No pesan los años

Captura de pantalla 2013-02-10 a las 11.02.29Confieso que aún me enfada tener que escuchar unas tres veces por semana como mínimo lo de "Y tú, ¿no has tenido hijos?", dicho a veces con pena y otras con tono de acusación; ya casi no me dan ganas de disparar reacciono cuando me interpelan con el erróneo discurso de "¿Por qué no te gustan los niños?", como si no me gustaran o como si por no gustarme, que estaría en mi perfecto derecho, yo me convirtiera en peor persona o en una mujer de segunda.

Hoy no voy a destinar mis velas negras mi denuncia a esta asquerosa y tercermundista forma de discriminar a las mujeres. Este post apunta a otra, igual o peor. Tiene que ver con utilizar la edad como insulto. En Supervivientes, escucho a Suso gritar, hecho un energúmeno peligroso, a Yola que, "con casi cincuenta tacos, a punto de la menopausia" sea capaz de decir o hacer no sé qué cosa. Y nadie de la productora, ni siquiera otras mujeres concursantes, le reprenden. No he visto en toda la edición que se insulte al concursante masculino de más edad por razón de su pitopausia.

Supongo que la situación gatillo de mi protesta fue la escena que vi ayer mismo. Igual que hay quejas por que las dependientas despachan con escasos miramientos a las chicas con sobrepeso, he de denunciar que ante mí, varias dependientas ignoraron y menospreciaron a dos señoras de pelo cano que decidieron aventurarse en uno de esos establecimientos de ropa y complementos baratos donde suena la música a un volumen que ríete tú del DC10. Ahí estaban las dos, tratando de que alguien les respondiera a algo que no alcancé a oír. Eran potenciales clientes por la razón que fuera (buscaban un regalo para sus nietas, querían actualizar su vestuario, estaban averiguando si los estampados quedan tan mal puestos como una intuye simplemente al verlos, no sé...), y las dependientas pasaban de ellas.

Vaya por delante que, a nivel mío, personal, hace ya mucho que asumí la evidencia: las dependientas de este tipo de tiendas de moda son más jóvenes que yo. Asumido. Perfecto. Son chicas menores de veinte y muy impactantes. Lo llamativo, para mí, es que logren hacer vida "normal" con un léxico que no excede los trescientos vocablos, que alegremente combinan de forma aleatoria y sin respetar una sola norma de gramática y sin tragarse el chicle. Por otro lado, salta a la vista que lo llevan todo puesto (extensiones, tatuajes, uñas de gel, pestañas postizas, rellenos faciales y prótesis mamarias); salen así a las 8h de sus casas para pasarse 12 horas doblando camisetas y perchando vestidos y desenredando las etiquetas de prendas que se acumulan en montañas. Por la tienda, más que andar, corren, sea en época de rebajas o durante la temporada normal; van con actitud de tener mucha prisa y, en esa urgencia que sólo está en su cabeza, lo mismo te arrean con las perchas, que te quitan de en medio de un empujón o que te atropellan con un burro. De la mera observación de sus gestos, de sus expresiones, de cómo al interactuar -no ya conmigo, que las fulmino con una simple subida de ceja, sino con cualquiera,-, concluyo que resultan hirientes para toda mujer mayor de 28.

No hace mucho, manejé para un post el manual "Menopausia. Guía para disfrutarla" de la doctora Isabel Serrano Fuster. Lean, por favor, este fragmento:

"Entre las múltiples frases que circulan en Internet y que convulsivamente nos mandamos unas a otras cincuentonas en relación a las ventajas de llegar al medio siglo, hay dos que me han hecho gracia:   
No temes los batacazos en el largo y difícil camino de la vida... casi todos ya te los has dado.
Tu rotación de neuronas activas llegó, por fin, a una cantidad manejable. Es una forma de decir que entramos en una fase de madurez, en la que somos capaces de dar importancia a aquello que realmente la tiene y que podemos disfrutar de una vida más armoniosa y serena porque hemos adquirido la experiencia, la paciencia y la sabiduría que aporta la resolución de los conflictos que irremediablemente se han ido cruzando en nuestro camino. Y el que muchas de nuestras neuronas ya hayan envejecido y muerto, a veces a una velocidad nada desdeñable, tiene también su lado bueno. Sí, quizá empecemos a olvidar algunas cosas y no tengamos la agilidad mental de cuando éramos jóvenes, pero por el contrario se acabó la efervescencia, con sus dosis de agitación, que tuvimos en décadas anteriores".

Mientras espero mi turno en la fila de la caja, veo que las dos ancianas se marchan sin comprar nada. Las dependientas se miran entre sí, las siguen con la vista, y se ríen de las señoras. No pretendo averiguar la causa de ese desprecio que supuran, porque seguro que concurren varias (la pésima calidad de la ESO, las drogas, la falta de educación y de modales atribuibles a unos padres negligentes, pertenencia a una generación carente de inteligencia empatía, etc.). Respiro hondo mientras aguardo a que me cobren. Estoy convencidísima de que no pesan los años, sino el ser gilipollas, y me felicito, me congratulo, me aplaudo por no haber parido a alguien que tenga que compartir planeta con acémilas semejantes y, como aquella victoriosa Kathy Bates en Tomates verdes fritos, tranquilísima porque su seguro lo cubre todo, saco mi VISA y pago sin miedo una cifra que seguramente supera su sueldo mensual, el de ambas juntas.