellas, se ponga de manifiesto que esta chica poco o nada puede aportar, los datos de la audiencia sigan famélicos y la modeli de tercera tenga que regresar al INEM. Claro que, apuesto que, para entonces, se habrá convertido en una versión de BelénEstebanMadreCoraje escolarizada o ya tendrá otro novi del circuito VIP y estará negociando su próxima exclusiva.

Yo lo único que me pregunto es cómo aún hay señoras tan ingenuas, o tan imbéciles, o tan poco leídas, o tan mal educadas en falsas premisas de romanticismo y de rivalidad entre "hembras", que se creen que van a logran cambiar al chulo de turno. Supongo que algunas mujeres se creen superiores a las demás, están convencidas de que son especiales, mejores, que ellas sí que reúnen lo que "él necesita" para convertirse en la persona que no es. Van por la vida pensando que su coño vale un potosí* No sé. Yo hace rato que aprendí, entre otras lecciones, todas grabadas a base de derramar litros de lágrimas y de beberme hectolitros de todos los licores destilados que se comecializan en el hemisferio Norte, que los hombres no cambian, y si lo hacen, es a peor. Que ninguna mujer es mejor o peor que la otra; sólo tiene la "suerte" envenenada de pillarle en un momento amable; pero ojo, que es sólo una racha, una temporada. Eso, dure lo que dure, que siempre es poco, es todo lo que tendrá. No hay que creer en los "para siempre". Simplemente, si te la juegas y decides disfrutar y vivir el momento, sepas que vas a llorar sangre por cada instante de felicidad que él te dé. Esa felicidad efímera se convertirá en un dolor agudo y lacerante, multiplicado por mil y con el signo menos delante, para que llegues al infierno y te instales en él.

Las que aspiran a disfrutar del plan de jubilación con este tipo de hombres deberían saber que, antes o después, pagarán un alto precio por ser la novi, la esposi, la que sonríe desde las página de couché de esa revista que semanalmente dignifica lo indigno y ensalza lo más rastrero de la sociedad.
Posarán vestidas de alta costura junto a su macho indómito sabiendo o a punto de saber que les han borrado los cuernazos con photoshop para que la mentira quepa en la portada. La prensa y los programas irán desgranando los desvaríos de ambas partes, por entregas. Ellas, pobres, a pesar de que pudieran intuirlo, se quedan con el corazón roto, la mente desnortada y, en estos casos, además, sufren por la humillación pública y al comprobar que, efectivamente, la engañada es la última en enterarse. Asqueroso todo: infidelidad, deslealtad, traición y hasta conspiración en la sombra de todos los que, llamándose amigos suyos, conocían y encubrían a este señor para que siguiera tirándose todo lo que se movía mientras ellas ilusas, se creían súper felices y súper correspondidas. No me extraña que por despecho Maite Zaldívar se chivase de las bolsas de basura.
Llámenme cínica pero es que yo me pregunto que por qué se empeñan en ponerle el cascabel al gato, quiénes se creen que son estas tías para pretender siquiera convertir a los tigres en mininos.

Les dejo un fragmento del libro de Salima Ghezadi "Los amantes de Sherezade". Una que sí que era bien "jefa".

El hombre imaginaba ya tener el cuerpo de la bella mujer en sus manos. Palpaba y magullaba la delicada piel ignorando la fragilidad de las curvas.
-Yo puedo iluminar tus noches...
Sherezade lo interrumpió con un gesto elocuente.
-No te confundas, soberbio semental. ¡Si pretendes, como El Mutanabbi, merecer el título de príncipe, no te bastará con piafar y sacudir tus crines! Llevo los esplendores del pasado grabados en cada una de mis fibras. Por las noches sueño a menudo que estoy en la Bagdad del siglo IX... Cae la tarde y vago por torrenciales callejones que arrastran diariamente a casi un millón de personas. Camino entre sus oratorios, sus moradas principescas, y me entretengo en las tiendas que se desmoronan bajo el peso de las riquezas del mundo entero. Me recreo en los innumerables hammans y salgo empapada como una reina para cruzarme con poetas, comerciantes, soldados y aventureros de todas las culturas.
No, no te confundas. Pues no tengo nada que hacer con un hombre envanecido por la gloria de sus ancestros, pero cuya prestancia lleva ya los estigmas de la putrefacción. Debes saber que antes de que el sol se levante sobre la decrepitud de los tiempos presentes, yo puedo reconocer las cualidades del amante y el maquillaje del bufón. Si no tienes nada que declamarme, Salah, sigue tu camino, en él te cruzarás sólo con cortesanas.
-¿De dónde te viene tan cruel arrogancia, mujer impúdica? -exclamó el otro-. ¿Acaso desconoces que el valor de un hombre se mide por su nassab? ¿QUe la gloria de los antepasados se vierte sobre su descendencia y que la debilidad de hoy es pasajera? ¿Quieres avergonzarme tú, que vas desnuda, porque mis enemigos son numerosos y mis hermanos traicionan sus orígenes? Si insistes en deshonrar a los tuyos, sería mejor que escucharas estos versos, que casan perfectamente contigo:
Vuestros truenos, vuestros relámpagos / vuestras amenazas de muerte hallan sordos mis oídos / ¿Bajo qué pretextos, ¡oh, gente sin mayores!, / osáis acusarme, vosotros, a quienes señalan con los dedos?

Cuando el hombre acabó su declamación, Sherezade se encogió de hombros con tristeza.
-¡Pobre Salah! No has entendido nada. ¡Y eres tú el que pretende defender de la gloria de nuestros ancestros! Te he pedido que me sedujeras con tu poesía y exiges que me contente con tus aburridas repeticiones. Amarte sería como tender un tálamo nupcial sobre una tumba. Me preguntas de dónde viene mi crueldad ¡y no ves que es tu superficialidad la que la inspira! Nuestros niños matan y mueren llenos de rabia y de odio. Hombres y mujeres se prostituyen desde Bagdad a Argel. La brutalidad y la impostura reinan por doquier. ¡Y tú quieres que te ame a ti, cuya ceguera se duplica con tus balandronadas!

Poco antes del alba Sherezade cerró su libro. Tampoco esta vez había encontrado ese amante de ensueño con el que compartir el peso de un día que se desgarraba sobre la infelicidad de los humildes.

Recuerden: Salah y los otros infraseres son para usar, disfrutar y tirar, pero nos autoengañamos y los sobrevaloramos. De nada.

Sigan odiándome.